Bodas de luto
78. Garbanzos
Había estado trabajando toda la mañana para ir cerrando la investigación.
Por la tarde hablé con mi hermano Carlos y mi amigo Moncho en relación a su viaje a Almería para acompañarme a la boda. Les reservé también habitaciones en el mismo hotel donde yo me alojaba. Por la tarde me presenté en la comisaría.
Requejo no perdió un segundo tras saludarnos y empezó a contarme:
—Hace unos meses un grupo de jóvenes ejecutivos de esos que ganan al menos diez veces más que usted o yo, decidieron ganarse un dinero extra invirtiendo en la importación de un barco de garbanzos de Méjico. La mujer de uno de estos ejecutivos tenía familia en ese país y buenos contactos con un almacenista de legumbres y cereales. Explicó a sus amigos y socios la bondad de la inversión:
«Más del 80 % de las importaciones de garbanzos de Méjico las realiza la multinacional Gordon Fruits Company, que paga una miseria a los agricultores mejicanos y cuando esos mismos garbanzos se ponen a la venta en España han multiplicado casi quince veces su precio. Nosotros podemos pagar un precio menos abusivo a los productores mejicanos y venderlos a un mayorista español a mejor precio del que lo hace Gordon Fruits. Tras pagar los gastos del transporte en barco y otros de aduanas y descarga nos quedará un beneficio mínimo del doble de lo invertido. Y si no surge ningún imprevisto podemos ganar hasta el triple de lo que ponga cada uno.
Además, contribuimos a un comercio más justo».
Requejo tomó unos tragos de una botella de agua y continuó contando:
—Las claves del negocio estaban en conocer a un suministrador mejicano y controlar bien el asunto del transporte en barco y trámites en el puerto. Asuntos que estaban solventados por la familia mejicana del promotor del negocio y porque otro de los socios trabajaba precisamente en una empresa de transporte marítimo. Un tercer socio que era jefe de compras de una gran superficie tenía los contactos de los almacenistas y mayoristas de legumbres en España. Así que el negocio no tenía ningún riesgo. Reunieron el dinero, compraron los garbanzos, alquilaron el barco, los cargaron en Veracruz y hace poco más de un mes el buque llegó a Cádiz.
Mientras el barco esperaba anclado en la bahía la inspección sanitaria y el permiso para descargar contactaron con un mayorista español acordando un precio de 3,95 pesetas el kilo de garbanzos. La operación parecía cerrada.
—Pero… —dije yo.
—Pero pasan quince días y el inspector sanitario no se ha presentado.
Empiezan a ponerse nerviosos porque los garbanzos no pueden estar en los tanques del barco demasiado tiempo. El calor y la inmovilidad hace que relativamente pronto empiecen a incubar gusanos. Un poco después se pone en contacto con los inversores un ejecutivo de Gordon Fruits Company y les ofrece 2,25 pesetas por kilo, garantizándoles que con su influencia el inspector se presentará muy pronto en el barco. Los jóvenes inversores claman indignados que eso les huele a chantaje. Cuando les informan de que el inspector asignado es el que habitualmente trabaja con Gordon Fruits ya no tienen dudas. Hablan con un almacenista de Almería, acuerdan con él un precio de 3 pesetas por kilo y dos o tres días más tarde el barco de los garbanzos atraca en el puerto de Almería.
—Pero… —vuelvo a decir.
—Pero el inspector sanitario de Almería tiene un accidente y no puede presentarse en el barco. Solo hay aquí dos inspectores y el segundo, casualmente, está de baja. Entonces el ejecutivo de Gordon Fruits se presenta en Almería, les ofrece un precio de 1,90 pesetas por kilo diciendo que ellos traerían un inspector de Cádiz para suplir a los de Almería.
Indignados los jóvenes vuelven a hablar con el almacenista de Almería y le dicen que si él mismo gestiona lo de traer otro inspector de otro puerto le dejan los garbanzos en 2,50 por kilo. Acepta.
—Pero… —vuelvo a decir.
—Pero dos días después llama y dice que su mujer ha sufrido un accidente y que no pueden cerrar la operación. Desesperados llaman al ejecutivo de Gordon Fruits Company y le dicen que aceptan el precio de 1,90 por kilo. Se citan para una reunión en el hotel más caro de Almería…
—Pero… —repito de nuevo.
—Pero el ejecutivo americano dice que esa era la oferta de dos días atrás. Que su oferta de ahora es de 1,40 por kilo. Los jóvenes abandonan ofendidos el hotel. Sin embargo, el capitán del barco les dice al día siguiente que dos de los tanques empiezan a oler y que hay que descargar los garbanzos sea como sea o en pocos días toda la carga se habrá echado a perder. Por lo que se citan de nuevo con el ejecutivo de Gordon Fruits para el día siguiente.
—Pero…
—Pero el ejecutivo dice que el precio de 1,40 era el de ayer, que ahora el precio solo puede ser el de 1 peseta por kilo. Saben que si se niegan, al día siguiente será menos. Y por lo del olor no pueden esperar más. Así que aceptan el precio y firman el contrato.
—Pero…
—Por las prisas y la indignación no han leído la letra pequeña del contrato, que dice que por seguridad los garbanzos serán de nuevo desinfectados y que estos gastos como los de la limpieza de los tanques del buque serán por cuenta del vendedor. Y los garbanzos que no sean útiles para el consumo humano se destinarán a piensos al precio de 0,25 el kilo…
—De modo que los ingenuos jóvenes inversores que creían tan fácil burlar un monopolio a lo mejor terminan incluso pagando dinero a la multinacional.
—No se puede descartar… —dijo Requejo.
—Y ya imagino cuál es el papel de Santos y Ricardo en todo este asunto: los accidentes casuales, la baja por enfermedad…
—Y seguramente también el sabotaje de los dos tanques que empezaron a oler mal. Hemos comprobado que acreditados como inspectores privados de la multinacional visitaron esos mismos tanques dos días antes…
—¿Tiene pruebas para detenerles?
—No estoy seguro…
—¿Y para demandar a la multinacional?
—Eso imposible. Santos cobra a porcentaje sobre el cargamento.
Aunque demostrara que ellos han provocado los accidentes, Gordon Fruits alegaría que lo hicieron por su cuenta para asegurarse la comisión. Algo que, por otro lado, tampoco hay que descartar…
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