La sexta lampara
Capítulo 34
34
Después de uno de sus paseos por la tienda Balestri visitó a su amigo Caylus. Como era viernes, Caylus no lo esperaba. Le sirvió una taza de té y después le pidió que lo ayudara a cambiar algunos edificios de lugar.
—Poco a poco me acostumbro a que no esté. Pero en este acostumbramiento hay algo monstruoso.
Esperaba que Caylus lo tranquilizara. Pero su amigo seguía mudo, concentrando la vista, a través de los lentes que él mismo había fabricado, en un rascacielos cuya cúpula recordaba a las tenues construcciones de las arañas.
—Ahí está la Torre del Dragón. Puede escribir su deseo de encontrarla en un papel. Será su segundo deseo y dicen que se aceptan hasta tres. Yo no creo en esas cosas, pero como su primer deseo se cumplió…
—Yo tampoco creo —dijo Balestri.
—¿Por qué no lo hace de todas maneras? Poco importa si la fe es verdadera o no. Lo que importa es que el deseo a cumplir sea verdadero.
Siempre se corre el riesgo de que el deseo se cumpla.
Balestri estuvo tentado a revolver la boca del dragón para ver cuáles eran los deseos de los otros visitantes, pero sin duda Caylus lo tomaría a mal. Era muy respetuoso de los pocos visitantes que tenía el museo.
—Este incidente lo preocupa y es natural. Pero está en sus manos evitar que ocupe la totalidad de sus pensamientos. Tiene una gran obra por delante. Basta acercarse al edificio Moran, Morley & Mactran para oír su nombre, susurrado tanto por los arquitectos del montón como por los responsables de los pisos superiores. No falta mucho para que llegue el momento de poner en práctica sus ideas y de concentrarlas en una obra. Su
mujer ha desaparecido y eso es grave; pero todo parece indicar que fue por su propia voluntad.
—Mi matrimonio era desgraciado y no tiene sentido ocultar ese hecho.
Pero la duda me impide pensar en otra cosa. Es como si necesitara espacio en mi cabeza para ubicar allí las construcciones. Y la ausencia de Greta ocupa más lugar que cualquier edificio.
—Si no puede vivir con esa duda, vaya a la Sección de Personas Desaparecidas. Eso le servirá de mucho en caso de que en algún futuro decida casarse de nuevo. Pero también lo ayudará a apartarla de su cabeza.
Ya no será suya, ¿me entiende? Habrá quedado incorporada a la legión innumerable de personas desaparecidas que tiene esta ciudad.
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