Hellfriend
Artículo 26. Cuando el exceso de compañía no cumple su función
ARTÍCULO 26
CUANDO EL EXCESO DE COMPAÑÍA
NO CUMPLE SU FUNCIÓN
16 de agosto, 12.22
Bel
El chico está de rodillas frente a mí, con las manos aferradas a mis muslos. Me fijo en su cabeza, que se mueve de forma monótona.
Cerca, lejos, cerca, lejos. Tiene un piercing en la lengua y el pelo entre mis dedos.
Por detrás, la chica me abraza y me besa el cuello. Es un poco más baja que Milena, así que necesita ponerse de puntillas.
Lo que más me gusta del sexo es que es la experiencia más egoísta de la que puedes disfrutar en compañía. Que aunque solo importas tú, otras personas pueden beneficiarse de ello y, con suerte, dar las gracias después. A mí suelen dármelas.
Créeme, no es falta de modestia. Son milenios de práctica.
Sea como fuere, no está funcionando todo lo bien que debería, y
eso que el escenario es perfecto. Cierro los ojos para concentrarme (en mí, siempre en mí). La boca de él se acelera, las tetas de ella se aprietan contra mi espalda y, aunque sigo empalmado, estoy lejos de correrme.
Decido pedirle al chico que se aparte y que le haga lo mismo a la chica. Los miro y no consigo que me importe.
Tal vez sea porque sigo dándole vueltas a mi jugada de anoche, sin terminar de decidir si fue una genialidad o la mayor de las estupideces. Dejarle claro a Milena que no íbamos a follar, por muy cierto que sea, parece arriesgado. Le solté aquello para que no se sintiera incómoda al estar cerca de mí, sin pensarlo demasiado. Sin embargo, ahora me pregunto si debería haberme callado o insinuado justo lo contrario. ¿Cómo voy a ligármela si cree (sabe) que no quiero tener sexo con ella?
Me tumbo sobre el colchón, con los brazos detrás de la cabeza, y les pido a estos dos que se acerquen. No me importa lo que hagan, solo que lo hagan ya.
Quiero llegar a ese punto, a los pocos segundos que te concede un orgasmo para dejar la mente en blanco. Sin Cielos, Infiernos, juicios ni Milenas.
Yo.
Antes de conseguir esos segundos, porque lo hago, decido que he actuado bien. Gracias a mi sinceridad, la abogada confiará más en mí y, como a cualquiera le pasaría, la imposibilidad de obtener algo despertará su interés.
A mí me sucede siempre.
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