La invasión de las ratas

James Herbert · Capítulo 19 de 19

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La invasión de las ratas

Epílogo

La rata quedó atrapada en el sótano durante cinco días. Se había arrastrado hasta un rincón oscuro tras una fila de estantes para dar a luz a su camada y cuando intentó seguir el sonido que resonaba dentro de su cabeza encontró el camino bloqueado por una pesada puerta de hierro. El sonido continuó durante cinco largos días y estuvo a punto de volver locos a la madre y a sus diminutas crías con su tono incesante y monótono. Pero encontraron comida en abundancia en el sótano, porque los propietarios habían ignorado la orden del gobierno de dejar todas las puertas abiertas para que se vaciaran de bichos todos los edificios. Sabían que cuando la población de la ciudad regresara a sus hogares tras el corto exilio la comida sería escasa en los primeros días, y su tienda estaría preparada para aprovecharse de la escasez. La rata y sus crías se atracaron de comida, porque los jóvenes sólo parecieron necesitar la leche de su madre en los tres primeros días y luego prefirieron satisfacerse con los alimentos que encontraban a su alrededor. Cada día crecían en tamaño y en fuerza; su color era casi marrón oscuro, porque empezaban a crecer los pelos negros sobre su cuerpo. Excepto uno de ellos. Sobre su cuerpo rosado, casi blanco, aparecieron unos pocos pelos blancos. Parecía que dominaba a los demás, que le traían comida y calentaban su cuerpo con los suyos. Un curioso bulto parecía crecer sobre su hombro ancho y desproporcionado, al lado de la cabeza.

Esperaron pacientemente que la gente regresara.

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