Bodas de luto

Rafael Alcazar · Capítulo 95 de 101

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Bodas de luto

85. Un contrato

No quise cenar con Carlos y Moncho. Me encerré solo en mi habitación del hotel. Recordé en ese momento la cena encargada en Casa Pedro, Los Escullos. Casi no me salían las palabras:

—María, no hay cena… No ha habido boda…

—¿Qué ha pasado?

—No ha aparecido la novia…

—¡Jesús! La maldición de los Frailes… —dijo María con voz asustada.

Me tumbé en la cama. No podía con mi cuerpo. Un poco después llamó Eva:

—Hola… Lo siento mucho…

—Gracias.

—Tengo que enseñarte algo que he encontrado en la habitación de Mamen…

—No quiero saber nada de ella…

—Te harás preguntas…

—Bueno…

—Déjame que me acerque a verte…

—Está bien…

Colgué. Me tumbé de nuevo. No sabía ni lo que había dicho a Eva ni lo que me había comentado ella exactamente. Pero en su voz había notado calor. Y yo debía de necesitar eso.

La escuché llamar a la puerta un rato después. Nos abrazamos en cuanto entró en la habitación y yo me eché a llorar al instante. Pero el contacto con

un cuerpo humano, y más si era el de una mujer, resultaba muy confortante.

—Pobre… —me dijo mientras limpiaba mis lágrimas con sus dedos.

Nos sentamos en la cama. Su vestido dejaba ver unas rodillas desnudas muy bonitas. Abrió su bolso. Desdobló un documento. Era un contrato de alquiler de un apartamento en la playa de El Palmeral firmado por Mamen y en el que aparecía Luis también como usuario.

—Lo encontró Olga en su comodín.

—Me dijo que Luis se iba a vivir con unos amigos… —balbuceé con el papel a punto de temblar en mis manos.

Me dejé caer sobre la cama. Me sentía ingenuamente estafado. Y

humillado. Eva se quitó los zapatos, se echó a mi lado y me abrazó. No hay como un abrazo para suavizar cualquier dolor. Un poco después ya estábamos quitándonos la ropa. No recuerdo quién fue el primero en empezar.

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