Hábitos atómicos

James Clear · Capítulo 19 de 23

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Hábitos atómicos

Tácticas avanzadas. Cómo pasar de ser solamente bueno a ser verdaderamente grandioso

TÁCTICAS AVANZADAS

CÓMO PASAR DE SER SOLAMENTE BUENO A SER

VERDADERAMENTE GRANDIOSO

 

18 La verdad acerca del talento (Cuándo los genes importan y

cuándo no)

 

Muchas personas conocen a Michael Phelps, quien es considerado por todo el mundo como uno de los mejores atletas de la historia. Phelps ha ganado más medallas olímpicas que cualquier otro nadador. De hecho, ha ganado más

medallas olímpicas que cualquier otro atleta de cualquier especialidad[1].

Menos gente conoce el nombre Hicham El Guerrouj, pero él también fue

un destacado atleta por derecho propio[2]. El Guerrouj es un corredor marroquí que obtuvo dos medallas olímpicas de oro y es uno de los mejores corredores de media distancia de todos los tiempos. Durante muchos años mantuvo el récord mundial en las carreras de 800, 1500 y 2000 metros. En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, ganó el oro en las carreras de 1500 y 5000 metros.

Estos dos atletas son completamente diferentes en varios aspectos. (Para empezar, uno compite en tierra y el otro en agua). Pero de manera más notable, son distintos sobre todo en altura. El Guerrouj mide 1.75 metros

mientras que Phelps mide 1.93[3]. A pesar de esta diferencia de 18 centímetros, los dos hombres son idénticos en un aspecto: Michael Phelps e

Hicham El Guerrouj usan la misma talla de entrepierna en los pantalones[4].

¿Cómo es posible? Phelps tiene unas piernas relativamente cortas para su altura y un torso muy largo, complexión perfecta para un nadador. El Guerrouj tiene unas piernas increíblemente largas y un torso corto, constitución ideal para un corredor de pista.

Ahora, imagina que estos atletas de clase mundial tuvieran que intercambiar sus deportes. Dada su destacada capacidad deportiva, ¿habría podido Phelps convertirse en un corredor de pista de calibre olímpico si hubiera contado con el entrenamiento necesario? Es poco probable. En su mejor momento, Phelps pesaba 88 kilos, lo que equivale a 40% más que lo que pesaba El Guerrouj, quien competía con un peso ultraligero de 62 kilos. Entre más altos son los corredores, son más pesados, y cada kilo de más es una maldición cuando se trata de carreras de pista. En una competencia de élite, Phelps habría estado condenado al fracaso desde el principio.

De manera similar, El Guerrouj podrá ser uno de los mejores corredores de la historia, pero es dudoso que hubiera calificado para los juegos olímpicos como nadador. Desde 1976, el promedio de altura de los medallistas

olímpicos en las carreras de 1500 metros es de 1.78 metros[5]. En comparación, el promedio de altura de los nadadores en la categoría de 100

metros libres es de 1.93 metros[6]. Los nadadores tienden a ser altos y a tener espalda y brazos largos, los cuales son ideales para impulsarse bajo el agua. El Guerrouj habría estado en seria desventaja incluso antes de tocar la alberca.

El secreto para maximizar tus posibilidades de éxito es elegir el campo de competencia apropiado. Esto es tan cierto para el cambio de hábitos como lo es para los deportes y los negocios. Los hábitos son sencillos de realizar, y es más satisfactorio mantenerlos cuando son compatibles con tus inclinaciones y habilidades naturales. Igual que Michael Phelps en la alberca o Hicham El Guerrouj en la pista, seguramente quieres participar en un juego en el que las probabilidades estén a tu favor.

Adoptar esta estrategia implica aceptar una simple verdad: todas las personas nacemos con distintas habilidades. Hay gente a quien no le gusta hablar de este hecho. Visto de manera superficial, tus genes parecen estar predeterminados y no es divertido hablar de cosas que no se pueden controlar. Además, frases como determinismo biológico hacen que parezca que ciertos individuos están destinados al éxito, mientras otros están condenados al fracaso. Pero esto es una visión miope de la influencia de los genes en la conducta.

La fortaleza de la genética también es su debilidad. Los genes no pueden cambiar fácilmente, lo que significa que proveen una ventaja muy poderosa en situaciones favorables y una desventaja muy seria en circunstancias desfavorables. Si quieres encestar una pelota de baloncesto y mides dos metros, encontrarás esta cualidad muy útil. En cambio, si quieres realizar una rutina de gimnasia, medir dos metros te resultará un gran inconveniente. Nuestro ambiente determina la idoneidad de nuestros genes y la utilidad de nuestros talentos naturales. Cuando nuestro ambiente cambia, también cambian las cualidades que determinan el éxito.

Esto es cierto no solo para las características físicas sino para las mentales. Yo soy inteligente si me preguntas sobre hábitos y conducta humana, pero no tanto si el tema es tejido con agujas o propulsión de cohetes o cuerdas de guitarra. Las competencias dependen en gran medida del contexto.

Las personas en la cumbre de cualquier campo competitivo no solo están bien entrenadas, también están bien equipadas para la tarea. Y esta es la razón por la cual, si realmente quieres destacar, seleccionar el lugar apropiado para hacerlo es realmente crucial.

En pocas palabras, los genes no determinan tu destino. Los genes determinan tus áreas de oportunidad. Como afirma el físico Gabor Maté: «Los

genes pueden predisponer, pero no predeterminar[7]». Las áreas donde estás genéticamente predispuesto al éxito son las áreas donde los hábitos tenderán a ser más satisfactorios. La clave está en dirigir tu esfuerzo hacia áreas que te entusiasmen y que sean compatibles con tus habilidades naturales. Esto hará que tus ambiciones estén en armonía con tus habilidades.

Las preguntas obvias son: «¿Cómo puedo descubrir cuáles son las posibilidades que juegan a mi favor? ¿Cómo identifico las oportunidades y los hábitos que son apropiados para mí?». El primer punto para buscar la respuesta radica en entender tu personalidad.

 

CÓMO INFLUYE TU PERSONALIDAD EN TUS HÁBITOS

 

Tus genes se encuentran operando bajo la superficie de todos tus hábitos. De hecho, debajo de la superficie de todas tus conductas. Los genes han demostrado ser una influencia en todo, desde el número de horas que pasas frente al televisor hasta las posibilidades de que te cases o te divorcies,

pasando por tu tendencia a ser adicto a las drogas, el alcohol o la nicotina[8]. Hay un fuerte componente genético que determina cuán obediente o rebelde eres frente a la autoridad, cuán vulnerable o resistente eres ante acontecimientos estresantes, cuán proactivo o reactivo tiendes a ser, e incluso, cuán cautivado o aburrido te puedes sentir ante experiencias sensoriales como

asistir a un concierto[9]. Como me lo explicó Robert Plomin, un genetista del King´s College de Londres: «Hemos llegado al punto en que dejamos de investigar si ciertos rasgos de la personalidad tienen un componente genético porque literalmente no hemos podido encontrar uno solo que no esté

influenciado por nuestros genes[10]».

Tu cúmulo único de rasgos genéticos te predispone a tener una personalidad particular. Tu personalidad está formada por un grupo de características que se mantiene presente de manera consistente ante situaciones diversas. El estudio mejor documentado de análisis de los rasgos de personalidad se conoce como Big Five [El gran 5]. Este estudio los simplifica y clasifica en cinco espectros de conducta:

 

1. Apertura a la experiencia: desde curiosidad e inventiva en un extremo

hasta cautela y consistencia en el extremo opuesto.

2. Responsabilidad: de organizado y eficiente a despreocupado y

espontáneo.

3. Extraversión: de activo y sociable a solitario y reservado

(probablemente los conozcas como introvertido versus extrovertido).

4. Amabilidad: este espectro va de amigable y compasivo a desafiante y

desapegado.

5. Neuroticismo: desde ansioso y sensible hasta seguro, tranquilo y

estable.

 

Los cinco espectros tienen un fundamento biológico. La extraversión, por ejemplo, puede rastrearse desde el nacimiento. Si los científicos reproducen un sonido alto en el cunero del hospital, algunos bebés se voltean hacia el lugar de donde surge el sonido, mientras otros se voltean al lado contrario. Cuando los investigadores siguen la trayectoria de estos bebés a lo largo de la vida, descubren que los bebés que siguieron el sonido son más proclives a convertirse en personas extrovertidas. Aquellos que voltearon al lado

contrario, se convirtieron, por lo regular, en personas más introvertidas[11].

Las personas que tienen grados altos de amabilidad son agradables,

consideradas y cálidas[12]. También tienden a tener niveles más altos de

oxitocina[13], una hormona que desempeña un papel importante en la formación de vínculos sociales, incrementa los sentimientos de confianza y actúa como un antidepresivo natural. Te puedes imaginar fácilmente cómo alguien con más oxitocina puede estar inclinado a construir hábitos como escribir notas de agradecimiento y organizar fiestas y eventos sociales.

Como un tercer ejemplo, consideremos el neuroticismo, una característica de la personalidad que todos poseemos en diversos grados. Las personas que están en la parte alta del espectro de neuroticismo tienden a ser ansiosas y a preocuparse más que otras. Esta característica se ha relacionado con la

hipersensibilidad de la amígdala[14], la porción del cerebro responsable de percibir las amenazas. En otras palabras, las personas que son más sensibles a las señales negativas de su ambiente son más propensas a tener un alto puntaje en neuroticismo.

Nuestros hábitos no solamente se determinan por nuestra personalidad, no cabe duda de que nuestros genes nos empujan en cierta dirección. Las preferencias profundamente enraizadas facilitan ciertos hábitos más para

algunas personas que para otras[15]. Tú no tienes que disculparte por estas diferencias o sentirte culpable, pero sí debes trabajar con ellas. Una persona que obtiene menos puntaje en responsabilidad, por ejemplo, será menos proclive a ser ordenada por naturaleza y tendrá que confiar más en el diseño de su ambiente para mantener sus buenos hábitos. (Como recordatorio para aquellos lectores que son menos ordenados que el resto, el diseño de ambientes es una estrategia de la que hablamos en los Capítulos 6 y 12).

El mensaje que debes llevarte consiste en que es importante desarrollar

hábitos que funcionen para tu personalidad[∗]. La gente puede desgarrarse los músculos tratando de entrenar como un físicoculturista, pero si tú prefieres escalar en roca o el ciclismo o el remo, entonces organiza tus hábitos de entrenamiento alrededor de tus gustos e intereses. Si tu amigo sigue una dieta baja en carbohidratos, pero a ti te funcionan las dietas bajas en grasas,

entonces tendrás más poder si sigues la que te funciona a ti[16]. Si quieres leer más, no te sientas apenado si prefieres las novelas de romance sobre las obras

de no ficción. Lee aquello que te fascine[∗]. No tienes que desarrollar los hábitos que todos te dicen que desarrolles. Elige el hábito que mejor te siente, no el más popular.

Hay una versión de cada hábito que puede proporcionarte alegría y satisfacción. Encuéntralo. Los hábitos deben ser agradables para que sea posible mantenerlos. Esta es la idea central de la Cuarta Ley.

Adaptar tus hábitos a tu personalidad es un buen comienzo, pero este no es el fin de la historia. Dirijamos nuestra atención a encontrar y diseñar situaciones en las que tengas una ventaja natural.

 

CÓMO ENCONTRAR UN JUEGO EN EL QUE LAS PROBABILIDADES ESTÉN A TU FAVOR

Aprender a participar en un juego en el que las probabilidades de ganar estén a tu favor es crítico para mantener la motivación y sentirte exitoso. En teoría, puedes disfrutar de casi cualquier cosa. En la práctica, es muy probable que disfrutes más de las cosas que se te dan fácilmente. Las personas que son talentosas en un área en particular tienden a ser más competentes en esa tarea y, por lo tanto, a ser elogiadas por haber hecho un buen trabajo. Esto les permite estar llenas de energía debido a que están progresando donde otros han fallado, y como obtienen recompensas como ganar un mejor salario y recibir mejores oportunidades, esto no solo las hace sentirse más felices, sino que las impulsa a producir un trabajo aún de mayor calidad. Se trata de un círculo virtuoso.

Elige el hábito correcto y verás que el progreso se da fácilmente. Elige el hábito incorrecto y la vida se convertirá en una lucha constante.

¿Cómo se elige el hábito correcto? El primer paso consiste en hacer lo que aprendimos con la Tercera Ley: hacerlo sencillo. En muchos casos, cuando la gente elige el hábito incorrecto, simplemente significa que eligió un hábito muy difícil. Cuando un hábito es fácil, las probabilidades de éxito son más altas. Cuando eres exitoso, es más fácil que te sientas satisfecho. Sin embargo, hay otro nivel que tenemos que considerar. A largo plazo, si sigues avanzando y mejorando, cualquier área se va a convertir en un reto. En un momento dado, tienes que asegurarte de que estás participando en el juego correcto para tus habilidades. ¿Cómo te das cuenta de eso?

El método más común es el de prueba y error. Por supuesto, hay un problema con esta estrategia: la vida es corta. No tenemos tiempo de intentar estudiar todas las carreras, de salir con todos los solteros disponibles o de tocar todos los instrumentos musicales. Afortunadamente, hay una manera efectiva de manejar este enigma, y es conocida como intercambio de

exploración y explotación[17].

Cuando se comienza una actividad, debe haber un período de exploración. En las relaciones de pareja se llama «salir con alguien». En la universidad se llama «tomar un curso propedéutico» o introductorio. En los negocios se llama «prueba dividida» o prueba A/B. La meta consiste en probar varias posibilidades, investigar una amplia variedad de ideas y hacer pruebas con una amplia red de usuarios.

Después de este período inicial de exploración, cambia tu enfoque y dirígelo hacia la mejor solución que encuentres —pero sigue experimentando y probando ocasionalmente. El balance apropiado depende de si estás ganando o perdiendo. Si actualmente estás ganando, sigue explotando y explotando la misma opción. Si actualmente estás perdiendo, sigue explorando y explorando en busca de otra opción.

A largo plazo, probablemente sea más efectivo trabajar entre 80% y 90% del tiempo en la estrategia que parece producir los mejores resultados, y seguir explorando durante el 10% o 20% del tiempo restante. El caso más famoso es el de Google, que pide a sus empleados que dediquen 80% de su semana laboral a realizar su trabajo oficial y 20% a proyectos de su propia elección, lo cual ha conducido a la creación de productos exitosos como

AdWords y Gmail[18].

El enfoque óptimo también depende de con cuánto tiempo cuentas. Si tienes mucho tiempo —como alguien que está por empezar su carrera—, tiene mucho sentido que explores, porque una vez que encuentres la opción correcta aún te quedará bastante tiempo para que la explotes. Si tienes una gran presión de tiempo —por ejemplo, si has llegado a la fecha límite para entregar un proyecto—, entonces debes implementar la mejor solución que hayas encontrado hasta ese momento y obtener los mejores resultados posibles.

Mientras exploras diferentes opciones, hay una serie de preguntas que te puedes hacer para reducir la brecha entre los hábitos y las áreas que serán más satisfactorias para ti:

 

¿Qué me parece divertido a mí, pero funciona para otros? La señal de que estás hecho para una tarea no es si la amas, sino si puedes manejar el dolor de la tarea de una manera más sencilla que el resto de la gente. ¿Cuándo estás disfrutando mientras otras personas se están quejando? El trabajo que te lastima menos de lo que lastima a otros es el trabajo para el que estás hecho. ¿Qué me hace perder la noción del tiempo? La fluidez es el estado mental en el que entras cuando estás tan enfocado en la tarea que estás realizando,

que el resto del mundo se desvanece[19]. Esta combinación de felicidad y alto desempeño es lo que atletas y artistas experimentan cuando están «en la zona». Es casi imposible experimentar un estado de fluidez sin que al mismo tiempo encuentres la tarea satisfactoria al menos en cierto grado. ¿Dónde encuentro recompensas mayores que el promedio de las personas? Estamos constantemente comparándonos con otras personas a nuestro alrededor y es más probable que una conducta sea satisfactoria cuando la comparación sea a nuestro favor. Cuando empecé a escribir jamesclear.com, mi lista de correos electrónicos creció muy rápido. Yo no estaba plenamente seguro de qué estaba haciendo bien, pero supe que los resultados parecían estar llegando más rápido para mí que para otros colegas, lo cual me motivó para seguir escribiendo.

¿Qué se me da de manera natural? Por un solo momento, ignora todo lo que te han enseñado. Ignora lo que la sociedad te ha dicho. Ignora lo que otros esperan de ti. Mira dentro de ti y pregúntate: «¿Qué se me da de manera natural? ¿Cuándo me he sentido realmente vivo? ¿Cuándo me siento realmente yo?». No te juzgues a ti mismo ni trates de complacer a nadie. No pienses demasiado ni te detengas a criticarte. Solamente permite los sentimientos de compromiso y de gozo. Cuando te sientas auténtico y genuino, sabrás que estás en la dirección correcta.

 

Para ser honesto, una parte de este proceso depende de la suerte. Michael Phelps e Hicham El Guerrouj tuvieron la suerte de nacer con un excepcional conjunto de habilidades que son altamente apreciadas por la sociedad actual. También corrieron con la suerte de estar en el ambiente ideal para desarrollar y sacar provecho de sus habilidades. Todos tenemos un tiempo limitado en este planeta, y solo aquellos que son extraordinarios entre nosotros, además de esforzarse y trabajar duro, tienen la buena fortuna de estar expuestos a oportunidades que los favorecen.

¿Pero qué pasa si no quieres dejar esto a la suerte?

Si no logras encontrar un juego en el que las probabilidades estén a tu favor, crea uno. Scott Adams, el caricaturista detrás de Dilbert, suele contar:

 

Todos tienen por lo menos unas pocas áreas en las que pueden ser

parte del 25% que destaca en ellas [20]. En mi caso, puedo dibujar mejor que la mayoría de las personas, pero no soy ni remotamente un artista destacado. Y tampoco soy mucho más gracioso que cualquier comediante de ocasión que tiene pocas probabilidades de triunfar en grande. Pero sí soy más gracioso que la mayoría de la gente. La magia es que muy poca gente puede dibujar bien y escribir chistes. Es la combinación de ambas lo que me hace excepcional. Y cuando en mi negocio añades una buena historia de fondo, de pronto me encontré con un tema que pocos caricaturistas podrían aspirar a entender sin haberlo vivido.

 

Cuando no puedas ganar por ser mejor, puedes ganar por ser diferente. Al combinar tus habilidades, reduces la cantidad de competencia, lo cual hace que sea más fácil destacar. Cuando carezcas de una ventaja genética o de años para poder practicar, puedes tomar un atajo reescribiendo las reglas para ti mismo. Un buen jugador trabaja duro para ganar el juego que todos los demás están jugando. Un jugador extraordinario crea un nuevo juego que favorece sus fortalezas y evita sus debilidades.

En la universidad diseñé mi propio grado de maestría, biomecánica, el cual era una combinación de física, química, biología y anatomía. No era lo suficientemente inteligente para destacar entre los especialistas de física o de biología, así que tuve que crear mi propio juego. Y como era especial para mí —solamente estaba tomando los cursos que me interesaban—, estudiar no me parecía una tarea pesada. También me era fácil evitar la trampa de compararme con los demás. Después de todo, nadie más estaba tomando la misma combinación de clases que yo tomaba, así que ¿quién podía decir si yo era mejor o peor?

La especialización es una poderosa manera de superar el «accidente» de una mala genética. Entre más dominas una habilidad específica, más difícil es para los demás competir en contra tuya. Muchos fisiculturistas son más fuertes que cualquier luchador de pulsos promedio, pero un fisiculturista, aunque sea enorme, puede perder un torneo de pulsos porque un campeón de pulsos tiene un tipo de fuerza muy específica. Incluso si no eres naturalmente dotado, con frecuencia puedes ganar si te conviertes en el mejor de una categoría estrecha.

El agua hirviendo puede ablandar una patata, pero endurece un huevo. Tú no puedes controlar si eres una patata o un huevo, pero puedes decidir si participar en un juego en el que sea mejor ser duro o ser suave. Si puedes encontrar un ambiente más favorable, puedes transformar tu situación de una en la que las probabilidades están en tu contra, a una donde estén a tu favor.

 

CÓMO OBTENER LO MEJOR DE TUS GENES

 

Nuestros genes no eliminan la necesidad de trabajar duro. Solamente lo hacen más claro. Nos indican a qué debemos dedicar el trabajo duro y el esfuerzo. Una vez que descubrimos nuestras fortalezas, sabemos dónde invertir nuestro tiempo y energía. Sabemos qué tipo de oportunidades estamos buscando y qué tipo de desafíos debemos evitar. Entre mejor comprendemos nuestra naturaleza, mejor es la estrategia que podemos diseñar.

Las diferencias biológicas importan. Sin embargo, es más productivo enfocarse en saber si estás alcanzando tu máximo potencial en lugar de compararte con alguien más. El que tengas un límite natural para desarrollar cualquier habilidad específica no tiene nada que ver con que estés alcanzando el tope de tus capacidades. La gente queda tan atrapada en el hecho de que tiene límites que raramente hace el esfuerzo que se requiere para siquiera acercarse a ellos.

Es más, los genes no te pueden hacer exitoso si no haces tu trabajo. Sí es posible que el fornido entrenador del gimnasio tenga mejores genes que tú, pero si no has hecho el mismo número de repeticiones que él, es imposible saber si tú posees una mejor o peor herencia genética. Hasta que no hayas trabajado tanto como aquellos a quienes admiras, no puedes explicar su éxito como suerte.

En resumen, una de las mejores maneras de asegurar que tus hábitos te sigan satisfaciendo a largo plazo, consiste en elegir conductas que son compatibles con tu personalidad y tus habilidades. Trabaja duro en las cosas que te son sencillas.

 

RESUMEN DEL CAPÍTULO

 

◆ El secreto para maximizar tus probabilidades de éxito es elegir el campo

correcto de competencia.

◆ Elige el hábito apropiado y el progreso se vuelve sencillo. Elige el hábito

incorrecto y la vida se vuelve una batalla.

◆ Los genes no pueden cambiarse, lo que significa que nos brindan una

poderosa ventaja en condiciones favorables y una seria desventaja en circunstancias desfavorables.

◆ Los hábitos son fáciles cuando son compatibles con tus habilidades

naturales. Elige los hábitos que mejor se amoldan a ti.

◆ Participa en un juego que favorezca tus fortalezas. Si no puedes

encontrar un juego que te favorezca, crea uno nuevo.

◆ Los genes no eliminan la necesidad de trabajar duro. Determinan y

muestran lo que hay que hacer. Nos dicen en qué debemos trabajar duro.