El emblema del traidor

Juan Gomez Jurado · Capítulo 50 de 67

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El emblema del traidor

Identificado Cadáver Misterioso

Jürgen, harto de esperar a que despertara, carraspeó varias veces. El barón parpadeó y finalmente enderezó la cabeza. Se quedó mirando fijamente al joven, pero si hubo sorpresa o miedo sus ojos no lo reflejaron.

Jürgen reprimió su decepción.

–¿Sabes, Otto? Durante mucho tiempo me esforcé muchísimo por ganar tu aprobación. Claro que a ti eso no te importaba lo más mínimo. Tú no tenías ojos más que para Eduard.

Hizo una breve pausa, esperando una reacción, un movimiento, algo.

Pero sólo obtuvo la misma mirada de antes, atenta pero gélida.

–Fue un enorme alivio enterarme de que no eras mi padre. De repente fui libre para odiar al cerdo cornudo y repugnante que me había ignorado durante todo aquel tiempo.

Tampoco los insultos produjeron el más mínimo efecto.

–Luego tuviste el ataque, y nos dejaste a mi madre y a mí por fin en paz.

Pero como todo lo que has hecho en tu vida, quedó a medias. Te he dado demasiado margen para corregir ese error, y hace tiempo que meditaba cómo quitarte de en medio. Mira tú por dónde… hay alguien que podría ahorrarme la molestia.

Tomó el periódico que traía bajo el brazo. Lo sostuvo frente a la cara del viejo, a una distancia suficiente como para que pudiera leerlo. Mientras, él iba recitando de memoria el contenido del artículo. Lo había leído una y otra vez durante la noche, anticipando el momento en el que el viejo lo leyese.

IDENTIFICADO CADÁVER

MISTERIOSO

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Munich (Redacción). El cadáver desconocido hallado la semana pasada en un callejón cerca de Hauptbahnhof ha podido ser identificado al fin por la policía. Se trata del antiguo teniente de marina Clovis Nagel, quien tenía desde 1904 una cita pendiente con un consejo de guerra tras desertar de su puesto durante una misión en África del Suroeste. Aunque había regresado al país con nombre falso, las autoridades pudieron identificarlo gracias al gran numero de tatuajes que cubrían su torso. Por el momento no se conocen más detalles sobre las circunstancias que rodearon su muerte, que como recordarán nuestros lectores, se produjo al caer desde una gran altura, probablemente empujado. La policía ha recordado que cualquier persona que tuviese contacto con Nagel es sospechosa, por lo que ruegan que quien posea información lo ponga en conocimiento de las autoridades de inmediato.

–Paul ha vuelto. ¿Verdad que es genial?

Por la mirada del viejo barón cruzó un destello de miedo. Duró apenas unos segundos, pero Jürgen lo saboreó como si fuera la gran humillación que en su mente retorcida había imaginado.

Se levantó y fue hasta el cuarto de baño. Tomó un vaso y lo llenó hasta la mitad bajo el grifo. Luego volvió a sentarse junto al barón.

–Sabes que ahora vendrá a por ti. Y supongo que no querrás ver tu nombre en los titulares, ¿verdad Otto?

Jürgen sacó del bolsillo una cajita metálica, no más grande que un sello de correos. La abrió y extrajo de ella una pequeña pildora de color verde, que dejó sobre la mesa.

–Hay un nuevo departamento de las SS que está experimentando con estas preciosidades. Tenemos agentes por el mundo, gente que en un momento dado tiene que desaparecer sin ruido y sin dolor -dijo el joven, omitiendo el hecho de que la segunda parte aún no se había conseguido-.

Evítanos la vergüenza, Otto.

Tomó su gorra y se la caló de nuevo. Caminó hasta la puerta y al llegar se dio la vuelta. Vio a Otto adelantar su mano izquierda hasta la pastilla y sostenerla entre los dedos, con un rostro tan inexpresivo como el que le había dedicado a Jürgen. Después la mano ascendió hasta la boca en un viaje tan lento que el movimiento era inapreciable.

Jürgen se marchó. Por un instante el joven estuvo fuertemente tentado de quedarse a ver el espectáculo, pero era mejor ceñirse al plan para evitar