Bodas de luto
58. Duermevela
Fui a dormir ese día a casa de Mamen. Ya no valían la pena las precauciones. Tan pronto se metió en la cama me cubrió de besos y caricias hasta que me quedé medio dormido. Me di cuenta de que primero ella buscaba también que yo la abrazase y le dijese de esa forma cariñosa aquí estoy contigo, aquí me tienes para sostenerte en todo lo que necesites, no tienes que preocuparte por nada. Luego fue ella la que parecía decirme, si tú me ayudas en tantas cosas como necesito de ti nunca te faltarán mi amor y mis caricias. Y se lo oí decir tan claramente como si hubieran salido las palabras de su boca.
Un poco después ella se levantó. Le oí hablar un rato con su amiga Olga. Escuchaba las palabras al fondo, pero con total claridad. Y con un eco particular. Seguramente por el almohadón sobre mi oreja o por un incipiente duermevela.
—Él no sabe de verdad lo mucho que le quiero.
—Si no se lo dices…
—Quizás me da miedo que lo sepa… De todas formas, no puedo decírselo con palabras, no puedo. No sé si lo entiende con los besos… Trato de decírselo cuando le miro…
—Yo creo que sí lo entiende…
—A veces responde a mis miradas con unos ojos muy ricos de carnero embobado —dice mientras se ríe.
—Mamen…
—Es verdad, cuando se deja querer pone una cara y unos ojos como tontitos, pero que a mí me gustan. En lugar de la reacción de otros hombres
de sentirse envalentonado al verse querido, la de Andrés es como de un poco de vergüenza, como si pensase que no se lo merece.
—¿Y por qué dices que te da miedo que lo sepa?
—Me da miedo que sepa «todo» lo que realmente le quiero. Me ha enganchado de tal manera que no sé si podría pasar ya sin él… A veces por la noche me despierto, él está dormido, le miro cómo respira, le veo regañándome por las tonterías que hago, le veo andando de esa forma tan inconfundible, dando tumbos —sonríe—, le veo de esa manera tan franca y tierna que tiene de abrazarme… ¿y sabes?, me estremezco, me pongo a llorar como una tonta y le digo muy bajito, muy bajito, sin que me oiga: «te quiero un montón, me moriría por ti».
—Mujer…
—En serio, es algo muy fuerte. También durante el día, a veces, cuando estoy con él, se me acelera el pulso de pronto, sin motivo aparente, y siento que le quiero como a nada en el mundo. No me había ocurrido nunca. Ni parecido siquiera.
—Qué suerte, hija. ¿Y no se lo vas a decir nunca? ¿No le vas a decir que estás loca por él como una Julieta?
—Te ríes de mí…
—No. Perdóname, Mamen, es una broma.
—No creo que se lo diga… Me da vergüenza. Y sobre todo miedo.
—¿Vergüenza? ¿Miedo? No te entiendo.
—Me da mucho miedo que me deje, no sé si lo soportaría. Me da miedo que para él sea solo un amor de vacaciones. Me da miedo que si le digo lo que siento se ría de mí. O peor, que lo vea todo tan hecho que ya pierda interés…
—¿Y él te dice a ti lo que te quiere, te declara su amor?
—En eso es poco hablador, como yo. Y cuando lo hace esconde un poco el rostro, lo que, por otro lado, me encanta. Me lo dice sobre todo en las cosas que hace y cómo las hace.
—Nunca sobran las palabras, no hay cosa más bonita que oír decir que te quieren. Aunque no sea del todo verdad… Pero lo peor, Mamen, es que sea verdad y no lo digas…
—Sí, qué le vamos a hacer…
—¿Por qué no vas ahora mismo a despertarle y se lo dices?
—¿Ahora…?
—¡Ahora mismo!
—¿Cómo le voy a despertar ahora en su primer sueño?
—No creo que se vaya a molestar porque le digas que te mueres por sus huesos.
—Sí… Dame otra copa a ver si me animo.
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