Pólvora sola

Sinesio Delgado · Capítulo 15 de 63

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Pólvora sola

La Batalla

 

NADA al enemigo abate!

La lucha se recrudece

y la tierra se estremece

con el fragor del combate.

Allá, en el ala derecha,

truena la fusilería;

avanza una compañía

y retrocede deshecha.

¡Vuelta al ataque! ¡otro amago!

¡más arrojo! ¡más estruendo!

¡y van sin cesar creciendo

la mortandad y el estrago!

Siempre el ejército halla

ruda y fiera obstinación

en dos casitas que son

el foco de la batalla.

Blancas, humildes, pequeñas,

unidas por unas bardas

parecen dos abutardas

descansando entre las breñas.

Y Gil al pie de un cañón,

impasible al parecer,

puede apenas contener

en el pecho el corazón.

Y se comprende en seguida:

¡de aquellas dos casas, una

es suya, y otra de Bruna,

su amor, su sueño, su vida!

Juntos crecieron allí

y se amaron sin saber...

¡siente impulsos de correr

al peligro!—¡Tatatí!

¡Alto el fuego! la corneta.

Se agrupan los pelotones

¡y allá van seis batallones

cargando á la bayoneta!

El choque es breve y sangriento;

la columna, rechazada,

huye deshecha y diezmada

para volver al momento.

—¡A ver esa batería!

¡aquellas chozas abajo!—

Y comienza su trabajo

destructor la artillería.

El pobre Gil, loco y ciego,

no se da cuenta de sí.

—¡Ese cañón! ¿qué hace ahí?

¡á escape, á romper el fuego!

Amor, familia y hogar...

¡Gil no dispara! ¡imposible!...

La ordenanza es inflexible,

¡ó morir, ó disparar!

Prende mecha, tiende el brazo,

el cabo le hace una seña,

y al rechinar la cureña

suena el primer cañonazo.

Después... tiembla de emoción;

pálido, convulso, frío,

exclama:—¡Gracias, Dios mío!—

y cae al pie del cañón.

Fiero dolor le traspasa,

pero el amor ha triunfado.

El proyectil ha estallado

¡pero ha estallado en su casa!

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(¡Vano arranque juvenil!

¡caprichos de la fortuna!

Al caer la bomba... ¡Bruna

estaba en casa de Gil!)

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