Bodas de luto
50. Por el momento
A la noche Mamen y yo acompañamos a Mariluz a su casa. No le hacía mucha gracia aparecer sola ante sus padres. No era para menos. No es habitual tenerles dos días sin noticias y al tercero ser portada del telediario y los periódicos.
—Dime, Mariluz, si no te importa —le preguntó Mamen al cabo de un rato en silencio—, ¿el liarte con Quique surgió así de pronto o fue una decisión bien pensada?
—Las dos cosas…
—Explícate mejor.
—Primero fue algo impulsivo, sí. Pero enseguida también razonado.
Pensamos que, para los dos, por diversos motivos, era el momento de dejarse llevar, de no reprimirse, de hacer una locura. Lo hablamos antes de hacerlo.
—¿Pensabais en ese momento en una aventura o en algo definitivo?
—En un primer momento en una aventura ocasional. Pero no me consideréis una frívola. En otras cosas a lo mejor sí, pero en temas de amor no, te lo aseguro. Ni que no me importase hacer o no daño a Jaime, tampoco soy tan egoísta. Pero supe enseguida que lo que sentía de pronto por Quique era muy fuerte, no un simple deseo de correrme una juerga. Y
qué quieres que te diga, si crees que es una cosa muy importante para tu vida, pues lo primero es pensar en ti y no dejar que pase de largo. Además, en principio, no tenía Jaime por qué enterarse y tampoco le haría, por tanto, daño.
—Has dicho en un primer momento —dije yo.
—Sí. Porque luego decidimos que nos quedaríamos juntos uno o dos días más. No solo porque lo estábamos pasando muy bien, sino porque queríamos comprobar si la atracción que sentíamos, nuestro deseo de estar juntos podía ser algo duradero; con un par de días juntos podíamos hablar de todo, convivir intensamente, conocernos mejor y así estar seguros de si podíamos tener una larga relación.
—¿Y habíais llegado ya a alguna conclusión?
—Estábamos hablándolo cuando llegasteis…
—Pero tú lo tenías ya más o menos decidido…
—Sí. Seguir con Quique y dejar a Jaime. Pero antes quería quedar con él como si nada hubiese ocurrido y luego, un poco más tarde, si veía que yo no cambiaba de opinión, tomar la decisión definitiva.
Estuvimos un rato sin decir nada ninguno de los tres. Luego rompió el silencio Mariluz:
—Sé que queréis preguntarme por algo de la cornisa, pero no sabéis si ahora es oportuno…
—Si ya tenías decidido seguir con Quique, ¿lo de ahí arriba ha sido todo un teatro?
—No, por Dios, de teatro nada, ha sido la experiencia más potente y más auténtica de mi vida. Por eso lo que ha pasado es que se ha puesto de nuevo el contador a cero, el contador de mi vida.
—¿Y cuál ha sido la nueva decisión, si la hay?
—La verdad es que a mitad de mi conversación con ellos me he dado cuenta de que no iba a sacar de allí ninguna deducción que valiese la pena.
Mi situación de peligro condicionaba todas sus manifestaciones, porque al temer por mi seguridad no iban a decirme nunca ninguno nada que me contrariase. Pero tampoco eran fiables sus manifestaciones por otras razones. Si Quique parecía más cariñoso y me dedicaba más palabras de amor era también porque se sentía culpable de la situación. Por el contrario, si Jaime las evitaba era porque se sentía humillado por mí y debía mantener bien alta su dignidad. Entonces… —Se echó a reír.
—¿Entonces?
—Vi desde la cornisa llegar en coche a los padres de Quique y de Jaime.
El de Quique venía en un Renault 5 y el de Jaime en un Mercedes. Así que
me dije, mira, chica, dentro de toda esta confusión lo que está claro es que el amor sobre las ruedas de un Mercedes anda mejor. Así que he decidido volver con Jaime. Al menos…
—Por el momento —dijimos riendo los tres a la vez.
—Así que te gustan los Mercedes.
—Pues presumía hasta ayer de que no me importaba el dinero, pero he cambiado de opinión. Se piensa muy deprisa y se ven muchas cosas con los pies sobre el vacío. Pero no es solo por eso. He llegado también a la conclusión de que como Quique se siente culpable no se va a quedar tranquilo si no recibe un castigo. Y por el contrario, como Jaime se siente humillado necesita un desagravio. Por eso creo que volver con él es la decisión correcta. Al menos…
—Por el momento —otra vez los tres riendo a la vez.
—Vaya con Mariluz, no imaginaba yo que bajo esas minifaldas y ese pelo loco viviese una mente tan deductiva y tan manipuladora de los hombres.
—Os juro que yo no era así. Todo es consecuencia de asomarse al vacío.
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