Pólvora sola

Sinesio Delgado · Capítulo 39 de 63

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Pólvora sola

Á un Postergado

 

YA me tiene usté molido

con tantas lamentaciones,

y ya no quiero más quejas,

y ya no aguanto más voces.

Si es usted y ha sido siempre

un pedazo de alcornoque,

¿quién diablos tiene la culpa

de que la suerte le azote?

¿Que el mundo es necio? ¡Mentira!

De sobra el mundo conoce

lo que cada cual merece,

y da lo que corresponde.

¿Que hay genios desconocidos

y talentazos enormes,

á quienes nadie protege

y á quienes todos se oponen?

¡Ríase usted de los tontos

que hacen correr esas voces!

¿Que hay envidias? ¡Si la envidia

favorece más que roe!

¿Que hay obstáculos? ¡Pues claro!

¡como que es lógico el choque!

En la mesa de la vida

están justas las raciones,

y el que quiere asiento, tiene

que ganarlo como un hombre.

Vamos á ver, un ejemplo:

Usted es mísero, y pobre, y desgraciado, ¿verdad?

Bueno; pues ¿qué condiciones

tiene usted para no serlo?

Ninguna. Usted es un zote

que no ha trabajado nunca

ni de niño ni de joven

ni sabe hacer otra cosa

que mendigar protecciones.

¿Que tiene usted hecho un drama

que rueda entre bastidores?

¡Pues bueno será el dramita

cuando nunca se lo ponen!

¿Que en los diarios le admiten

sólo con tal que no cobre?

¡Como que el sueldo es sagrado

y no está bien que se robe!

¡Infeliz! usted fastidia

á empresarios y editores,

y ninguno le hace caso

y sus súplicas desoyen.

Usted piensa que les guían

malévolas intenciones,

y no se le ocurre nunca

que es usted sólo el fantoche.

¡Mire usted que tiene gracia

suponer que todo el orbe

se ocupa en alzar murallas

á ver si el genio las rompe!

Supongamos que es usted

un sastre de primer orden.

¿Piensa usted que va á decir

la gente:—¡Qué lindo corte!

¿es buen sastre? ¡pues no quiero

que me haga los pantalones!?—

¡Al contrario, criatura,

se irán al que mejor cose!

Pues así es todo; al que vale

el mundo no le pospone...

No es esto decir de plano

que á veces no se equivoque,

y que pasen por lumbreras

un montón de monigotes,

¿pero que el que lo merece

no se dé á luz?... ¡Vamos, hombre!

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