Pólvora sola
Estilos
I
NUÑEZ DE ARCE
MUY cercano á la aldea, en el otero
se levanta la mole del castillo,
imponente guardián mudo y severo...
¡Desgraciada campiña si el rastrillo
atraviesa con ímpetu guerrero
castellano feudal de horca y cuchillo!
¡Alma de cieno vil, pero más dura
que el bruñido metal de la armadura!
_____
¡Quedarán destruídos los hogares,
si con el fuego no, con la piqueta,
y caerán los pecheros á millares!
Asesino feroz, nada respeta;
ni al ministro de Dios en los altares,
ni al venerable monje anacoreta
que eleva su plegaria al infinito
encerrado en su cárcel de granito...
II
VELARDE
Restregándose los ojos
va el campesino á la siega, colgada la hoz del cinto
y el sucio morral á cuestas.
Pardillos y cogujadas
le saludan y festejan,
dando brinquitos de gozo
en las lindes de la senda
que espadañas y tomillos
rematan y festonean.
Entretanto, allá en el cielo
audaz la alondra se eleva
á saludar el retorno
del sol, que anuncia su vuelta
de las montañas oscuras
en las lejanas siluetas.
Salta al surco la cigarra
verdosa, ventruda y fea;
margaritas y amapolas
se estiran y desperezan,
y á beber bajan los tordos
del arroyo en la ribera.
Menuda tropa de insectos
desde los pinares llega,
con las gotas de rocío
á emborracharse en la hierba.
A la misa de alba toca
el esquilón de la aldea;
el azul pardo del cielo
en grana y oro se trueca,
y asoma curioseando
por las empinadas crestas
el sol, que limpio y maduro
trozo de melón semeja.
III
CAMPOAMOR
Era al casarse Inés la más hermosa
de todas las doncellas del contorno,
y podía de un Duque ser esposa.
¡El cuerpo escultural, como una diosa!
¡El alma tan ardiente como un horno!
Y era Juan al casarse ¡cosa rara!
inocente zagal, que no sabía
lo que cualquier muñeco le enseñara,
sin tener todavía
ni simiente de pelos en la cara.
La ignorancia de Inés no era muy grave
si supiera algo Juan, ¡pero él no sabe!
Y al hallar mucho nuevo en aquel día
ella en los besos de él, él en los de ella,
en preludio el amor se quedaría
si no estuviera ingerto en picardía
el sencillo candor de la doncella.
¡Extraña intuición de los placeres
profundos y escondidos!
¡Misterios que adivinan las mujeres
sin que se los enseñen los maridos!
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