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Iceberg Slim · Capítulo 27 de 27

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Epílogo

 

Estoy tumbado en un amanecer tranquilo, escribiendo este último capítulo para el editor. Pienso: ¿cómo es que un sujeto como yo, que ha dedicado la mayor parte de su vida a la más vil carrera, ha podido regenerarse? Por cálculo de probabilidades, debería haber acabado como un caparazón roto y devorado por enfermedades, o muerto en la celda solitaria de una cárcel.

Supongo que tres razones importantes yacen durmiendo al otro lado del pasillo. Puedo ver sus rostros tranquilos y felices. No saben lo duro y a veces desalentador que resulta ganarme la vida para ellos en un mundo pureta.

Este mundo pureta es un lugar extraño para mí. Durante los últimos cinco años me he esforzado duramente en resolver sus acertijos para encajar en él.

Catherine, mi bella esposa, es maravillosa y valiente. Es una madre perfecta para nuestra adorable niña de dos años y nuestro sanote y encantador hijo de tres.

En este nuevo mundo esto no es nada desdeñable, he tenido demasiadas experiencias amargas. Recuerdo, poco después de casarme, lo optimista que era cuando salía a buscar trabajo como vendedor a través de los anuncios.

Sabía que era un vendedor estelar. Después de todo, ¿no había demostrado mis dones durante treinta años? Los principios del mercado son los mismos en ambos mundos. Los entrevistadores blancos estaban impresionados por mi pose y mi facilidad de palabra. Se percataron de mi conocimiento acerca de la naturaleza humana. Pero no podían afrontar el riesgo del posible efecto que la presencia de un negro causaría en todo el personal blanco de la empresa. Con disgusto y rabia volvía a casa y hacía pucheros. Amargamente trataba de convencerme para volver a la mala vida. Catherine siempre decía lo correcto y me daba su amor y comprensión.

Había otro recurso indispensable de ayuda y valor en estos duros tiempos, una mujer brillante y encantadora. Había sido amiga de mi madre. Ejercía como una especie de psicoterapeuta. Me explicó y me indicó las fases mentales por las que iba pasando. Me enseñó cómo enfrentarme a la batalla. A ella siempre le estaré agradecido.

La historia de mi vida demuestra que mis verdaderos amigos fueron pocos. Poco antes de empezar este libro me encontré con un hombre al que respetaba. Creí que era un amigo de verdad. Me llevé una amarga decepción al descubrir que no era así. Por un lado me alegro de que las cosas sucedieran de esa forma. Siempre me he vuelto más fuerte después de una buena patada en el culo.

He tenido muchas experiencias interesantes y hasta divertidas en esta nueva vida. Por ahora tendrán que esperar. Veo que mi pequeña familia se ha despertado. Tendré que encender la calefacción. No puedo permitir que se levanten con el frío mañanero.

Un Iceberg con corazón caliente, ¿qué te parece?

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