Amnesia

Federico Axat · Apéndice

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Amnesia

Agradecimientos

 

En la medianoche del 1 de abril de 2016, mi hermana Ana me llamó por

teléfono para avisarme de que nuestro padre estaba hospitalizado. Había

sufrido una descompensación a raíz del tratamiento de quimioterapia que

estaba llevando adelante. Hacía poco tiempo le habían diagnosticado un

cáncer de lengua descubierto muy tempranamente, por lo que las perspectivas

de recuperación eran altas. Yo estaba a una hora de viaje de mi ciudad natal,

de modo que le pregunté a Ana si creía necesario que fuera a ver a mi padre

en ese momento. Me respondió que no, que él estaba fuera de peligro,

consciente y hablando con ellos con normalidad, y que podría visitarlo al día

siguiente.

Un rato después volvió a sonar el teléfono. Mi hermana lloraba. «Se

murió, Fede.»

A las tres de la madrugada viajé a mi ciudad, inmerso en ese loop de

incredulidad y tristeza que nos atrapa cuando nos deja un ser querido. El

comienzo de este libro ya estaba en mi cabeza en ese tiempo, pero fue durante

ese viaje cuando terminó de gestarse. La historia llegó, así de repente. Mi

padre está presente en este libro de diversas formas, se ha colado en muchos

personajes con pequeños gestos y costumbres que muchos reconocerán.

Mi padre fue una de las personas que más me animó y se enorgulleció con

cada pequeño logro en mi carrera. Mis hermanos me contaron que el día de su

internación le dijo a todos los doctores y enfermeros que su hijo era escritor y

que tenían que leer La última salida. A una de las enfermeras incluso le anotó

el título en un papel para que no se le olvidara.

Gracias, pa. Gracias por tu ejemplo.

Ese mismo año, casi como una ley de compensación universal, llegó a mi

vida una mujer extraordinaria, a quien amo y admiro, que no sólo me entendió

cada vez que necesité horas para la materialización de Amnesia, sino que

además aportó ideas que se abrieron paso en la historia. Gracias, Sole. ¡Somos

equipo!

Esta novela no sería lo que es sin el invaluable aporte de Maria Cardona,

mi agente, que con sus numerosas lecturas fue capaz de marcarme el camino correcto. Gracias, Maria. A ésta casi te la aprendes de memoria.

Todo el equipo de la agencia literaria Pontas ha sido de gran ayuda. Anna

Soler, por supuesto, pero también Marina, Ricard y Leticia. A ellos, toda mi

gratitud.

A mis amigos Ariel Bosi y Guillermo Ramundo, que me apoyan desde el

primer momento, y a María Laura Ganzó, que leyó el manuscrito original en

tiempo récord y me dio su valiosa opinión.

Y por supuesto a mi madre, Luz, y a mis hermanos, Ana y Gero. Gracias

por todo.