Pólvora sola
¡No Escribo!
TODO el album he leído
que esta tarde me ha traído
tu doncella...
¡Lo que yo me he divertido
con el album... y con ella!
La muchacha es vivaracha;
y aunque yo me creo ducho,
se me ha burlado quizás...
En fin, chica, la muchacha
vale mucho;
¡pero el libro vale más!
Unos cuantos señoritos
que te juzgan buen bocado,
en sus hojas han probado
que saben hacer versitos
muy bonitos.
¡Vamos, que estoy asustado!
y no me atrevo á meter
en tan buena compañía
y echarlo todo á perder
con alguna tontería
de las que yo suelo hacer.
Uno de ellos, por ejemplo,
tras de alzar á tu hermosura
lo que mereces, un templo,
asegura
que por el encaje breve
que orla tu cuello de nieve y marfil (lo mismo da)
el cefirillo se atreve
á entrar amoroso... (¡Ah, pillo
cefirillo!
¡Ya sabe él adonde va!)
Según el mismo doncel,
tienes una cinturita
tan chiquita,
que con una mano él
te la aprisiona completa.
Es poeta
y exagera, por fortuna...
¡ó te ha tomado por una
figura de pandereta!
Después afirma otro tal,
muy formal,
que en tu boca puso Dios
el mejor de los rubíes,
y que cuando te sonríes
se parte, por gala, en dos.
Luego, el chico, deja preso
entre esas joyas un beso,
y se va por donde viene;
¡y eso tiene tres bemoles!
¡caracoles,
ya lo creo que los tiene!
Yo, que tengo que escribir
después, ¿qué voy á decir?
Al uno se le figura
que te coge la cintura;
el otro se atreve á más...
Conque ¡á ver
lo que á mí me toca hacer
para no quedarme atrás!
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