El mozárabe

Jesus Sanchez Adalid · Capítulo 110 de 120

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El mozárabe

Epílogo

–Sí. Pero ¿por qué ahora? Los calendarios son sistemas arbitrarios, convenciones humanas que nos permiten determinar en qué fecha nos encontramos. Pero el tiempo, considerado en sí mismo, ¿qué es? Mil años es sólo un tiempo que se halla entre el tiempo de los hombres y la eternidad.

El ave nocturna volvió a emitir su llamada, como un pausado quejido, y un rumor lejano de agua llegaba desde los montes.

Epílogo

En un pueblo del Algarve portugués, llamado Tavira, se conserva un epitafio fechado en el año 999 que hace referencia a la sepultura de un obispo mozárabe que posiblemente iba navegando, de regreso a Alándalus, en un barco procedente de la costa gallega, cuando le sobrevino la muerte. La estela dice que el tal obispo se llamaba Juliano.

A finales del 1002 se recibió en Roma una crónica de un clérigo hispano, a la que se ha llamado Burguense, que fue entregada al papa Silvestre II (Gerberto de Aurillac). En ella decía que «cerca de Medinaceli murió por fin Almansur, el azote de la cristiandad, y fue enterrado en el infierno…».

Pero el cronista árabe al-Marrakusi destaca que se conservó una pequeña arca con el polvo que Almansur se sacudía de cada batalla, como ofrenda a la Dchihad de al-Mansur Billa (el victorioso por la gloria de Alá).

Nota del autor

Los nombres árabes de esta novela, así como algunos latinos, han sido transcritos de manera que sean más fáciles de leer conforme a su pronunciación; por eso se observará que no coinciden algunos de ellos con las transcripciones de la nota histórica que se presenta a continuación, o con los de los libros y artículos de historia. Asimismo, se apreciará que las rimas de las poesías son irregulares y caprichosas; ello es porque son traducciones de versos árabes de la época, pertenecientes a poetas, como Mutanabbi o Ibn