Pólvora sola

Sinesio Delgado · Capítulo 3 de 63

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Pólvora sola

Microcosmos

 

Esto es lo que acordaron tres infusorios.

BARTRINA.

ERA la nebulosa

que, para hacer un cuento, saco á plaza,

del tamaño de un grano de mostaza

y, como es consiguiente, poca cosa.

En espacios sin límites perdida,

llevaba en sus moléculas señales

del germen de la vida,

como los otros mundos colosales

que ocupan la región desconocida.

La tocó del espíritu el aliento;

prestóla forma y consistencia el frío;

tuvo atmósfera, y luz, y movimiento,

y desde aquel momento

una bolita más cruzó el vacío.

Brotó por todos lados

un enjambre de seres bien formados,

y de cuya estructura

me es imposible haceros el diseño,

porque la descripción y la pintura

tienen su non plus ultra en lo pequeño.

El caso es que una raza

que, como las demás, salió del barro,

llegó á ser en el grano de mostaza

la dueña del cotarro.

¡Qué modo de avanzar! ¡Cuánto progreso!

Un sabio profesor de astronomía,

persona de gran seso,

gritó en un ateneo cierto día:

—¡No hay nada más allá! ¡Todo está dicho!

Hizo el Ser Creador, potente y justo,

el mundo que habitáis, por el capricho

de darnos ese gusto.

Y esos soles que véis, inmensas moles

que brillan en la atmósfera azulada,

nos deben importar tres caracoles.

¡Es cosa averiguada

que son para nosotros esos soles!

Y cuando esto se acabe,

porque el Supremo Ser lo haya querido,

entonces... ¡ya se sabe!

¡toda la Creación ha concluído!

......................................

En esto un huracán, allá en Vulcano,

de la arena menuda nube espesa

levanta, y atraviesa

la línea de atracción, un solo grano,

que cae como una maza

encima del granito de mostaza.

¡Qué hecatombe, Dios mío!

las moléculas ¡ay! se disgregaron...

(Y navegan los mundos que quedaron

por el piélago inmenso del vacío.)

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