Johnny el Guapo
Metamorfosis epidérmica
El reciente estreno de Johnny el Guapo (Johnny Handsome), versión cinematográfica de la presente novela (The Three Worlds of Johnny Handsome), ha devuelto atención a John Godey, escritor no muy prolífico pero aureolado de resonantes éxitos: basta recordar su Pelham Uno Dos Tres (The Taking of Pelham One Two Three), también llevada al cine. En realidad, el verdadero nombre del novelista es Morton Freedgood, con el que firmó la obra fuera del género criminal The Wall-to-Wall Trap en 1957.
Sin embargo (y pese al empleo de otro seudónimo, Stanley Morton, con motivo de su primeriza novela de 1947 Yankee Trader), Freedgood se ha escudado habitualmente con la firma de John Godey, a la que incluso recurrió para su volumen autobiográfico de 1973 The Crime of the Century and Other Misdemeanors; de ahí que, en adelante, nos refiramos a él como John Godey.
Cabe puntualizar asimismo, y en especial para el lector que haya contemplado previamente el filme Johnny el Guapo, que la adaptación cinematográfica de Walter Hill distribuye acentos diversos de los que se escalonan en la novela de Godey. Ésta resulta un nítido ejemplo de la narrativa negra que, a partir de los últimos años sesenta, prolongó las plasmaciones clásicas de la corriente cristalizada con la producción hammettiana. Su realismo, henchido de ánimo y precisión documentalistas y adicto tanto al subgénero de la psicología criminal como al rumbo temático de la descripción minuciosa de la preparación de un atraco, contrasta con el enfoque dado al filme por Hill, que participa del horror gótico y de un efectista y truculento tratamiento de la violencia. Pesan en las diferencias entre novela y filme las propias idiosincrasias de ambos medios de expresión: Godey sugiere, con las palabras, una manifiesta
fealdad del protagonista, mientras que Hill ofrece imágenes de un Johnny monstruoso (quizá con el empeño de justificar que el delincuente, tras la operación de cirugía plástica, no sea reconocido por sus antiguos cómplices).
De todos modos, lo que probablemente ocasiona mayores divergencias reside en el largo tiempo transcurrido desde la publicación de la novela hasta el estreno del filme, diecisiete años. The Three Worlds of Johnny Handsome fue editada (por Random House, con tapa dura) en 1972, cuando la novela negra evolucionaba de forma notoria con respecto a su periodo clásico pero aún no se había sumido en el hiperrealismo sucio de la década de los ochenta que puede advertirse, por ejemplo, en las obras de James Ellroy. Por el contrario, el filme, de 1989, pertenece claramente a la contemporánea trayectoria, sensacionalista y tremebunda, de un thriller que disfruta con el usufructo de los avances técnicos en los efectos especiales y, de acuerdo con determinadas orientaciones, en el maquillaje; la realización de Walter Hill implica, menos que la recreación del lenguaje del cine negro, el culto a los posibles impactos de la fantasmagoría visual. También hay que constatar que la carrera de Godey en la novela criminal se inició inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, en tanto que la de Hill en la dirección cinematográfica se originaría a mediados de los años setenta. Tres décadas separan los arranques de ambas dedicaciones profesionales, e igualmente tres décadas distancian los nacimientos de los dos creadores.
John Godey vio la luz en Brooklyn, Nueva York, en 1912. Después de sus estudios en esta ciudad, sirvió en la infantería del ejército americano desde 1943 a 1946. A su regreso a la vida civil continuó su ejercicio profesional de las relaciones públicas en el ámbito cinematográfico, lo que le condujo a trabajar para distintas compañías, entre ellas United Artists, 20th Century Fox, y Paramount. Quizá se debió a tal dedicación que en 1947 eligiera el seudónimo para firmar su primera novela de tema criminal, La pistola y Mr. Smith (The Gun and Mr. Smith), recuperada, tres decenios más tarde, en nuestras latitudes por Plaza & Janés. Su segunda novela de género, The Blue Hour (1948), obtuvo en cambio cercana edición española, con el título El recibo verde; y se debe precisar que el giro de denominación
no correspondió tan sólo al capricho hispánico, puesto que una nueva edición americana propuso el nombre Killer at His Back y, seguidamente, una londinense se llamó The Next to Die.
Cuatro novelas más de John Godey aparecieron a lo largo de los años cincuenta: The Man in Question (1951, luego The Blonde Betrayer), This Year’s Death (1953, con edición argentina denominada La muerte del año y accedida a nuestras librerías), The Clay Assassin (1959) y finalmente The Fifth House (1960). A continuación, y tras un lustro de silencio, sobrevendría su período de mayor éxito y prestigio, el de A emoción por minuto, Johnny el Guapo, y Pelham Uno Dos Tres; con este libro se completa la edición, por Plaza & Janés, de un trío de obras muy representativo de Godey.
Un actor en paro protagonizaba, en 1966, A emoción por minuto, obra de connotaciones irónicas que coincidió históricamente con el nuevo itinerario, de carácter sarcástico, emprendido por Donald E. Westlake en el marco de la novela negra (un itinerario ya preconizado, desde Europa, por Chester Himes mediante su serie referida a los dos detectives policiales de color en Harlem). Un editor londinense publicó en primer término aquella novela, con el título The Reluctant Assassin; al año siguiente, Simon & Schuster la lanzó en Estados Unidos, ahora bautizada como A Thrill a Minute with Jack Albany; y la versión cinematográfica, debida a Jerry Paris, se llamó en 1968 Never a Dull Moment y obtuvo aquí el mismo título castellano que la novela. La excelente acogida a esta obra hizo que Godey escribiera rápidamente una especie de secuela, aún más burlesca, con el mismo personaje; el título ya indicaba el contenido: Never Put Off till Tomorrow What You Can Kill Today, «no dejes para mañana lo que puedas matar hoy».
A esta obra de 1970 seguiría, dos años después, Johnny el Guapo, que abandonaba el recurso al humor y comportaba tentativas de innovación en la estructura que afloraron de nuevo, en 1973, con Pelham Uno Dos Tres.
Este bestseller sobre el secuestro de un Metro en Nueva York por cuatro individuos y en torno a las caóticas repercusiones en distintas esferas de la urbe (con particular incidencia y significación en cuanto se refería a elevados funcionarios) tuvo inmediata adaptación cinematográfica por
Joseph Sargent y consolidó la fama de Godey. Desde entonces ha publicado Talisman (1976), The Snake (1978), Nella (1981) y Fatal Beauty (1984).
Johnny el Guapo puede parecerse a Pelham Uno Dos Tres en cuanto el relato gira en torno a un «golpe» meticulosamente preparado, pero, según tal punto de vista, encaja mejor con la tradición narrativa de los atracos cuya planificación y ejecución son descritas prolijamente: una sublínea del subgénero de crook stories, o sea, de relatos de delincuentes. Recuérdese, como detonante (literario y cinematográfico) del auge de las narraciones de hold-ups, o «golpes», La jungla de asfalto, y, como novelista con cierta especialización en este tema, a Lionel White, autor de la obra Clean Break, que daría lugar al famoso filme de Stanley Kubrick Atraco perfecto. Más próxima en fecha de aparición a Johnny el Guapo resulta la novela de Donald E. Westlake, firmada con el seudónimo Richard Stark, The Score, uno de los puntos sobresalientes de la serie protagonizada por el delincuente Parker; y algún detalle de Johnny el Guapo, como el previo ataque al cuartel policial con el fin de anular dispositivos básicos de la seguridad urbana, hace pensar en aquella obra de Westlake.
Tres partes sucesivas conforman Johnny el Guapo. Dos (la primera y la tercera) en el presente, y una, intermedia, en el pasado. La referida al pretérito narra la reconversión del rostro del protagonista por un cirujano que considera las deformaciones físicas como fuentes de comportamientos desviados hacia la marginación y el delito y que ensaya sus métodos con reclusos. El médico espera que Johnny, con una nueva y más bien agraciada faz, renuncie al mundo del delito tras abandonar la prisión. Pero, según se ha sabido ya por la primera parte, Johnny regresa a los orígenes. El relato recobra el presente, que está ceñido a la preparación de un atraco a un banco, con un teniente de la policía implicado. Johnny, que tiene cuentas que saldar con sus cómplices, juega la baza de que éstos no puedan ahora reconocerle. Y, mediante una precisión modélica en el desarrollo narrativo, Godey conduce a sus personajes hacia una tragedia colectiva donde late todo tipo de significaciones; entre éstas, que el cirujano no había cambiado al protagonista, sólo le había proporcionado un disfraz.
¿Se habría inspirado también Godey de Westlake y de la serie Parker en lo concerniente a este tema? En 1963 The Man with a Getaway Face narró
el cambio de fisonomía facial de Parker, anterior al atraco de la citada The Score. Sin embargo, mucho más antigua resultaba Senda tenebrosa, de David Goodis, cuyo principal personaje también se veía impelido a que la cirugía transformara su rostro; y la homónima versión cinematográfica, interpretada por Humphrey Bogart, hizo largo hincapié en la espera del protagonista a poder exhibir una segunda faz que le alejara de todo peligro.
En cualquier caso, el ángulo documentalista tomado por John Godey confiere una verista peculiaridad a Johnny el Guapo y sus reflexiones en torno a una epidérmica metamorfosis.
JAVIER COMA
OceanofPDF.com
A Lee Wright
OceanofPDF.com