En el bosque

Robin Stevenson · Capítulo 16 de 17

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En el bosque

Capítulo quince

Alguien da un golpecito en la puerta y esta se abre lentamente. Me levanto a medias, preguntándome si Nancy habrá visto a Katie.

Nancy entra a la oficina. Mamá viene detrás de ella.

Me hundo otra vez en la silla. Paso los ojos de una a la otra, preguntándome qué habrá pasado, qué se habrán dicho, qué sabrá mamá; preguntándome en qué tantos líos estaré. Entonces un pensamiento horrendo me pasa por la cabeza.

—¿Katie? —digo. Mi voz sale como un graznido—. ¿Está bien?

Nancy asiente enseguida.

—Está recibiendo excelentes cuidados y el doctor dice que va a estar bien.

—Ah, qué bueno. Entonces… —digo, mirando a mamá. Su rostro está pálido y tenso, tiene la nariz y los ojos hinchados y rojos; el rímel que siempre usa está corrido—. Supongo que hablaste con Katie.

Nancy contesta por ella.

—El doctor vio a tu madre y a Katie juntas. Katie le contó a tu mamá de su embarazo.

—Y…

Asiente.

—Y sobre la nena.

Miro a mamá.

—Lo siento —le digo.

—Yo también —dice. Empieza a llorar otra vez—. ¿Cómo es posible que no me haya dado cuenta? Mi propia hija… ¡bajo mi techo! No entiendo nada.

Nancy guía a mamá hasta una silla y mamá se derrumba en ella. Nancy le acerca una caja de pañuelos de papel por encima de la mesa.

—Es un gran golpe —le dice.

Pues sí, obvio.

Mamá me mira.

—Gracias a Dios que encontraste la niña.

—Katie se aseguró de que así fuera —le digo. Mientras pronuncio esas palabras, me doy cuenta de que eso es lo que le voy a decir a cualquiera que pregunte. No hay ninguna necesidad de que nadie sepa jamás lo cerca que estuvo todo de acabar de otra manera. Supongo que ahora eso es todo lo que puedo hacer para proteger a Katie. Espero que sea suficiente.

—No se debe culpar —le dice Nancy a mi mamá—. Esto pasa más a menudo de lo que usted cree.

—Katie dice que ni siquiera sabía que estaba embarazada —me dice mamá.

Asiento.

—Ya sé. A mí también me lo contó. Pero no entiendo cómo puede ser posible.

—Se le llama disociación —dice Nancy—. Es probable que a veces lo haya sospechado, pero la idea era tan aterradora, tan inaceptable, que la sacó de golpe de su conciencia —agrega. Abre un cajón de su archivero y busca entre algunos papeles—. Tengo un poco de información sobre eso que tal vez les gustaría leer más tarde, pero el asunto es que básicamente Katie dice la verdad. Es cierto que no sabía.

—Y entonces, cuando se dio cuenta de que estaba… de que estaba entrando en trabajo de parto… —dice mamá, enjugándose los ojos con un pañuelo de papel.

—Entró en pánico —dice Nancy—. Manejó hasta un lugar donde pudiera estar sola y tuvo a la niña… —Y la dejó en el bosque —dice mamá sin rodeos. Empieza a llorar otra vez.

—Pero me lo dijo —agrego enseguida.

Mamá asiente y aspira con fuerza.

—Gracias a Dios —dice. Me mira a mí y después a Nancy—. Es tan difícil creer esto. Katie nunca había estado en problemas, tiene las mejores calificaciones, es una atleta… —Ajá, es en resumen perfecta —digo. Trato de no sonar resentido, pero después de todo lo que ha pasado como que ya es un exceso tener que escuchar a mamá enlistando todos los logros de Katie.

—Puedo entender que eso le haya dificultado a Katie admitir ante sí misma que estaba embarazada —dice Nancy—. ¿Saben?, estas chicas a menudo están acostumbradas a obtener excelentes resultados en todo. Son chicas que no quieren defraudar a sus padres, que le tienen miedo al rechazo.

—Eso es ridículo —dice mamá muy rápido. Demasiado rápido—. Yo nunca rechazaría a mis hijos. Nunca.

—Claro que no —dice Nancy—. Pero en un nivel subconsciente, es probable que ella no quisiera defraudarla.

Hay un prologando silencio. No sé qué está pensando mamá, pero lo que ha dicho Nancy me parece muy razonable. Si ya te consideran más o menos un desastre, ¿qué importa un problema más? Pero si tu vida entera está construida alrededor de tu perfección… bueno, entiendo que un embarazo no deseado pueda arruinarlo todo.

Veo la manecilla de los segundos dar vueltas en el gran reloj blanco que tiene Nancy sobre su escritorio y pienso en la niña que está en el centro de todo esto. A pesar de que la cargué y todo, no me parece muy real, no como una persona verdadera, aunque claro que lo es. Pienso en Audrey y en sus preguntas sobre su propia madre biológica. Una pieza que falta, dijo. Sé

que tiene razón. La niña tiene derecho de saber todo esto algún día. La hija de Katie, mi sobrina, la nieta de mi madre.

—¿Puedo ver a la nena? —le pregunto a Nancy. Por alguna razón, yo mismo estoy a punto de llorar, pero me contengo—. Ya sabe, ¿para ver si está bien?

Parece como si mamá tuviera un sobresalto.

—También yo quisiera verla. ¿Podemos?

Nancy asiente.

—Los llevaré a la unidad neonatal. Vamos.

La bebita es aún más pequeña de como la recordaba. Nancy la carga y yo levanto los brazos, pero se la entrega a mamá.

Mamá la carga con un poco de rigidez, sin acercársela al cuerpo, y mira su pequeña carita. Se ve un poco magullada, como hinchada, con arrugas en torno a los ojos. No es precisamente hermosa.

—Se ve igualita a ti —dice mamá—. Igualita.

Oh. La miro más de cerca.

—Es diminuta.

Nancy se ríe.

—Pesa casi ocho libras. No es para nada diminuta.

Mamá toca la mejilla de la nena con las yemas de los dedos.

—Es tan suave —dice, y de repente sus ojos se llenan otra vez de lágrimas—. Si Katie cambia de idea… si quisiera quedarse con la pequeña… ¿habría alguna posibilidad de que eso pasara?

Nancy se apoya en el borde de una larga mesa.

—La verdad es que no lo sé. Eso lo decidiría un juez —dice y lanza un suspiro—. Si la hubiera abandonado en un hospital o se la hubiera dado a alguien en lugar de dejarla donde lo hizo, la situación sería muy distinta.

—Se aseguró de que yo la encontrara —digo muy rápido—. Usted lo sabe.

Asiente.

—Eso estaría en su favor, sin duda.

Nos quedamos en silencio por un largo rato, todos mirando a la nena.

Mamá me la entrega y yo la cargo contra mi pecho y recuerdo cómo fui en la bici con ella dentro de mi chaqueta, escuchando su respiración y suplicando que sobreviviera.

—Buena suerte, bebita —le digo.

Aunque estoy bastante seguro de que Katie no va a cambiar de idea, antes de irme le tomo velozmente una foto con mi teléfono celular. Tal vez ayude a Katie a entender que la niña realmente está bien.

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