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Epicteto · Capítulo 19 de 27

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Capítulo XXXII

Terracota procedente del Santuario de Pirgi. Lucha entre Eteocles y Polinices por el

trono de Tebas. 460 a. C. Roma. Museo Villa Julia.

 

4. De ahí que el padre sea injuriado por su hijo cuando no le hace partícipe de las cosas que aparentemente son bienes; esto hizo enemigos uno

del otro a Polinices y Eteocles[97]: considerar como un bien la tiranía. Por eso también injurian a los dioses el labrador, el marino, el comerciante y los que pierden a sus mujeres e hijos. Allí donde se encuentra el interés, también se halla la piedad; pues quien se preocupa de sentir deseos y aversiones como es debido, se preocupa al mismo tiempo de tener respeto a los dioses.

5. En cada ocasión conviene hacer la libación, el sacrificio y las

primicias[98] [99] según las leyes de la patria, con pureza y no con descuido ni negligencia, ni de una manera mezquina ni por encima de sus posibilidades.

 

XXXII

 

1. Cuando recurras a la adivinación, recuerda que ignoras lo que va a suceder y quieres informarte de ello por el adivino; pero que ya sabes de qué tipo es si eres filósofo; pues si es de las cosas que no dependen de nosotros, con toda necesidad no será ni bueno ni malo.

2. No lleves, pues, al adivino, deseo o aversión. Y sin temblar ve hacia él

sabiendo que todo lo que vaya a acontecer será indiferente[100] y nada que vaya contigo; sea como sea te será posible hacer buen uso de ello, y esto nadie te lo impedirá. Así pues, dirígete a los dioses, confiando en ellos como consejeros; y por lo demás, cuando se te aconseje en algo, recuerda a quiénes tomaste como consejeros y a quiénes desobedecerás si no les haces caso.

3. Consulta al oráculo, como Sócrates[101] creía conveniente, en casos en que toda la investigación lleva a la solución; esto es, en casos en que ni por lógica ni por ningún otro arte se nos dan indicios para comprender el problema presente. De modo que cuando haga falta exponerse a un peligro por un amigo o por la patria, no se deberá consultar un oráculo si hay que exponerse a ello. Pues si el adivino te predice que los presagios resultan

desfavorables[102], es evidente que se anuncia muerte o mutilación de alguno de los miembros del cuerpo o destierro; pero incluso con estos presagios, la

razón[103] te manda socorrer al amigo y exponerte al peligro por la patria. Por

tanto, fíate del mejor adivino, el Pitio[104], que echó del templo al que no

prestó su ayuda a su amigo cuando iban a matarlo[105].

 

Apolo. Frontón oeste del templo de

Zeus en Olimpia. S. V a. C.

Olimpia. Museo Arqueológico.