Tierra de dioses
Capítulo 10. Una lección magistral
CAPÍTULO 10
UNA LECCIÓN MAGISTRAL
El profesor Michael Phil se quedó observándome con sus ojos azul claros, agazapados tras unas doradas gafas redondas.
—No es frecuente encontrar gente interesada en los pueblos etíopes. No, en verdad que no lo es. ¡Que curioso! ¿Así que ustedes están elaborando un trabajo sobre la campaña de Abisinia de Mussolini…? Es cierto que aquello influyó mucho en lo que ocurriría después en el país, pero si me permiten…, comencemos por el principio.
El profesor bebió un largo sorbo del café que Grazia acababa de preparar. Era un hombre alto, con la piel manchada por el sol, como si hubiera estado viviendo muchos años en el trópico. Se había prestado amistosamente a ayudarnos, aunque nos advirtió que al día siguiente debía volver a Londres.
—La primera vez que estuve en Abisinia o Etiopía fue hace treinta y cinco años, en 1941. Era muy joven entonces, pero a pesar de mi juventud me encontraba alistado en el III Cuerpo Expedicionario Inglés, que estaba intentando mantener la Base de Aden como el lugar estratégico que era para nuestro país y pueden creerme si les aseguro que para ello no se regateaban esfuerzos. Recuerdo que fuimos aerotransportados hasta Mombasa para integrarnos en las tropas de Cunningham y desde allí, penetramos en la Somalia italiana, tomando Mogadiscio el 24 de febrero. Posteriormente, en un avance muy rápido, a primeros de abril, llegamos a entrar en Addis Abeba. Apenas un mes después el duque de Aosta capituló y Etiopía quedó libre de los italianos.
»Debo reconocer, sin duda alguna, que fueron los guerrilleros amhara los que nos facilitaron aquellas victorias. Odiaban a los italianos y por alguna razón confiaban en nosotros…, culturalmente tal vez era una paradoja, porque los italianos debían ser gente más cercana, pero ya no se fiaban de sus promesas y lo único que querían era que abandonaran el país lo antes posible.
»Allí aprendí mis primeras lecciones sobre aquellas gentes. Eran increíblemente distinguidos, incluso los que se encontraban en la mayor miseria. Su forma de caminar, de moverse, de ser, les confería una peculiar nobleza. Eran orgullosos, muy resistentes, capaces de correr si era preciso durante horas y horas sin apenas alimentarse ni beber… Pero aquel carácter tenía también su parte oscura, pues podían llegar a demostrar una refinada crueldad con los enemigos que caían en sus manos. Tal vez más que de crueldad se debería hablar de su forma ancestral de entender la guerra. Desdichados los que eran capturados, pues sufrían atroces suplicios que casi siempre culminaban en la pérdida de sus atributos viriles e inevitablemente morían desangrados. Muchos centenares de soldados italianos dejaron así su vida en aquella absurda campaña de conquista…, para hacer creer a Mussolini que también él era un victorioso emperador romano.
»Pero la única y verdadera dinastía era la que pretendían conquistar. En efecto, Haile Selassie, el último rey de reyes, mantenía que su linaje se remontaba hasta Salomón y la reina de Saba, con más de tres mil años de antigüedad. Me gustaría hacerles un pequeño resumen si me lo permiten. Si tienen conmigo un poco de paciencia les esbozaré la interesantísima historia de ese bello país, para que puedan entender como llegaron hasta allí los italianos fascistas de Mussolini.
»La realidad de la historia mantiene que los Habasa, una importante tribu semita procedente del Yemen, fue imponiéndose a las tribus negras autóctonas y ubicó su capital en Aksum, una bella ciudad situada a más de dos mil metros de altura, adoptando su rey el solemne título de rey de reyes…, de ahí viene el sobrenombre de Negus, pues eso es exactamente lo que significa. Fue una época de conquistas y comercio, casi siempre a través de mercaderes árabes, que traían sedas, tejidos, especias, objetos elaborados en Persia y en la India, y en contraprestación, les compraban el marfil, el oro, incluso piedras preciosas que iban llegando del interior de África. En el siglo IV de nuestra era, San Frumencio, un monje enviado por el patriarca de Alejandría, trajo el cristianismo, eso sí, el mismo de la iglesia egipcia, es decir, monofisita, doctrina que solo reconoce una naturaleza individual en el Verbo encarnado, negando las dos naturalezas de Cristo, divina y humana. Indudablemente, aquello era una herejía para Roma. Les diré que desde 1959 es una iglesia autónoma y tiene su propio metropolitano.
»Pues bien, todo transcurrió dentro de un proceso continuado hasta la derrota de los aksumitas en Arabia y su expulsión de aquellas tierras. La posterior llegada del islam lo cambió todo. Mucho más tarde, ya en el siglo X, el reino de Aksum desapareció, dando lugar a una nueva dinastía de origen agaw y hubo violentas luchas hasta que llegó Yekuno Amlak en 1270, representando de nuevo a la dinastía que se remontaba a Salomón.
»A partir de entonces las luchas entre musulmanes y cristianos no cesaron. También contra los negros no cristianizados o incluso unos extraños judíos, los falashas, que según la tradición habían emigrado desde el norte, durante la disputa entre Rehoboam, el primogénito del rey Salomón, rey de Judá, y Jeroboam, el hijo de Nebat, rey de Israel. Se cuenta que la tribu de Dan prefirió emigrar hacia Egipto para no tener que tomar partido. Más tarde exploraron el sur y encontraron ricas tierras con agua abundante. Habían llegado a lo que hoy llamamos Etiopía, en efecto ya el profeta Isaías mencionó que en Cush, como se conocía el país entonces, vivían judíos.
»El vínculo entre los que habitaban en Egipto y los que se establecieron en Abisinia se mantuvo por largo tiempo, poco a poco fueron estableciéndose en la región del lago Tana y probablemente algunos indígenas se convirtieron al judaísmo. Sus costumbres, religión y forma de entender la vida los hizo diferentes y de ahí el apelativo falasha, es decir, el extranjero, el extraño. Como en otros lugares del mundo fueron objeto de persecuciones, de hostilidad, pero ellos supieron resistir hasta hoy. Judith, reina de los falashas, se sublevó contra la dinastía cristiana e inició la guerra de iglesias y monasterios. Durante casi cuatro siglos los judíos fueron gente influyente hasta que a mediados del siglo XIII, la dinastía de Menelik volvió al poder. A partir de entonces comenzó una larga época de represión contra los judíos, que resistieron una y otra vez. A pesar de las aniquilaciones, deportaciones y desgracias, siguieron manteniendo estoicamente su fe.
»Así fue como en Abisinia se encontraron las tres grandes religiones, cristianos, musulmanes y judíos, pugnando por su identidad, transformando aquellas inaccesibles montañas en irreductibles fortalezas de su fe.
»Fueron los portugueses los que ayudaron a los reyes cristianos a librarse de los musulmanes en 1541. Cristovao de Gama estaba convencido de encontrarse frente al legendario Preste Juan, el rey de un imperio fabuloso que llegaba hasta el corazón del África negra.
»Por aquellos años comenzaron a llegar los Galla, unas tribus paganas, animistas, que aprovechando las circunstancias fueron estableciéndose en todo el reino. Mientras, los misioneros católicos que habían llegado de la mano de los portugueses, creyeron tener fácil la conversión de aquellos cristianos a los que consideraban herejes debido a su monofisismo, pero se encontraron con una fe profundamente arraigada. Estallaron graves desórdenes y al final el catolicismo se prohibió y los misioneros tuvieron que abandonar el país.
»Los señores feudales aprovecharon la larguísima era de revueltas para hacerse con grandes parcelas de poder, en una corte repleta de intrigas y traiciones, en los que los Galla se habían infiltrado.
»Pero no fue hasta el siglo XIX, cuando un guerrero perteneciente a una importante familia de jefes de Kuwara, se hizo coronar como el emperador Teodoro II, tomando como rehén al heredero también de nombre Menelik y ahí comenzó una época de hostilidades, guerras tribales, insurrecciones, hasta que Teodoro tuvo que suicidarse y subió al trono otro jefe del Tigré, con el nombre de Juan IV, al tiempo que Menelik lograba escapar.
»Pasaron dos años y de nuevo aparece la amenaza del inevitable hombre blanco. Cuando se abre el Canal de Suez, comienzan en realidad las ambiciones europeas. Francia se instaló en Djibouti en 1885, y los italianos en Aseb en 1882 y tres años más tarde en Mitsiwa.
»Pero Juan IV negoció la ayuda de los británicos, que se hallaban en Aden desde 1839 y quiso atraerse al heredero de la dinastía Menelik. Ahí comenzó en realidad el problema, cuando los italianos proveyeron de armas y ayuda logística al príncipe, que logró grandes victorias y se coronó tras la muerte de Juan IV, como el emperador Metemma, tras expulsar a los mahdies.
»Fue el ras Makonnen el que le convenció para firmar el Tratado de Ucciali en 1939, por el que los italianos entraban en posesión de Eritrea, pudiendo según sus cláusulas expandirse hasta Asmara, a cambio de reconocer a Metemma como único y verdadero emperador de Etiopía.
»La ambición desmedida de los italianos rompió los acuerdos y terminó con la batalla de Adua, en la que los etíopes masacraron a las tropas del general Baratieri. Aquello se consideró en Italia una afrenta nacional ¿cómo era posible que un pueblo pobre y primitivo hubiese logrado tal victoria sobre una poderosa nación europea?
»A pesar de que el tratado de Addis Abeba imponía a los italianos la soberanía etíope, aquellos siguieron tramando con franceses y británicos, hasta que entre las tres naciones se realizó un reparto, de lo que eufemísticamente se llamaron zonas de influencia, lo que en realidad significaba una enorme amenaza para la unidad del país.
»Comenzó un largo drama en el interior de la familia real, cuando Menelik sufrió un ataque de hemiplejia y tuvo que ceder el poder a su hijo Yassu, entonces menor de edad, que se vio inmediatamente dominado por la emperatriz Taitu.
»Aquí entró en escena el ras Tafari, hijo del ras Makonnen, que depuso a Yassu, nombrando emperatriz a Zawditu, hija primogénita de Menelik. Fue proclamado Negus en 1928, durante un golpe de estado, y en 1930, a la muerte de Zawditu, fue designado emperador con el nombre de Haile Selassie, haciéndose con el poder real.
»Pero los italianos seguían apoyándose en la Convención de 1906 para reclamar el control del enorme territorio entre Eritrea y Somalia. El incidente de Wal-Wal, probablemente provocado por los fascistas, proporcionó el pretexto para la invasión italiana el 3 de octubre de 1935, y el emperador tuvo que refugiarse en Gran Bretaña hasta 1942, año en que volvió a recuperar su independencia, aunque la ocupación británica no terminó hasta 1954. Fue Haile Selassie el que consiguió la integración de Eritrea en 1952 y diez años más tarde su total anexión. Ese fue el enorme error que ocasionó la guerra de liberación que junto a la difícil modernización del país y a la problemática creada por las identidades étnicas, llevaron a Etiopía a una crisis total, que aún no ha acabado, y lo que es peor, nadie sabe como terminará.
El profesor Phil chasqueó los labios, como si se sintiera disgustado por la situación.
—Los etíopes merecen un mejor destino. Son como antes he comentado unas gentes nobles. Tanto cristianos, musulmanes, como paganos. Aquella es una tierra durísima que forja a sus habitantes…, como podrán comprobar si la visitan. También es una tierra de misterios, de magia, de mitos y leyendas. La tierra de Punt, Cush, el Preste Juan, El Arca de la Alianza, Salomón y la reina de Saba, un país cristiano en el continente negro, rodeado de musulmanes…, el nacimiento del Nilo Azul, las montañas nevadas en el trópico, muchas de ellas con alturas superiores a los cuatro mil metros, inaccesibles y misteriosas. Sí, indudablemente Etiopía es un país singular…, muy singular, que aún guarda grandes secretos.
»Recuerdo lo que me dijo un amigo etíope cuando le pregunté si era cristiano. Permítame que repita sus palabras, son sumamente descriptivas.
»—“¡Claro que estoy bautizado!” —dijo mientras me observaba con curiosidad, no exenta de ironía—. “Verá, mi nombre es Juan Ronit Meham y me bautizaron en la catedral de Addis Abeba, porque mi padre había sido uno de los jefes de la caballería del Negus. Murió en Adua luchando contra los italianos. Ellos llegaron aquí convencidos de que podrían engañarnos y de que les cambiaríamos el país por cuatro abalorios. ¡No habían comprendido nada! Deberían saber que ante Dios todos los hombres somos iguales, y su Dios es el mismo que el nuestro, su iglesia es muy parecida a la nuestra y su honor no es más grande que el nuestro. Tenemos la piel más oscura porque aquí el sol está más cerca, pero nuestra dignidad es tan grande como la suya. La riqueza de un país no se mide con las medidas que quieren implantar los europeos, que deberían saber que el que es rico hoy será pobre mañana y que el que es feliz hoy, sufrirá mañana, porque todos dependemos de Dios y sus designios no podemos entenderlos.
»En Adua los italianos encontraron lo que se merecían. Una lección de dignidad. En la campaña de Mussolini la historia puso a cada uno en su lugar. Mire, los etíopes, no solo los que estamos bautizados, hemos sido educados en el respeto por los demás. Amamos nuestro gran país, que es como un pequeño universo; aquí tenemos playas y costas, ríos enormes, lagos como mares, montañas que llegan al cielo, bosques, selvas, desiertos y campos cultivados, espacios infinitos, también leones, panteras, hienas, hipopótamos y cocodrilos. Águilas y pájaros de increíbles colores. Dios fue generoso con nosotros y nos ha hecho fuertes y capaces; simplemente no conocemos el cansancio, podemos ir corriendo distancias enormes y siempre llegamos frescos a nuestra meta.
»Como sabe, nuestro símbolo es un león coronado abrazando una cruz. Solo queremos que nos devuelvan el mismo respeto con el que nosotros tratamos a los demás. Solo eso”.
»En cuanto a usted, profesor Marsala, —prosiguió Phil— tengo entendido que su padre desapareció durante la campaña del treinta y seis…, hace cuarenta años…, más o menos la edad que usted tiene. Como les decía, en ese lapso de tiempo el mundo ha cambiado radicalmente, pero en el interior de las mesetas y las enormes cordilleras de Etiopía, creo que las cosas siguen siendo muy parecidas… Es curioso…, realmente curioso, y lo que sí le agradecería es que cuando haya escrito esa historia, me haga llegar una copia, porque tengo mucho interés en conocer el final.
El profesor Phil se despidió deseándonos suerte en nuestras investigaciones, mientras me quedaba pensando que de tarde en tarde no venía mal una lección de historia.