Hábitos atómicos

James Clear · Capítulo 21 de 23

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Hábitos atómicos

20. El inconveniente de crear buenos hábitos

 

Los hábitos crean el fundamento de la maestría. En ajedrez, no es hasta que los movimientos básicos se dominan de manera automática cuando los jugadores pueden concentrarse en el siguiente nivel del juego. Cada trozo de información que se memoriza abre el espacio mental para pensamientos más esforzados. Esto es verdad para los proyectos de cualquier tipo. Cuando aprendes los movimientos básicos de un modo tan eficiente, que puedes desempeñarlos sin pensar, entonces estás libre para poner atención a detalles más avanzados. De esta manera los hábitos se convierten en la columna vertebral de toda búsqueda de excelencia.

Sin embargo, los beneficios de los hábitos tienen un costo. Al principio, cada repetición desarrolla fluidez, velocidad y destreza. Pero luego, conforme el hábito se vuelve automático, te vuelves menos sensible a la retroalimentación. Caes en la repetición inconsciente. Se vuelve más fácil dejar que los errores ocurran. Cuando puedes hacer algo «suficientemente bueno» estando en piloto automático, dejas de pensar en cómo hacerlo mejor.

La ventaja de los hábitos es que aprendemos a hacer cosas de manera automática sin tener que pensar. El inconveniente de los hábitos es que te acostumbras a hacer las cosas de cierta manera y dejas de poner atención a los pequeños errores. Asumes que estás mejorando porque estás adquiriendo experiencias. Pero, en realidad, solamente estás reforzando tus hábitos actuales, no mejorándolos. De hecho, algunas investigaciones han demostrado que una vez que se ha alcanzado la maestría de una habilidad, con el tiempo

tiene lugar un ligero [1] declive del desempeño.

Usualmente, este descenso menor en el desempeño no es causa de preocupación. No se necesita un sistema para mejorar constantemente la manera en que te cepillas los dientes o te amarras las agujetas o te preparas una taza de té por la mañana. Entre menos energía uses en decisiones que son triviales, más energía puedes dedicar a lo que es realmente importante.

Sin embargo, cuando quieres maximizar tu potencial y lograr niveles de desempeño muy elevados, necesitas un método matizado. No puedes repetir algo ciegamente y esperar convertirte en alguien excepcional. Los hábitos son necesarios, pero no bastan para alcanzar la maestría. Lo que necesitas es una combinación de hábitos automáticos y práctica deliberada.

 

Hábitos + Práctica deliberada = Maestría

 

Para alcanzar la grandeza, ciertas habilidades sí deben volverse automáticas. Los jugadores de baloncesto deben ser capaces de controlar el balón sin pensar, antes de adquirir la maestría que se requiere para hacer tiros de gancho con la mano no dominante. Los cirujanos necesitan repetir la incisión inicial hasta el punto en que pueden hacerla casi con los ojos cerrados, esto les permite concentrarse en los cientos de variables que pueden surgir durante una operación. Pero una vez que un hábito se domina, es necesario volver a la parte esforzada del trabajo y empezar a construir el siguiente hábito.

La maestría es el proceso de estrechar tu concentración y dirigirla hacia un pequeño elemento necesario para el éxito. Y en repetir esa acción hasta que hayas internalizado esa habilidad, para luego usar ese nuevo hábito como fundamento para avanzar hacia la siguiente frontera de tu desarrollo personal. Las tareas viejas se vuelven más sencillas la segunda vez que las realizas, pero en general, el proceso no se simplifica porque siempre estás usando tu energía para enfrentar el siguiente reto. Cada hábito deja al descubierto el siguiente nivel de desempeño. Es un ciclo interminable.

ALCANZAR LA MAESTRÍA EN UN HÁBITO

 

ALCANZAR LA MAESTRÍA EN UN CAMPO

FIGURA 16. El proceso de maestría requiere que vayas formando capas de mejoras, una sobre otra. Cada hábito se construye sobre el anterior hasta que un nuevo nivel de desempeño se alcanza y un rango más alto de habilidades se ha internalizado.

 

 

A pesar de que los hábitos son poderosos, lo que necesitas es una forma de permanecer consciente de tu desempeño a lo largo del tiempo, de manera que puedas continuar refinando y mejorando tus hábitos. Es precisamente en el momento en que empiezas a sentir que has dominado una habilidad —justo cuando las cosas comienzan a parecer automáticas y tú empiezas a sentirte cómodo— cuando debes evitar caer en la trampa de la complacencia.

¿Cuál es la solución? Establecer un sistema de reflexión y revisión.

 

CÓMO REVISAR TUS HÁBITOS Y HACER AJUSTES

 

En 1986, el equipo los Lakers de Los Ángeles tenía uno de los más talentosos equipos de baloncesto que se hayan reunido en la historia. Sin embargo, rara vez son recordados por ese motivo. El equipo empezó a jugar durante la temporada 1985-1986 de la NBA con un récord impresionante de 29-5.

—Los expertos afirmaban que éramos probablemente el mejor equipo en la historia del baloncesto —dijo el entrenador Pat Riley después de la

temporada[2].

De manera sorprendente, los Lakers tropezaron en el repechaje de la temporada 1986 y sufrieron una derrota que los dejó fuera del campeonato durante las finales de la Conferencia del Oeste. El «mejor equipo en la historia del baloncesto» ni siquiera alcanzó a jugar para el campeonato de la NBA.

Después de esa derrota, Riley se cansó de escuchar cuánto talento tenían sus jugadores y cuán prometedor era su equipo. No quería seguir viendo destellos de brillantez que se desvanecían en el desempeño. Él quería que los Lakers jugaran al máximo de su potencial, noche a noche. En el verano de 1986, diseñó un plan para lograr exactamente eso, un sistema que llamó CBE

(Mejor Esfuerzo para una Carrera[3]).

—Cuando los jugadores se unen a los Lakers por primera vez —explicaba Riley—, averiguamos sus estadísticas hasta el momento en que estaban en la high-school. Llamo a esto Tomar sus Números. Buscamos un indicador preciso de lo que cada jugador puede hacer, luego lo integramos al plan del equipo basándonos en la noción de que mantendrá y luego mejorará sus promedios.

Después de determinar el nivel de desempeño mínimo de cada jugador, Riley añadió un paso clave. Le pidió a cada jugador que «mejorara su rendimiento al menos 1% durante el transcurso de la temporada». Si tenían

éxito, estarían logrando el CBE[4]. De manera similar al equipo de ciclismo británico del que hablamos en el Capítulo 1, los Lakers buscaban el desempeño máximo tratando de ser un poco mejores cada día.

Riley era enfático al afirmar que el CBE no se trataba solamente de puntos y estadísticas, sino de dar el mejor esfuerzo espiritual, mental y físico. Los jugadores obtenían créditos por permitir que un oponente corriera hacia ellos para taclearlos cuando sabían que se haría acreedor a una falta, por precipitarse a atrapar balones sueltos, por ir por los rebotes aunque fuera improbable que los pudieran atrapar, por ayudar a un compañero cuando el jugador al que estaba marcando lo había rebasado y otros actos heroicos poco reconocidos durante un partido.

Como ejemplo, digamos que Magic Johnson —el jugador estrella de los Lakers en aquella época— tenía 11 puntos, 8 rebotes, 12 asistencias, 2 robos y 5 rotaciones en un juego. Magic también tenía crédito por un acto heroico no reconocido que consistió en lanzarse hacia un balón suelto (+1). Finalmente, jugó un total de 33 minutos en este juego imaginario.

Los números positivos (11 + 8 + 12 + 2 + 1) sumaban 34. Luego, restamos las 5 rotaciones (34 – 5) para obtener 29. Finalmente dividimos 29 entre los 33 minutos jugados.

 

29/33 = 0.879

 

El número CBE de Magic en este ejemplo sería 879. Este número se calculaba para todos los juegos de todos los jugadores y era el promedio del CBE el que se les pedía que mejoraran en 1% durante la temporada. Riley comparaba el CBE de cada jugador en ese momento no solo con los resultados de su desempeño anterior sino con los de otros jugadores de la liga. Como afirmaba Riley:

—Medimos a los jugadores del equipo, así como a jugadores de otros equipos de la liga que juegan en las mismas posiciones y tienen roles similares dentro de sus respectivos equipos.

La cronista deportiva Jackie MacMullan afirmaba:

—Riley anunciaba cada semana a los mejores jugadores de la liga en el pizarrón con letras grandes y los medía contra los jugadores correspondientes de su propia plantilla. Los jugadores sólidos, confiables, por lo regular tenían resultados superiores a 600 puntos, mientras que los jugadores élite obtenían al menos 800 puntos. Magic Johnson, quien entregó 138 triples-dobles en su carrera, por lo regular tenía más de 1000 puntos.

Los Lakers también enfatizaron el progreso que se lograba año tras año haciendo comparaciones históricas de datos CBE. Riley decía:

—Comparábamos el mes de noviembre de 1986 con el mes de noviembre de 1985 y le mostrábamos a los jugadores dónde estaban haciendo las cosas de mejor o peor manera que en la temporada anterior. Luego les mostrábamos cómo sus resultados de desempeño de diciembre de 1986 se comparaban con los de noviembre.

Los Lakers desplegaron el sistema CBE en octubre de 1986. Ocho meses después, llegaron a ser los campeones de la NBA. El siguiente año, Pat Riley llevó a su equipo a obtener otro título, lo que convirtió a los Lakers en el primer equipo en ganar dos campeonatos consecutivos en veinte años. Después, él dijo:

—Mantener un esfuerzo es la cosa más importante en cualquier empresa. La manera de ser exitoso es aprender cómo hacer las cosas correctamente, y

luego hacerlas de la misma manera todas las veces[5].

El programa CBE es el ejemplo perfecto del poder de reflexión y revisión. Los Lakers ya eran talentosos. El programa CBE les ayudó a obtener lo mejor de lo que tenían y asegurarse de que sus hábitos mejoraran en lugar de declinar.

La reflexión y la revisión habilitan la mejora a largo plazo de todos los hábitos, porque te hacen consciente de tus errores y te ayudan a considerar diversos caminos para lograr una mejora. Sin reflexionar, podemos inventar excusas, crear racionalizaciones y mentirnos a nosotros mismos. No tenemos un proceso para determinar si estamos desempeñándonos mejor o peor en comparación con el día anterior.

Los ejecutantes destacados en todos los campos se comprometen con diferentes tipos de reflexión y revisión. Este proceso no tiene que ser complicado. El corredor keniano Eliud Kipchoge es uno de los más grandes

maratonistas de todos los tiempos y medallista olímpico[6]. Hasta la fecha él todavía toma notas después de cada entrenamiento para llevar un registro que le permita revisar sus resultados diarios y buscar áreas en las que puede realizar mejoras. De manera similar la medallista olímpica Katie Ledecky registra su bienestar con una escala de 0 a 10 e incluye notas sobre su nutrición y qué tan bien durmió. Ella también registra los tiempos que publican otros nadadores. Al final de cada semana, su entrenador revisa sus

notas y añade sus ideas[7].

Y no se trata solamente de atletas. Cuando el comediante Chris Rock está preparando material nuevo, se presenta primero en docenas de clubes

nocturnos pequeños y prueba cientos de chistes nuevos[8]. Lleva una libreta al escenario y registra cuáles son los chistes o fragmentos que funcionan bien y en cuáles tiene que realizar ajustes. Las pocas líneas que realmente son estupendas son las que sobreviven y pasan a formar parte de la columna vertebral de su nuevo espectáculo.

Sé de ejecutivos e inversionistas que llevan un «diario de decisiones» en el cual registran las más importantes decisiones que toman durante cada semana, las razones que tuvieron para tomarlas y cuál es el resultado que esperan obtener. Ellos revisan sus elecciones al final de cada mes o año para

ver dónde estuvieron acertados y dónde estuvieron equivocados[∗].

La mejora no se trata solamente de aprender hábitos, también se trata de afinarlos. La reflexión y la revisión aseguran que pasas tu tiempo haciendo las cosas acertadas y que haces correcciones de curso cuando es necesario, como Pat Riley que ajustó el esfuerzo de sus jugadores en cada juego. Tú no quieres seguir practicando un hábito si se ha vuelto poco efectivo.

Personalmente, yo empleo dos métodos primarios de reflexión y revisión. Cada mes de diciembre, realizo una Reseña anual en la que reflexiono acerca del año previo. Registro mis hábitos del año haciendo un recuento de cuántos artículos publiqué, cuántos entrenamientos hice, cuántos nuevos lugares visité

y más[ ∗∗]. Luego, reflexiono sobre mi progreso (o falta de progreso si ese es el caso) respondiendo las siguientes preguntas:

 

1. ¿Qué salió bien este año?

2. ¿Qué no salió bien este año?

3. ¿Qué aprendí?

 

Seis meses después, cuando llega el verano, hago un Reporte de integridad. Igual que todo el mundo, cometo muchos errores. Mi Reporte de integridad me ayuda a darme cuenta de dónde he cometido errores y me motiva a regresar al curso correcto. Lo uso como una oportunidad de revisitar mis valores esenciales y considero si he estado viviendo de acuerdo con ellos. Esto pasa cuando reflexiono en mi identidad y en cómo debo trabajar para

tratar de convertirme en la persona que deseo ser[∗].

Mi Reporte de integridad anual responde tres preguntas:

 

1. ¿Cuáles son los valores esenciales que dirigen mi vida y mi trabajo?

2. ¿Cómo estoy viviendo y trabajando con integridad en este momento?

3. ¿Cómo puedo establecer una meta más elevada en el futuro?

 

Estos dos reportes no me toman mucho tiempo —apenas unas cuantas horas cada año— pero son períodos cruciales de refinamiento. Previenen el deslizamiento gradual que ocurre cuando no prestas atención. Proveen un recordatorio anual para revisitar mi identidad deseada y para considerar cómo mis hábitos me están ayudando a convertirme en la persona que deseo ser. Me indican cuándo debo actualizar mis hábitos y aceptar nuevos desafíos y cuándo debo redirigir mis esfuerzos y enfocarme en los aspectos fundamentales.

La reflexión también puede proporcionar un sentido de perspectiva. Los hábitos diarios son poderosos por la manera en que están compuestos, pero preocuparse demasiado por las elecciones que hacemos en el día a día es como mirarte en el espejo a una distancia de una pulgada. Podrás ver cada imperfección, pero perderás de vista la imagen completa. Habrá demasiada retroalimentación. Y al contrario, si nunca revisas tus hábitos, es como si nunca te vieras al espejo. No te darás cuenta de algunos defectos fáciles de componer —una mancha en tu camisa, un trocito de comida en los dientes—. Estarás recibiendo muy poca retroalimentación. La reflexión periódica es como verte en el espejo a una distancia media, como si estuvieras conversando con alguien frente a ti. Puedes ver los cambios importantes que debes hacer sin perder de vista la imagen completa. Todos queremos ver toda la cadena montañosa sin obsesionarnos con cada cima y cada valle.

Finalmente, la reflexión y la revisión ofrecen un tiempo ideal para revisitar uno de los más importantes aspectos del cambio de conducta: la identidad.

CÓMO ROMPER CON LAS CREENCIAS QUE TE FRENAN

 

Al principio, repetir un hábito es esencial para construir evidencia de tu identidad deseada. Conforme aseguras esa nueva identidad, sin embargo, esas mismas creencias pueden frenarte e impedir que alcances el siguiente nivel de crecimiento. Cuando trabaja en tu contra, tu identidad crea un tipo de «orgullo» que te impulsa a negar tus puntos débiles y evita que crezcas verdaderamente. Este es uno de los más grandes inconvenientes de construir hábitos.

Entre más sagrada sea una idea para nosotros —esto es, entre más profundamente esté vinculada a nuestra identidad—, más fuertemente la defenderemos de la crítica. Verás esto en todas las industrias. La maestra que ignora los modernos métodos de enseñanza y mantiene sus antiguos y probados planes de estudios. El gerente veterano que está comprometido a hacer las cosas «a su manera». El cirujano que descalifica las ideas de sus colegas más jóvenes. La banda que produce un primer álbum que enloquece a los fanáticos y luego se queda atorada en un atolladero. Entre más nos aferramos a una identidad, más difícil se vuelve crecer más allá de ella.

Una solución es evitar convertir un aspecto de tu identidad en una abrumadora porción de lo que tú eres. En palabras del inversionista Paul

Graham: «mantén pequeña tu identidad[9]». Entre más permitas que una sola creencia te defina, menos serás capaz de adaptarte cuando la vida te presente desafíos. Si dedicas todo a convertirte en capitán del equipo o en socio de la firma o cualquier otra cosa, entonces la pérdida de esa faceta de tu vida te hará naufragar. Si eres un vegano y luego desarrollas una condición de salud que te obliga a cambiar de dieta, tendrás una crisis de identidad en tus manos. Cuando te aferras demasiado a una identidad, te vuelves frágil. Si pierdes una cosa, te pierdes a ti mismo.

Durante la mayor parte de mi juventud, ser un atleta fue la parte más importante de mi identidad. Cuando terminó mi carrera como beisbolista, luché para poder encontrarme a mí mismo. Cuando pasas tu vida entera definiéndote de una forma y esa forma desaparece, entonces ¿quién eres en ese momento?

Los veteranos militares y exempresarios reportan sentimientos similares. Si tu identidad está envuelta en una creencia como «soy un gran soldado», ¿qué sucede cuando tu servicio termina y tienes que volver a casa? Para muchos dueños de negocios, su identidad equivale a algo parecido a «soy el director ejecutivo» o «soy el fundador». Si has pasado cada minuto trabajando en tu negocio, ¿cómo te sentirías después de vender tu compañía?

La clave para mitigar estas pérdidas de identidad consiste en redefinirte a ti mismo de tal manera que mantengas importantes aspectos de tu identidad incluso si tu rol particular cambia.

 

«Soy un atleta» se convierte en «Soy la clase de persona que es fuerte mentalmente y ama los desafíos físicos».

«Soy un gran soldado» se transforma en «Soy el tipo de persona disciplinada, confiable y excelente para trabajar en equipo». «Soy el director ejecutivo» se traduce en «Soy el tipo de persona que construye y que crea cosas».

 

Cuando se elige de manera efectiva, una identidad puede ser flexible en lugar de debilitadora. Como el agua que fluye alrededor de un obstáculo, tu identidad trabaja con las circunstancias cambiantes en lugar de trabajar en su contra.

La siguiente cita del Tao Te Ching encapsula estas ideas perfectamente:

 

Los hombres nacen suaves y flexibles;

cuando mueren son tiesos y duros.

Las plantas nacen tiernas y dóciles;

cuando mueren son frágiles y secas.

Por esto quien es tieso y duro

es un discípulo de la muerte.

Quien es suave y flexible

es un discípulo de la vida.

Lo duro y tieso se romperá.

Lo suave y flexible prevalecerá.

 

LAO TZU

 

Los hábitos producen numerosos beneficios, pero el inconveniente es que pueden encerrarnos dentro de nuestros previos patrones de pensamiento y de acción —incluso cuando el mundo está cambiando a nuestro alrededor. Nada es permanente. La vida está cambiando constantemente, así que necesitas verificar periódicamente para ver si tus viejos hábitos y creencias todavía te sirven.

La falta de conciencia de uno mismo es un veneno. La reflexión y la revisión son el antídoto.

RESUMEN DEL CAPÍTULO

 

◆ La ventaja de los hábitos es que podemos hacer cosas sin pensar. La

desventaja es que podemos dejar de poner atención en los pequeños errores.

◆ Hábitos + Práctica deliberada = Maestría.

◆ La reflexión y la revisión son procesos que te permiten permanecer

consciente de tu desempeño a lo largo del tiempo.

◆ Entre más nos apegamos a una identidad, más difícil se vuelve crecer

más allá de ella.