En el bosque
Capítulo dos
Garabateo una nota para mamá: Salí a dar una vuelta en bici. Regreso antes de las seis. Es mayo y no hace tanto frío, pero cuando andas en bici y está lloviendo, te puedes helar. Tengo puesta una camiseta y un suéter ligero debajo de mi chaqueta para ciclismo, pero olvidé ponerme guantes. Para cuando llego a la autopista, mis dedos están congelados y prácticamente se han pegado al manubrio. Condenada Katie, pienso. Ni siquiera sé qué es lo que se supone que debo hacer cuando llegue al lago: ¿darle la vuelta y volver a casa? No puedo creer que haya aceptado hacer esto.
El viento sopla con fuerza por la autopista, contra mí. Bajo la cabeza y pedaleo más rápido. Es la historia de mi vida: siempre tengo el viento en mi contra, pero a Katie siempre la empuja desde atrás. Mientras que ella se saca las mejores notas y aplica a varias univer-sidades para el otoño, a mí me va mal en casi todas las materias. Los maestros, asesores y asistentes de enseñanza lo llaman un “problema de aprendizaje”. Yo lo llamo ser un desastre.
Un camión pasa zumbando a mi lado y levanta una sábana de agua sucia que me da a mí. Le hago un gesto grosero con la mano al chofer.
Condenada Katie, pienso de nuevo. Me duelen los dedos por el frío. Tengo
ganas de darme la vuelta y volver a casa, pero por alguna razón (terque-dad, tal vez, o curiosidad) no lo hago. Tomo la salida hacia el lago y pienso en las veces que vinimos cuando éramos niños. Estábamos en cuarto grado.
Fue un año después de que mamá y papá se separaran; mamá estaba saliendo entonces con Brian el pervertido. En aquel tiempo claro que no lo llamábamos así. Fue su primer novio después del divorcio. Mamá dijo que en parte se enamoró de él porque era simplemente genial con nosotros. Ja y más ja.
No es que alguna vez haya intentado hacerme algo a mí.
Entro al estacionamiento vacío y me deslizo hasta detenerme. El auto de Katie no está aquí. Me encorvo un poco y me pregunto de nuevo qué es exactamente lo que Katie espera que haga ahora.
Aunque Brian el pervertido salió de nuestras vidas hace años, todavía pienso en él cada vez que vengo al lago o paso en bici por donde él vivía.
Aunque yo sólo era un niño en aquella época, me siento un poco culpable por no haber sabido lo que le estaba haciendo a Katie. Finalmente Katie se lo contó a una amiga de la escuela que se lo dijo a su mamá; la mamá llamó a servicios sociales y todo se destapó. Al principio mamá no lo creía. En realidad nunca acusó a Katie de mentir o de arruinarle la vida, pero así es como se lo tomó Katie. Todos tuvimos que ir al psicólogo y Brian el pervertido se fue. De alguna manera todo se difuminó y la vida volvió a la normalidad.
Es muy raro que Katie me haya pedido que viniera. No creo que ella haya vuelto aquí desde aquella época de días de campo. En cualquier caso, no es una chica fiestera. Tiene amigos, pero no es exageradamente sociable. El equipo de natación de la escuela era lo principal para ella, pero lo dejó en enero. Necesitaba más tiempo para estudiar, dijo. Sí, claro. Katie se podría sacar A en todo sin siquiera abrir un libro.
Me pregunto si Katie estaba aquí cuando me llamó y, si así fue, por qué no se quedó. Nada de esto tiene sentido, pero ya que vine hasta aquí, pienso que lo mejor es que le dé una vuelta completa al lago antes de regresar a casa. Atravieso el estacionamiento de grava en la bici y entro al sendero de tierra rojiza. Los altos árboles se levantan muy verdes y brillantes por el agua y sus ramas se marcan muy oscuras contra el cielo gris; el aire huele a
tierra y a lluvia. Puedo ver el lago más ade-lante, tan plano y gris como el cielo que lo cubre. Bajo la velocidad al pasar por la zona de picnic. Es un amplio espacio de césped con una playa lodosa, media docena de mesas marcadas con grafiti y un baño público que siempre está cerrado con llave.
En aquella fiesta en agosto pasado, Audrey y yo tuvimos una conversación súper intensa en una de esas mesas y yo pensé que tal vez podría pasar algo entre nosotros. Pero no pasó nada. Fui demasiado cobarde para intentarlo. No sabía si ella estaría interesada y no quería arries-garme a parecer un idiota. Esa noche nos acostamos sobre la mesa y miramos las estrellas y hablamos por horas, sobre la gente y sobre cómo estamos todos conectados y sobre el significado de la vida y todo eso, y yo de verdad sentí que nunca antes nadie me había entendido como ella. Y entonces sus amigas le gritaron que ya se iban y se fue con ellas. Cuando empezaron las clases en septiembre, los dos hicimos como si la conversación no hubiera ocurrido.
Tal vez cuando se le pasó la borra-chera se sintió aliviada de no haber cometido el error de meterse conmigo. No lo sé. Pero el caso es que para octubre ya estaba saliendo con Dexter Harris, que es uno de esos chicos súper buena onda que es amigo de todo el mundo. Hasta yo tuve que admitir que era un buen tipo, a pesar de que había aniquilado toda esperanza de que yo anduviera con Audrey. Eso fue hace ocho meses y, hasta donde sé, siguen juntos.
Audrey y yo no hemos hablado realmente desde aquella noche en el lago.
Aunque me llame, sé que sólo será para trabajar en nuestro proyecto… De todas formas una parte estúpida de mí piensa que, si pasamos un poco de tiempo juntos, tal vez recuerde lo bien que nos entendimos aquella noche.
Patético y completamente estúpido: así soy yo.
Entro al bosque en bici y se hace un repentino silencio, porque los árboles amortiguan el plip plop de la lluvia en el lago, convirtiéndolo en un suave y susurrante repiqueteo casi melodioso. Y entonces, por encima de la lluvia musical, o tal vez entretejiéndose con ella como si fuera una parte más de la melodía, escucho algo más: un sonido leve y lejano. Me toma un minuto darme cuenta de lo que es, porque está totalmente fuera de lugar y no hay nadie cerca y no tiene ningún sentido. Pero mientras escucho se vuelve más fuerte y más claro, hasta que no me queda ninguna duda.
Es un llanto.
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