Pólvora sola
Á un Postergado
YA me tiene usté molido
con tantas lamentaciones,
y ya no quiero más quejas,
y ya no aguanto más voces.
Si es usted y ha sido siempre
un pedazo de alcornoque,
¿quién diablos tiene la culpa
de que la suerte le azote?
¿Que el mundo es necio? ¡Mentira!
De sobra el mundo conoce
lo que cada cual merece,
y da lo que corresponde.
¿Que hay genios desconocidos
y talentazos enormes,
á quienes nadie protege
y á quienes todos se oponen?
¡Ríase usted de los tontos
que hacen correr esas voces!
¿Que hay envidias? ¡Si la envidia
favorece más que roe!
¿Que hay obstáculos? ¡Pues claro!
¡como que es lógico el choque!
En la mesa de la vida
están justas las raciones,
y el que quiere asiento, tiene
que ganarlo como un hombre.
Vamos á ver, un ejemplo:
Usted es mísero, y pobre, y desgraciado, ¿verdad?
Bueno; pues ¿qué condiciones
tiene usted para no serlo?
Ninguna. Usted es un zote
que no ha trabajado nunca
ni de niño ni de joven
ni sabe hacer otra cosa
que mendigar protecciones.
¿Que tiene usted hecho un drama
que rueda entre bastidores?
¡Pues bueno será el dramita
cuando nunca se lo ponen!
¿Que en los diarios le admiten
sólo con tal que no cobre?
¡Como que el sueldo es sagrado
y no está bien que se robe!
¡Infeliz! usted fastidia
á empresarios y editores,
y ninguno le hace caso
y sus súplicas desoyen.
Usted piensa que les guían
malévolas intenciones,
y no se le ocurre nunca
que es usted sólo el fantoche.
¡Mire usted que tiene gracia
suponer que todo el orbe
se ocupa en alzar murallas
á ver si el genio las rompe!
Supongamos que es usted
un sastre de primer orden.
¿Piensa usted que va á decir
la gente:—¡Qué lindo corte!
¿es buen sastre? ¡pues no quiero
que me haga los pantalones!?—
¡Al contrario, criatura,
se irán al que mejor cose!
Pues así es todo; al que vale
el mundo no le pospone...
No es esto decir de plano
que á veces no se equivoque,
y que pasen por lumbreras
un montón de monigotes,
¿pero que el que lo merece
no se dé á luz?... ¡Vamos, hombre!
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