Manual
Capítulo XXVI
3. Veamos, ¿a cuánto se venden las lechugas? A un óbolo[85], digamos. Pues bien, si alguien entregando el óbolo recibe lechugas y tú al no hacerlo, no las recibes, no pienses que tienes menos que el que recibe. Ya que, igual que aquél tiene lechugas, tú tienes el óbolo que no diste.
4. Así sucede también aquí. ¿No fuiste invitado al festín de alguien? Pues es que no diste al que invitaba aquello por lo que vende el festín; y él lo vende por elogios, lo vende por atenciones. Por consiguiente, págale el precio por lo que vende, si te conviene. Si quieres no pagar aquello y recibir esto, eres insaciable y tonto.
5. ¿No tienes nada a cambio de la cena? Tienes por una parte el no haber elogiado a ese al que no querías, y por otra no haber aguantado a los que guardan la puerta.
XXVI
Es posible conocer el propósito de la naturaleza a partir de las cosas en las que no disentimos unos con otros. Por ejemplo, cuando un pequeño esclavo de otro rompe la copa, está a nuestro alcance el decir inmediatamente: «son cosas que pasan». Pues bien, que sepas que cuando se rompe la tuya, debes ser igual que cuando se rompió la del otro. Aplica esto incluso a cosas más importantes: ¿se ha muerto un hijo de otro o su mujer? Todo el mundo diría: «es humano»; pero cuando muera el de uno mismo, inmediatamente dirá: «¡ay de mí!, ¡qué desgraciado soy!». Deberíamos recordar qué es lo que sentimos al escuchar lo de otros.
XXVII
Lo mismo que no se coloca un blanco para ser fallado, así tampoco existe
la naturaleza del mal en el mundo[86].
XXVIII
Si alguien confiara el cuidado de tu cuerpo al primero que encontrase, te irritarías; en cambio, de entregar tus propios sentimientos al que casualmente encuentras para que, si te insulta, aquellos se turben y trastornen, ¿no te avergüenzas de ello?