Bodas de luto
56. Zipo
Requejo localizó enseguida a Zipo y el grupo de camellos con los que se movía. Uno de sus hombres lo siguió de cerca y no tardaron en llegar los resultados. Al segundo día Zipo entró en el Hospital de la Esperanza y en un descansillo de una escalera de emergencia fue detenido cuando suministraba metadona a Luis. Las ampollas que portaba pertenecían, sin ninguna duda, al lote desaparecido días antes del hospital. La dirección del centro decidió dar a Luis el alta ese mismo día por su consumo de metadona estando internado, citándole para revisiones de los diferentes especialistas en los días siguientes. De todas formas, la evolución de sus heridas había ido bien y pensaban darle el alta pronto. Pero ese mismo día Luis sufrió un nuevo desprendimiento parcial de retina y tuvo que ser operado de inmediato otra vez, quedándose ingresado en el hospital en absoluto reposo a la espera de su evolución.
Los hechos habían ocurrido de manera parecida a como Requejo había imaginado. Desde hacía un par de años y como una forma más de poner algún remedio a la ola de drogadicción que estaba sufriendo Almería, el Hospital de la Esperanza había puesto en marcha un programa de rehabilitación sustituyendo la heroína por dosis controladas de metadona junto a otro programa paralelo de salud y ejercicio físico. El propio Luis y por iniciativa de Mamen fue de los primeros en participar en este programa.
De modo que Luis sabía bien dónde se suministraban las dosis diarias, en la planta baja, y dónde estaba el almacén de medicamentos: una planta más arriba y cerca de los quirófanos. Cuando Luis pidió a Zipo unas dosis de
«alimento» o unas pastillas de consolación y este se negó si no había pasta
por delante le ofreció ser socios en un plan. Él le diría dónde estaba la metadona y a qué horas no había gente que pudiera verles y Zipo buscaba a un manitas en abrir puertas y entre los dos se llevaban toda la metadona que había en el hospital. Luis cogió dos batas verdes y una blanca del carro de la ropa sucia para pasar más desapercibidos y una tarde de sábado llevaron a cabo el robo con total limpieza y sin que nadie se diera cuenta hasta el lunes siguiente.
Zipo, tanto para no delatar a su compinche como para vengarse de Mamen, que imaginaba era la persona que había dado su nombre a la policía, declaró que fue ella quien le abrió con la llave la puerta del almacén de medicamentos. Requejo sabía, por las marcas en la cerradura, que la puerta había sido abierta con las herramientas que usan los cerrajeros y ladrones, pero la dirección del hospital, que tenía constancia de otro episodio confuso anterior de Mamen también relacionado con la metadona cuando Luis llevaba a cabo el programa, le abrió un expediente. Ese incidente anterior había sido proporcionar a Luis metadona por su cuenta fuera del horario y forma prevista dentro del programa de rehabilitación.
Mientras se llevaba a cabo una investigación interna se le prohibió entrar en quirófanos y tener acceso a cualquier tipo de medicamento. El sinvergüenza de Luis, para mantener su buena relación con Zipo y su grupo de camellos, no salió en defensa de Mamen, sino que se mantuvo en que él no había tenido nada que ver con el robo y que no sabía cómo habían abierto la puerta del almacén.
Mamen se llevó un disgusto de muerte y estuvo todo un día llorando.
No era para menos. Si el informe interno no dejaba totalmente claro que no estaba relacionada con el robo podían incluso expulsarla. Yo confiaba en que Requejo diera pronto con el compinche de Zipo y confesara que había abierto la puerta.
—¿Cómo se te ocurrió dar metadona a Luis? Ese precedente puede ser nefasto —le dije.
—No alteré la dosis prevista. Había estado enfermo y no pudo venir por la mañana. Exageran el problema… —se excusó llorando.
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