Pólvora sola

Sinesio Delgado · Capítulo 12 de 63

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Pólvora sola

¡No Escribo!

 

TODO el album he leído

que esta tarde me ha traído

tu doncella...

¡Lo que yo me he divertido

con el album... y con ella!

La muchacha es vivaracha;

y aunque yo me creo ducho,

se me ha burlado quizás...

En fin, chica, la muchacha

vale mucho;

¡pero el libro vale más!

Unos cuantos señoritos

que te juzgan buen bocado,

en sus hojas han probado

que saben hacer versitos

muy bonitos.

¡Vamos, que estoy asustado!

y no me atrevo á meter

en tan buena compañía

y echarlo todo á perder

con alguna tontería

de las que yo suelo hacer.

Uno de ellos, por ejemplo,

tras de alzar á tu hermosura

lo que mereces, un templo,

asegura

que por el encaje breve

que orla tu cuello de nieve y marfil (lo mismo da)

el cefirillo se atreve

á entrar amoroso... (¡Ah, pillo

cefirillo!

¡Ya sabe él adonde va!)

Según el mismo doncel,

tienes una cinturita

tan chiquita,

que con una mano él

te la aprisiona completa.

Es poeta

y exagera, por fortuna...

¡ó te ha tomado por una

figura de pandereta!

Después afirma otro tal,

muy formal,

que en tu boca puso Dios

el mejor de los rubíes,

y que cuando te sonríes

se parte, por gala, en dos.

Luego, el chico, deja preso

entre esas joyas un beso,

y se va por donde viene;

¡y eso tiene tres bemoles!

¡caracoles,

ya lo creo que los tiene!

Yo, que tengo que escribir

después, ¿qué voy á decir?

Al uno se le figura

que te coge la cintura;

el otro se atreve á más...

Conque ¡á ver

lo que á mí me toca hacer

para no quedarme atrás!

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