En el bosque

Robin Stevenson · Capítulo 17 de 17

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En el bosque

Capítulo dieciséis

Mamá y yo nos sentamos juntos en la sala de emergencias. No hablamos mucho. Cada tanto, mamá sacude la cabeza y dice que todavía no puede creerlo o se pregunta en voz alta qué irá a pasar. En cierto momento se levanta y le deja un mensaje a una amiga que es abogada.

—Me llamará más tarde —dice mamá—. Ella sabrá qué debemos hacer.

Asiento, aliviado. También ella va a hacer todo lo que pueda por proteger a Katie.

—No sabía cómo ibas a reaccionar con esto.

—No sé cómo reaccionar —dice—. Katie… bueno, siempre me he preocupado mucho por ella.

Arqueo las cejas.

—¡Vamos! Siempre ha sido perfecta. Yo soy el que mete la pata.

—No —dice y sacude la cabeza—. Has tenido dificultades en la escuela, pero siempre has sido tú mismo. Katie no tiene esa confianza en sí misma.

Siempre ha necesitado ser perfecta —agrega y me mira—. Traté de convencerla de que lo era, pero tal vez esa no fue la mejor forma de manejarlo.

Me retuerzo en mi asiento y veo del otro lado de la sala a un par de chiquillos que se están peleando por un libro ilustrado.

—No sé —le digo—. Yo siempre pensé que de verdad era perfecta.

Mamá se ríe con tristeza.

—Maldito Brian —dice—. Si yo hubiera manejado eso de otra forma, tal vez esto no habría pasado.

Contengo la respiración. Nunca hablamos de Brian.

—Creo que nunca voy a perdonarme —dice—. Por no haberlos protegido a ustedes.

—Yo estoy bien —protesto—. A mí no me pasó nada.

—Pero podría haberte pasado.

—Bueno, pero no fue así.

Levanto la mirada y encuentro la suya por un segundo, pero sus ojos están tan llenos de tristeza que tengo que mirar hacia otro lado.

—Mamá…

—Está bien. Estoy bien —dice y me pone una mano en la rodilla—.

Gracias por cuidar a tu hermana, Cameron.

—Mamá —le digo, casi sin saber cómo seguir—. Katie va a tener que vivir con lo que hizo, ¿sabes? Quiero decir, toda su vida. Va a tener que vivir con esto para siempre.

—Lo sé —dice y cierra los ojos por un segundo—. Dios mío, lo sé.

—Entonces… bueno, vas a ayudarla, ¿verdad? Vas a asegurarte de que le den asesoría y todo eso. Y… ya sabes… La vas a ayudar a manejar esto.

—Claro que sí —contesta y me da un apretón en la rodilla—. ¿Cameron?

No hay nada que no haría para ayudarlos a ti o a tu hermana. Sólo quisiera que Katie lo hubiera sabido.

Más tarde sale una enfermera y nos dice que Katie ha sido trasladada a otra sala y que quieren que se quede toda la noche.

—Se encuentra bien —nos dice—. Estable. Sólo queremos asegurarnos de que siga así.

—¿Puedo ir a verla? —pregunto. Volteo a ver a mamá—. ¿Yo solo, un minuto nada más?

Ella asiente y me aprieta el hombro.

—Yo esperaré afuera.

Katie se ve pálida, pero por lo demás, no muy mal. Está acostada con la cabeza y los hombros apoyados en tres grandes almohadas.

—Cameron.

—Hola, Katie

Me pregunto si está enojada conmigo, si de alguna manera cree que es mi culpa que esté aquí y que ya lo sepa todo el mundo.

—Mira —le digo—. Perdóname por no haber guardado tu secreto. Estaba tan asustado que, ya sabes…

Me interrumpe.

—Está bien. De alguna manera muy rara es un alivio. Es como si ahora lo peor ya hubiera pasado. Lo he tenido sobre los hombros durante tanto tiempo, esta amenaza… Creo que esto es casi más fácil.

Trago en seco.

—Ajá. De todas formas les dije que tú te aseguraste de que la encontrara

—digo.

—Y ella está bien, ¿verdad? ¿La nena?

—Acabo de verla —respondo y saco mi celular—. ¿Quieres ver una foto?

Katie vacila y después sacude la cabeza.

—No lo creo. Como sea, no ahora —dice y se muerde el labio inferior—.

¿Te acuerdas de que dije que no sabía que estaba embarazada?

Asiento.

—Bueno, a veces creo que lo sos-pechaba. Sólo por un minuto, cada tanto. Pero no me permitía pensar en eso, ¿sabes? —dice y lanza un suspiro

—. Supongo que tú y mamá deben pensar que estoy loca.

Sacudo la cabeza.

—No. Bueno, sí, tal vez un poco.

Sonríe con una mueca diminuta, casi invisible.

—Ajá —dice.

—¿Vas a…?, ¿piensas que tal vez cambies de idea y que quieras ver a la niña?

No sé por qué exactamente, pero quiero que diga que sí.

No lo hace. Sólo me mira por un largo momento sin decir palabra.

—Supongo que no —digo débilmente—. Es sólo que… no sé. Pensé que tal vez querrías, supongo.

Ella se encoge de hombros.

—De todas formas no creo que me dejen.

—Tal vez sí.

—Puede ser —dice. Cierra los ojos—.

Creo que tengo que dormir un poco.

—Mamá va a querer verte. Voy a lla-marla, ¿está bien?

Ella asiente y salgo del cuarto. Estoy pensando en lo que dijo, acerca de que lo peor ya pasó. Espero que tenga razón. Espero que hable con los consejeros y que comprenda cómo pasó esto y que encuentre una manera de enfrentar lo que vendrá después. Espero que pueda dejar todo esto atrás y volver a ser la Srta. Perfecta. Equipo de natación y becas universitarias y todo eso. No me molestaría.

Voy con mamá y le digo que Katie quiere verla. Después encuentro una silla en el pasillo, me siento y espero.

Es raro pensar que aun si Katie lograra dejar todo esto atrás, en el piso de arriba la vida de otra persona (con todas sus ocho libras de peso) apenas está comenzando.

Más que nada, espero que ella tenga una buena vida. No sé si será posible, pero creo que me gustaría ser parte de ella. No una parte importante, pero al menos poder mandarle una tarjeta de cumpleaños cada año. Sólo me gustaría saber que está bien.

Supongo que, de algún modo, haberla encontrado me hace sentir un poco responsable por ella. Y, como dijo Audrey, es mi sobrina. Sin importar lo que decida Katie al final.

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