El bufete

Borja Martínez-Echevarría · Capítulo 48 de 66

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El bufete

Capítulo 48

 

Alberto salió del despacho cuando faltaban diez minutos para las dos. El abogado solo pudo ver de refilón la cara de cordero degollado que tenía Cristóbal. Ahora estaba él solo. Se las tendría que ingeniar para lograr la llave, pasarles el código de diez dígitos y devolver el llavero a su legítimo dueño sin que se diese cuenta.

El apartamento de Berta no estaba muy lejos de la oficina y decidió ir a pie. Llegó a las dos y cuarto, pero la periodista estaba ya arriba. Ella abrió la puerta. Se sentía extraña. Los nervios empezaban a aflorar. Alberto esperó de pie a que ella volviese de la cocina. Una pequeña mesa de estudio con dos sillas plegables era el lugar donde esperarían la llamada de Cristóbal. Se sentaron. No sabían muy bien qué decir.

—¿Has visto a Cristóbal? —preguntó Berta.

—Está como un flan.

—Como para no estarlo.

La conversación no era fácil. Los ojos de Alberto se alternaban entre la pantalla del ordenador y el móvil. No quería sorpresas como falta de cobertura o algo por el estilo. Cuando Cristóbal les diese la clave, tendrían una hora para buscar el documento, comprobar que delataba a Nicolás, imprimirlo y cerrar la sesión. Si Nicolás trataba de entrar en su ordenador y ellos estaban conectados, sabría que alguien estaba jugando sucio. Y sus ojos recaerían en Alberto.

—¿Por qué haces esto? —preguntó Berta rompiendo el silencio. Alberto no supo muy bien qué contestar. Lo mismo se había preguntado él desde el primer momento. Hubiese sido más fácil no atar cabos y dejar que se sucediesen los acontecimientos. Parecía que GlobalHerz iba a conseguir hacerse con Petrospaña y él hubiese aparecido en el equipo de los ganadores. Pero su hambre de ser un abogado de negocios no impedía oír la voz de su conciencia. Cada vez que se preguntaba por qué hacía aquello, la fuerza de su respuesta se debilitaba.

—No lo sé. Quizá porque creo en la Justicia.

—Muy bonito —dijo Berta con cierta ironía tratando de rebajar la tensión.

Los minutos pasaban. ¿Cómo estaría Cristóbal?