Pólvora sola
¡Caballos!
I
EN la pelea indecisa
de la metralla al abrigo,
formó el cuadro á toda prisa
el ejército enemigo.
Mucho ruido de cornetas;
por centro, nueve cañones;
por lados, las bayonetas
de catorce batallones.
Mucha rabia en los soldados:
el fuerte reducto en ruínas,
y entre los puños crispados
temblando las carabinas.
¡Formidable y silenciosa
muralla de carne y hierro!
..........................
Cesó entonces la espantosa
fusilería en el cerro;
en las trompetas doradas
vibró el himno de agonía;
formó en filas apretadas
la inquieta caballería;
rayos de luz arrancaron
al sol los limpios aceros,
y á la carga se arrojaron
tiradores y lanceros.
¡Sus! Ya van los escuadrones
á destrozar la muralla.
Se abre el cuadro, los cañones
lanzan la roja metralla;
nuevas filas al momento
cubren los anchos boquetes,
y queda un montón sangriento
de caballos y jinetes.
Vuelta á la carga! ¡Adelante!
No logra romper el muro
el martilleo incesante,
siempre firme, siempre duro.
Hasta que un caballo overo,
rotos freno y correaje,
quebranta el bosque de acero,
relinchando de coraje.
Un sargento le espolea,
y sin darse cuenta, ataca,
y el bridón salta, patea,
destruye, abolla y machaca.
Cuando el bruto fué en el pecho
de un bayonetazo herido,
el cuadro estaba deshecho
y el combate decidido.
¡Honra fué para el valiente
que despreció la metralla
ascender á subteniente
sobre el campo de batalla!
II
—¡Caballos!—grita la gente
furiosa, por todos lados,
enseñando al Presidente
los puños enarbolados.
Seis jamelgos ¡ahí es nada!
han entregado la piel,
y aún muge la fiera airada
en medio del redondel.
Van á clavarle en la testa
las banderillas... ¡Atrás!
¡Es un toro que se presta!
¡Más caballos! ¡Quiere más!
Todo el público amenaza
al primer banderillero,
y un picador sale á plaza
montando un caballo overo.
Vuela el toro, le arremete,
el rudo golpe asegura,
y van caballo y jinete
á metro y medio de altura.
De loca alegría esclavo
saluda el vulgo á la fiera
y un Teniente grita:—¡Bravo!—
de pie en la contrabarrera.
Agonizante el overo
vuelve la vista al Teniente,
y como «adiós» postrimero
cae murmurando:—¡Indecente!
___________
OceanofPDF.com