Manual
Epicteto: vida y obra
como refiere Rist[9], ni Séneca ni Epicteto variaron significativamente la doctrina del estoicismo antiguo relacionada con el deseo y el conocimiento. Desgraciadamente a ninguno de ellos se le ocurrió hacer una exposición histórica del estoicismo antiguo.
Teatro de Hierápolis. S. II d. C.
(Fotografía de Reyes Alonso)
Epicteto: vida y obra
Epicteto nació en el año 50 d. C. en Hierápolis (Frigia), provincia entonces del Imperio Romano. Siendo todavía un niño, llegó a Roma como esclavo y se puso al servicio de un tal Epafrodito, secretario de Nerón. La relación con su amo no debió ser del todo buena a lo que hay alusiones abundantes en sus
Diatribas[10], no así en el Manual, desprovisto de toda nota autobiográfica. Se cuenta la anécdota de que, queriendo castigarlo su amo por algún motivo, le retorcía la pierna. Epicteto varias veces le advirtió que se la iba a romper si seguía retorciéndola. Y sucediendo lo esperado, el esclavo estoicamente comentó: «¡Te dije que se rompería!». Sea o no cierta la anécdota, el caso es que vivió cojo el resto de su vida. Probablemente la cojera fuera debida a una enfermedad, no al maltrato, ya que nos han llegado noticias de que su presunto torturador le dejó asistir, siendo aún esclavo, a las lecciones de Musonio Rufo, filósofo estoico que gozaba de gran fama en Roma, de cuyas doctrinas no tenemos noticia directa alguna, pues parece que se dedicó a la enseñanza oral. Es entonces cuando Epicteto tuvo sus primeros contactos con la filosofía estoica, aunque ya sentía simpatía por los cínicos y gran admiración por Diógenes.
Hacia el año 94, libre ya de su condición de esclavo, como filósofo fue expulsado por el emperador Domiciano, y se estableció en Nicópolis, ciudad del Epiro, donde fundó una escuela para la enseñanza de sus dogmas de vida, dando buen ejemplo de ellos.
Vivió solo y pobre la mayor parte del tiempo hasta que recogió a un niño abandonado y puso a una mujer para que lo cuidara. Llegó a ser tan célebre que recibió la visita del emperador Adriano en los últimos días de su vida. La mayoría de los autores coinciden en señalar la fecha de su muerte en torno al 130 d. C.; es poco después cuando un discípulo suyo, Arriano de Nicomedia, publica sus lecciones.
Como Sócrates —al que siempre intentó imitar, llamándose a sí mismo
socrático fracasado[11]—, Epicteto no dejó nada escrito. Arriano, general del Imperio, siendo aún joven y el maestro ya anciano, escuchó sus enseñanzas. A. Reyes dice que «Epicteto fue el maestro de los jóvenes como lo fue Séneca
de los hombres maduros»[12].
La edición de Arriano surgió de apuntes que tomó de las lecciones del maestro; y, lo que en un principio estaba destinado a un reducido círculo de amistades, tuvo enorme trascendencia. Así es como decidió su publicación,
para evitar los abusos, en ocho libros de [13] Diatribas, de los que conservamos cuatro y algunos fragmentos. De todo ello tenemos noticia en una carta de Arriano dirigida a su amigo Lucio Gelio, y que constituye el prólogo a su publicación: «… mas cuanto le oía hablar, eso mismo traté de conservarlo para mí, copiándolo, en cuanto era posible, palabra por palabra… Mas siendo ellos así, no sé cómo, sin mi consentimiento y sin saberlo yo, cayeron en
manos del público»[14].
Esto es lo que hoy queda de la enseñanza oral de Epicteto: — Cuatro libros de Diatribas, conjunto de discursos recogidos en apuntes de
viva voz por Arriano.
— Enquiridion o Manual, resumen de las Diatribas, hecho también por
Arriano.
— 29 fragmentos, de ellos, 23 recogidos por Stobeo, 2 por Aulo Gelio, 1 por
Arnobio y 3 por Marco Aurelio.