Pólvora sola
Romance Caballeresco
FUÉ director Blas Mediano
(hace seis años lo menos)
de un diario muy formal,
muy importante y muy serio,
donde lo mejor de España
derrochó gracia y talento.
Blas Mediano, que es un zote
sin una pizca de ingenio,
desde aquella fecha ocupa
lucrativos y altos puestos,
y es honrado y atendido
y tiene influencia y crédito.
Pues bien: ayer me ha enviado
en papel vitela envuelto
el album de su señora
en demanda de unos versos.
Y yo, que soy muy amable,
muy cortés y muy atento,
le escribí en seguida este
romance caballeresco:
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Garci-Fernández de Utrera,
mozo garrido y apuesto,
de las fiestas alegría
y encanto de los torneos,
fué contra el moro á la guerra al frente de sus pecheros.
Bota de ante, espuela de oro,
cintillos, lazos y flecos,
trusa y justillo de raso,
birrete de terciopelo
con una plumita blanca
que ondea al soplo del viento;
forrado el cuerpo de malla,
forrado el corcel de hierro,
viéronle marchar las mozas
llorando como chicuelos.
Con su férrea maza al hombro
fué García el mesnadero
envuelto en un sayo burdo,
sin bordados ni floreos,
con su cara de demonio
y sus músculos de acero.
Nadie salió á despedirle,
y, entre el gentío revuelto,
al compás de los clarines
se fué alejando en silencio.
¡Buena fué la escaramuza!
¡Bien los cristianos lo hicieron!
Como gamos perseguidos
huyeron los agarenos,
llevando los alquiceles
de sangre y lodo cubiertos.
Nadie vió á Garci-Fernández
su gallardía luciendo,
ni tomó entre los herejes
como entre las damas puesto,
ni ondeó la blanca pluma
entre el grupo de guerreros.
¡Qué bien se portó García del combate en lo más recio!
¡Cómo apabulló turbantes
y pulverizó los huesos
á los golpes de su maza,
duros, continuos y secos!
¡Siempre en la primera fila,
siempre del combate en medio,
defendiendo su bandera
brazo á brazo y cuerpo á cuerpo!
...............................
Ya la hueste del de Utrera
torna vencedora al pueblo,
envuelta en nubes de polvo
y arrancando al sol reflejos.
Garci-Fernández, al frente
sobre un potro malagueño.
como la girafa airoso,
como el azabache negro,
viene enseñando á las gentes
sus bandas y sus plumeros.
El garrido mozo avanza
como en triunfo, recogiendo
suspiros de las doncellas
y lágrimas de los viejos.
También vuelve el buen García
en su sayo burdo envuelto,
con la maza sobre el hombro
y una ancha herida en el pecho,
formando en la interminable
fila de heridos y enfermos...
¡Ni una lágrima, ni un grito,
ni un suspiro, ni un consuelo!
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