Donde Wenling

Gemma Ruiz · Capítulo 52 de 52

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Donde Wenling

Capítulo 50

 

Llevan vestido las dos. Wenling, de color negro; Xiaolu, verde oliva.

Sandalias de taconcito las dos. Un poco de rímel las dos. Y las dos, la

mascarilla de las manicuras. ¡Venir yo y todo el mundo acordarse de que tiene

pies! Xiaolu se levanta del taburete, suelta su risa y me pega un abrazo.

Wenling no se ríe, está preocupada. Por el restaurante, porque no vamos a ser

puntuales, porque lamenta hacerme esperar… Solo veo una solución,

remangarme. ¡Dame un peto de los vuestros, Wenling! No quiere dármelo

bajo ningún concepto, y tengo que ir yo a abrir el cajón en el que sé que los

guarda. Ya me lo he puesto, no sin un poco de forcejeo. Xiaolu me ayuda a

atármelo y entre las dos le cortamos las protestas. Desde el otro lado de la

mesita nos devuelve la pelota en forma de dos pares de guantes atados, ¡zas!

Y mucho cuidado, ¡tú tiene manicura!, ¡tú cabeza loca! Sí, completamente

loca: he vuelto a las andadas. Ahora que hasta me pelo yo sola en casa como

los quintos, ahora que ya había dado pasaporte a los vestidos yanquis, que me

había pasado a los pantalones, que me había deshecho de las incomodidades y

los adornos, y que había tirado todo el maquillaje, ahora echaba de menos un

buen fardo de la feminidad, ya ves lo que son las cosas. Quien nos entienda

que nos compre, ¿verdad? Me calo la doble capa de látex para que no se me

levante el rojo sangre de mis uñas, y sobre todo es para complacer a Wenling.

Porque nada de maniobras temerarias para mí. Yo solo sirvo para cambiar el

agua de las palanganas, secar pies, quitar esmaltes y pasar un poco la lima, no

voy a comprometer su buen nombre. Pero todo ayuda y al cabo de una hora se

puede considerar que tenemos a todas las clientas a punto de caramelo.

Yo quiere lavar pelo, yo suda, ¿hay tiempo? Wenling se quita la

mascarilla y yo llamo al restaurante. ¡Hecho, Wenling, segundo turno! Nos

han cambiado la reserva para las once, tiempo suficiente para lavarte tres

cabezas, ¡si las tuvieras! Y mientras Yang le frota la mollera, Xiaolu y yo nos

contamos las novedades. Que su sobrina ya tiene un año y medio, que ahora

ya la puede dejar sola con su madre, que cuando la llevaron lloraba a lágrima

viva noche y día y ni entre dos podían consolarla. El hermano de Xiaolu vive en Italia, en Prato, y tuvo que hacer lo mismo que ella, lo mismo que

Wenling: ir a Qingtian a llevar a la recién nacida a la abuela-cemento para

que se la criara. La madre de su cuñada era tan viejita que casi no se sostenía

sola, y las custodias de su tesoro tuvieron que ser Xiaolu y su madre. Y yo,

¡otra vez papillas y pañales!, yo que ya no me acordaba… Pobrecita, ahora ya

se ríe. Ahora llora cuando por el teléfono oye a su mamá.

¡Cuidado! Tan guapas, muchos novios, nos dice Yang desde el portal con

los dos niños. ¡Adiós, mama! ¡Adiós, tías!, dicen Haijun y Haitao. ¿Sabías

que tía se dice en China cuando eres como de la familia? Claro, ella amiga-

hermana catalana, ella familia, remata Wenling. Las miro, noto que se me

empañan los ojos y las cojo por un brazo a cada una: Bueno, ¡vamos a regar

emociones! ¿Cuánto hace que no te tomas un buen tinto, Xiaolu? En Qingtian

podría, pero muy caro, hoy, ¡dos botellas!

Y el terceto no ha cruzado ni el primer paso de peatones cuando de pronto

una voz: ¡No te conocía, noia, tan mudada! Es una clienta, la dueña de la

peluquería que hay tres portales más allá. ¡Que os divirtáis mucho, reinas! Y

todavía no hemos arrimado las sillas en el bar de vinos cuando una chica se

levanta disparada: ¡Wenling! ¿Eres tú? ¡Hoy sale con amigas! ¡Qué ilusión

verte!, y le da dos besos. ¡Wenling es más famosa que los que hacen

películas! Ya ves, Xiaolu. Vosotras no ríe, es porque yo ya muchos años aquí,

ella es profesora guardería Haitao primer año, ella ayuda mucho. Y ya viene

el camarero: ¿Qué queréis, chicas? Hummm… ¿hacéis spritz? Sí, todos los

cócteles que queráis, ¿os traigo la carta? ¿En inglés para ellas? No, no hace

falta, somos todas de aquí, y pon un spritz para cada una, por favor.

El color de naranja radiactiva del Aperol siempre impresiona, se quedan

embelesadas. ¿Esto se bebe seguro? Seguro, Wenling, y está riquísimo. Pero

antes, unas fotos, dice Xiaolu. Sacamos el móvil y hacemos lo mismo que

hace ahora todo el mundo antes de cualquier comida: bendecir los alimentos.

Clac, foto de las copazas de spritz en bodegón con el platillo de aceitunas;

clac, foto de una en una; clac, de dos en dos; clac, selfis de tres… Pero el

hielo se va a deshacer más todavía y aguará el combinado, porque no contaba

con los filtros y los de sus Huawei están muy conseguidos. Ahora quedamos

retratadas con morro de gato, ahora llevamos gafas de John Lennon, ahora se

nos hinchan las mejillas, ahora somos ratoncitos… No, así feas, pon guapas,

se queja Wenling. Mira, ¿así? Y tengo que mirar la foto muy de cerca y dos

veces. Muy favorecidas, Xiaolu, pero… un poco raras, ¿no? Claro, ¡es falso!

Hay que reconocer que el filtro beauty es cosa fina, que se nos ve la cara

lustrosa lustrosa. Y falsa a más no poder, claro.

Apuramos el último culo de spritz, y hacia el restaurante con la flojera que

brinda un poco de licor. Xiaolu aprovecha para mandar mensajes de voz a sus

hijos y a Wenling le faltan ojos para todos los encantos que descubre en ese

tramo de Gràcia. Yo siempre quiere como tú: sale de la peluquería, ve cosas

bonitas, pasea… Yo piensa eso nunca pasa a mí y hoy, ¡yo libre como tú!

Hi, menu in English? No, gracias, somos todas de aquí. ¡Ostras qué

pesados, oye! Gente piensa Xiaolu y yo turistas. Ya, Wenling, la gente

piensa… mejor dicho, la gente no piensa. No piensan que seamos amigas

porque todavía hay pocas como nosotras, dice Xiaolu, lo entenderán en

cuanto haya más. ¡Eso!, la secunda Wenling, y ¿aquí qué come?, porque yo

ya no puede más cosa… Claro que sí, aquí unas tapitas y un poco de vino

tinto, tienes que probarlo, aunque solo sean dos dedos. Pedimos que nos abran

un Montsant y que nos traigan lo que más echa en falta Xiaolu de Madrid:

calamares a la romana, ensaladilla rusa, croquetas y tortilla de patatas.

Noche fuera, sin marido… ¡Yo muy feliz! ¡Yo tanto tiempo que ya no

acuerda! Matemático: buena jala, buen asiento, iluminación sutil, música de

fondo, tres amigas… Con una escenografía tan propicia, no hay confidencia

que se resista Y, Wenling, ¿te acuerdas de por qué te casaste con Yang o

tampoco? Jajajaja… Yo no cabeza tan loca, yo sí acuerda. Y Yang no era de

los que más le gustaban. Había unos cuantos que devoraban libros como ella,

y con ellos charlaba muy a gusto. Pero Yang cuando joven, Yang boca muy

dulce, él siempre guapa, siempre cariño, siempre todo para ti… y yo al final

casa con Yang por… por… Cómo se dice… Xiaolu también está pensando y

rebusca en el móvil. ¡Ya lo tengo!, y nos enseña una traducción: el destino.

¿Faltaría algo más por aquí? Pues sí, oye, tráenos unas rebanadas de

chapata con tomate, sisplau. Sí, por favor, ¡que también me gusta mucho!

Xiaolu sigue con el móvil en la mano y nos la presenta: Esta es mi sobrina.

Muy mona, parece poquito Haijun de pequeña… Yo llora mucho cuando

Haijun en Qingtian y Haitao en Taizhou. Xiaolu sabe de lo que habla y dice

que sí, que tragas muchas lágrimas y se pasa muy mal, pero para sacar un

negocio adelante… Y con las abuelas están mejor que en guarderías. Pero sin

madre, a Wenling se le hizo mucho más difícil de soportar. Tener que dejar a

la niña en casa de su padre y al niño en la de su suegra le supuso muchas

noches en blanco, meses y meses. En China una canción dice: Shi shang zhi

you mama hao… Xiaolu se une y me cantan unas estrofas con la cabeza

gacha, muy bajito. Una canción de cuna más triste que el invierno, que más o

menos dice que sin una madre siempre las pasarás muy negras. Pero mi padre

ya más tranquilo cuando Haijun nace. Ya no sale de noche, ya no bebe, ya no pelea… Mi padre cuida Haijun mejor que a mí, yo muy contenta con él, eso

sí.

¿No acabaríamos la botella? ¿Nos lo repartes un poco para cada una?

Gracias. Yo no más, yo no costumbre… Un día es un día y nadie tiene que

conducir, Wenling. Tampoco puede, le falta el examen de práctica, se ríe

burlona Xiaolu. Conducir-coche-viaje a Italia, ¿cuándo, cuándo?, pregunto.

Cuando viejas, dice Wenling. Pero jubiladas no, matiza Xiaolu, ¡mucho antes!

Jajaja, ¿quedamos para dentro de cinco años, chicas? ¡Vale! Y brindamos por

nuestra ruta italiana con capota. Después del trago, Xiaolu quiere saber cómo

nos hicimos amigas. Wenling se apresura a contestar. Cuando ella viene por

primera vez, yo piensa: yo quiere ella vuelve otro día, y ¡ella otro día entra! Y

yo, en cuanto salí por la puerta el primer día, ya quería estar otra vez contigo,

y volví. Xiaolu sonríe y corre a iluminar esa traducción en la pantalla del

móvil. ¿Qué, sino el destino?

Nota del editor digital

[1] Se lo dedico a mi amiga Liu Lingling, gracias por todo lo que he

aprendido. <<

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