Amnesia
Capítulo 38
Era una tarde de mucha actividad en el campus y creímos que localizar a Alex
no sería sencillo; sin embargo, lo divisamos a la salida del curso de
comportamiento animal con relativa sencillez. Al vernos el chico aceleró el
paso pero la marea de alumnos le impidió avanzar.
—Es sólo un minuto —dijo Maggie siguiéndole el paso.
—Tengo prisa.
Yo me mantuve en todo momento a un par de metros, las manos en los
bolsillos.
—¿Sois policías? —dijo Alex mirando en todas direcciones.
—No somos policías, por Dios. ¿Podemos hablar contigo un segundo?
—No tengo nada que hablar con vosotros.
Salimos del edificio y Alex enfiló por un camino lateral, mucho menos
transitado que los otros. Maggie le dijo una y otra vez que si se detenía
podríamos explicárselo todo, pero Alex no parecía dispuesto a ceder.
Llegamos a un aparcamiento y allí lo intercepté. Era un chico menudo y no
tenía intenciones de intimidarle, por lo que adopté el tono más conciliador
posible.
—Escucha, Alex, no somos policías. Simplemente conocíamos a Stuart y
queremos saber algunas cosas. Déjanos explicarte.
Por lo menos conseguí que se detuviera. Dudó un momento.
—Os escucho —dijo finalmente.
—Somos de Carnival Falls —dijo Maggie—. John también ha soñado con
la chica de la gargantilla. Como Stuart y como tú.
—Entonces la conocéis.
Maggie y yo nos miramos. Nuestro desconcierto fue advertido de
inmediato por Stuart. Íbamos a perderlo si no decíamos algo más.
—Sabemos que Meditek está detrás —dijo ella.
Mi amiga se jugó un pleno y acertó. Alex desvió la mirada durante un
brevísimo instante y ese gesto lo delató.
—Meditek, el laboratorio… sabes de qué te hablo —contraatacó Maggie.
—Por supuesto. —Alex negaba con la cabeza mientras cambiaba el peso
de una pierna a la otra. Parecía indeciso. Nos señaló un sitio más apartado—.
Vamos allí.
Caminamos en silencio hasta unos parterres con bordillo en donde
podríamos sentarnos. Maggie y él lo hicieron, yo permanecí de pie. Me sentía
conmocionado. Alex prácticamente nos acababa de confirmar que la chica era
real y no una simple alucinación mía. ¿Estaría muerta? ¿Qué tenía que ver
Meditek en todo el asunto?
—No conocéis a Paula, me he dado cuenta.
Paula.
—¿Quién es Paula? —preguntó Maggie.
—La chica de la gargantilla —dijo Alex con impaciencia—. Trabaja en
Meditek.
Las piernas se me aflojaron. Si había una pieza que no esperaba era la que
acababa de caer en su sitio. Si la chica de la gargantilla —Paula— trabajaba
en Meditek, Mark tenía que saberlo. A mi hermano no le había mostrado el
retrato pero sí le había proporcionado una descripción.
—No quiero tener nada que ver con esto —dijo Alex—. Se lo dije
claramente a Stuart en su momento. No digo que esté muerto por esto, pero es
una coincidencia de mierda. Así que os diré lo que sé, que es casi nada, y no
os quiero volver a ver.
—Es justo.
—Lo digo en serio. ¿Trato hecho?
—Sí —dijo Maggie con resolución. Ni ella ni yo sabíamos si podríamos
cumplir con esa promesa.
Alex asintió. Pareció reunir el valor suficiente para hablar.
—Empecé a tener sueños recurrentes con la chica. Sueños de mierda. Se
lo conté a una amiga y resulta que ella conocía a Stuart, con el que yo había
hablado un par de veces pero nada más. Stuart estaba obsesionado con la
chica, quería averiguar a toda costa quién era. Esos días nos unieron, porque
reconozco que un poco me contagió, y además Stuart era un tipo muy majo.
Supusimos que conocíamos a la chica de alguna parte; probablemente del
campus. Pero después nos dimos cuenta de que si sólo él y yo la conocíamos,
entonces tenía que ser de otra parte. Y así empezamos a hablar de nuestras
rutinas y de lo que habíamos hecho en el último tiempo, y entonces fue
sencillo. Nos dimos cuenta de que ambos habíamos hecho unas pruebas de
mierda para Meditek.
Alex me señaló con la cabeza en clara alusión a que yo sabía
perfectamente de qué nos hablaba. Y era lógico, porque el chico estaba
asumiendo que yo también había participado en esas pruebas.
—Fuimos al laboratorio —prosiguió Alex con pesar—. No sé qué
esperábamos encontrar. De las pruebas no recordábamos casi nada así que
empezamos a especular disparates. Estábamos llegando cuando nos
encontramos con ella por casualidad, con Paula, estaba allí, de carne y hueso,
cruzando la calle en dirección al laboratorio. Stuart se le acercó y hablaron un
momento; de alguna forma consiguió que ella le dijera que su nombre era
Paula Marrel. Stuart le dijo que la buscaría en Instagram.
—Paula Marrel —dijo Maggie como si temiera olvidarse del nombre.
—Al día siguiente le pregunté a Stuart si había hablado con ella y me dijo
que sí, que sabía que la chica trabajaba en la parte de seguridad informática de
Meditek pero no mucho más, que ella hablaba a sus tiempos. Me dijo también
que estaba convencido de que las pruebas de Meditek tenían un propósito
oculto y que seguro que podríamos chantajearlos y pedirles mucho dinero.
Alex lo estaba soltando todo. Advertí cómo a medida que hablaba parecía
sacarse un peso de encima. Ni Maggie ni yo lo interrumpimos. Era demasiada
información.
—Yo me desentendí por completo, lo juro —dijo Alex—. No quise saber
nada. Nunca hablé con la chica y Stuart siguió por su cuenta. Le dije que lo
que tenían planeado era una estupidez, que iba a meterse en problemas,
incluso en la universidad, porque él tenía una beca y Meditek tiene una
especie de convenio.
—¿Y crees que lo de la motocicleta no ha sido un accidente?
Alex apretó los labios. Llenó de aire los pulmones y lo soltó de golpe.
—No lo sé, supongo que perdió el equilibrio, como dijo la policía. Sólo
digo que es sospechoso. Así que, yo que vosotros, lo dejaría aquí. Si
pensabais demandar a esos tipos o algo, yo me olvidaría de ello.
Se levantó.
—Alex, espera… —empezó Maggie.
—No —Alex habló con una seguridad que no había mostrado hasta ese
momento—. Podría no haberos dicho nada, pero os lo he contado todo
porque, si pensabais hacer lo mismo que Stuart y esa chica, es mejor que os
echéis para atrás. Yo hasta aquí he llegado.