El emblema del traidor

Juan Gomez Jurado · Capítulo 31 de 67

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El emblema del traidor

Capítulo 30

De nuevo la voz de Keller.

–La tercera prueba es la del fuego. Es la chispa del Creador, y lo que nos impulsa.

Unas manos le obligaron a girar el cuerpo y luego a avanzar. El que le sujetaba se acercó mucho, como si quisiera abrazarle.

–Delante de ti hay un círculo de fuego. Da tres pasos atrás para tomar impulso. Extiende los brazos frente a ti. Luego corre y salta hacia delante con todas tus fuerzas.

Paul comenzó a notar un aire cálido en el rostro, que estaba secando su piel y sus cabellos. Escuchó un crepitar siniestro, y en su imaginación el círculo ardiente comenzó a cobrar unas dimensiones desproporcionadas, hasta convertirse en la boca de un inmenso dragón.

Mientras daba tres pasos hacia atrás, se preguntó cómo podría saltar a través de las llamas sin abrasarse vivo, y confió en que la humedad de sus ropas le protegiera si pasaba demasiado cerca del fuego. O peor aún, si calculaba mal el impulso y se daba de bruces con él.

Sólo tengo que trazar una línea en el suelo y saltar desde ella, fue el único pensamiento coherente que fue capaz de conjurar.

Intentó visualizar el salto, imaginarse a sí mismo zambulléndose en el aire como si nada fuese capaz de hacerle daño. Hizo fuerza con las pantorrillas, flexionó y estiró los brazos. Lanzó tres zancadas hacia delante.

Saltó.

30

Notó el calor abrasador junto a las manos y la cara mientras estaba en el aire, incluso el siseo de su camisa cuando el fuego evaporó parte del agua que la empapaba. Cayó de manos en el suelo y se palpó el rostro y el pecho, buscando señales de quemaduras. Aparte de los codos y rodillas magullados, no había nada.

Esta vez no le dejaron siquiera ponerse en pie. Se vio alzado como un saco tembloroso, y arrojado dentro de un angosto espacio.

–La última prueba es la de la tierra, a la que tenemos que volver.

No hubo consejo de su guía ni mayor ceremonia. Tan sólo escuchó el ruido de una piedra taponando la entrada.

Palpó a su alrededor. Estaba en una estancia reducidísima, donde no era capaz de ponerse de pie.

Acuclillado como estaba notaba el contacto de tres paredes y, estirando un poco el brazo, podía tocar la cuarta y el techo.

Tranquilo, se dijo. Esto es el final. Dentro de unos minutos todo habrá terminado.

Estaba intentando regular su respiración cuando de pronto escuchó cómo el techo comenzaba a descender.

–¡No!

Apenas aquella palabra salió de sus labios Paul se los mordió. No podía hablar durante ninguna de las pruebas, ésa era la norma. Se preguntó fugazmente si le habrían oído desde fuera.

Intentó hacer fuerza con los brazos para detener el descenso, pero en la posición en la que se encontraba apenas podía contrarrestar el enorme peso que avanzaba sobre él. Empujó con toda su alma, pero era inútil. El techo seguía bajando, y pronto tuvo que apoyar la espalda contra el suelo. Aún era capaz de hacer menos fuerza en aquella postura.

Tengo que gritar. ¡Decirles que PAREN!

De repente, como si el tiempo se hubiera detenido, un recuerdo cruzó por su cabeza. Una imagen fugaz de cuando él era un niño que regresaba del colegio con la inexorable certeza de que recibiría una paliza al llegar a su casa. Cada paso que daba le acercaba más a lo que más temía. Ni una sola vez se había dado la vuelta. Hay elecciones que, simplemente no son tales.

No.

Dejó de empujar el techo.

Al mismo tiempo, éste comenzó a ascender.

–Que dé comienzo la votación.

Paul estaba de pie, agarrado de nuevo al guía. Las pruebas habían terminado, pero aún no sabía si las había superado. Había caído como una piedra en la prueba de aire, en lugar de como le habían ordenado. Se había movido durante la prueba de agua, a pesar de que estaba prohibido. Y había hablado durante la prueba de tierra, la falta más grave de todas.

Comenzó a sonar un ruido, semejante al agitar de un bote con una piedra dentro.

En el libro había aprendido que en ese momento todos los miembros presentes de la logia estaban dirigiéndose al centro del Templo, donde habría una caja de madera. En ella echarían una bola de marfil -blanca si