Katerina
París, 1992
Tumbados en la cama mis brazos alrededor de ella estamos cara a cara sus brazos alrededor de mí apoyando nuestras cabezas en la misma almohada mirándonos fijamente a los ojos abiertos. Louis no está en casa. Es última hora de la tarde aprieta el calor ninguno de los dos lleva nada de ropa, una simple sábana blanca cubre nuestros cuerpos. Se inclina adelante, me besa con suavidad, lame mis labios con la punta de la lengua, me mordisquea juguetona el inferior. Sonrío cuando ella se aparta, hablo.
Buenos días, Katerina.
Buenos días, Jay.
Una manera maravillosa de despertar.
¿Te gusta?
Sí.
¿Quieres más?
Sí.
¿Sí?
Sí.
Sonríe.
Sí.
Sonrío se inclina hacia mí, labios, lenguas, alientos, manos moviéndose, piernas enroscándose en el otro la sábana blanca se escurre me tumba de espaldas se me sube encima me sujeta los brazos me besa el cuello me lame la oreja sus pezones me rozan el pecho duros susurra
¿Te gusta, Jay?
Sí.
¿Quieres más?
Sí.
Sujetándome los brazos lamiéndome la oreja besándome el cuello va bajando susurra
No te muevas.
Me besa el cuello el pecho los pezones los rodea con la lengua me estremezco una oleada de placer me recorre el cuerpo sus labios y lengua en mi vientre más abajo sus manos sobre mi pecho me estremezco el interior de mis muslos me estremezco me toma en su mano habla.
¿Estás listo, Jay?
Sí.
Dímelo.
Estoy listo, Katerina.
Sube y baja lentamente la mano despacio mirándonos a los ojos.
¿Listo para qué?
Para ti.
Para mí.
Sí.
Pasa la lengua muy despacio desde la base hasta la punta me estremezco.
¿Para esto?
Sí.
Di por favor.
Por favor.
Lengua alrededor de la punta miradas encadenadas manos abajo me toma en su boca me estremezco sube y baja despacio miradas encadenadas lentamente.
Arriba.
Lentamente.
Abajo.
Me estremezco.
No aparta la mirada en ningún momento quiero cerrar los ojos perderme en la sensación y el júbilo perderme en sus labios y lengua pero permanecemos encadenados vuelvo a estremecerme una y otra vez sube y baja lentamente me estremezco. Levanta la cabeza sonríe.
¿Así, Jay?
Me encanta.
¿Qué más quieres?
Todo.
Sube, sus manos recorriendo mis brazos, su cuerpo subiendo por mi cuerpo.
¿Todo?
Sí.
Sí.
Sí.
Sí.
Me besa levanta las caderas busca me acerca a ella, baja las caderas estoy al borde casi dentro y la noto mojada casi dentro, casi, habla.
¿Es esto lo que quieres?
Ya lo sabes.
Dímelo.
Sí.
Dime lo que quieres.
Estar dentro de ti.
De mí.
Sí.
Sonríe está por encima de mí sobre mí sujetándome los brazos por las muñecas nuestras miradas encadenadas baja las caderas yo subo las mías y me muevo en su interior cálido y mojado y prieto y calmo y sereno y extático y feliz gimo suavemente ella gime nuestras miradas encadenadas susurra
¿Qué tal, Jay?
Mmmmm.
Baja las caderas más hondo más hondo más hondo sonríe.
¿No dices nada?
Sonrío, niego con la cabeza.
Más abajo, más hondo.
Me encanta sentirte dentro.
Sonrío.
Más bajo.
Más hondo.
Sé bueno, anda.
Sonrío más.
No te corras demasiado rápido.
Más abajo y más hondo hasta que no puede bajar más comienza a mover despacio las caderas los dos gemimos suavemente me sujeta los brazos no puedo moverme pero tampoco quiero, no quiero moverme nunca más. Y no es solo por sentir tan hondo y duro su interior, no es el olor a sexo ni el sudor ni el calor, no es la densa melena roja suelta, no son sus pequeños y preciosos pezones duros y cubiertos de mi saliva, no son sus suaves gemidos como una canción del paraíso, no es su coño el más dulce y prieto y mojado que he tenido el placer absoluto de experimentar, no es que estar dentro de ella haga que me sienta seguro y caliente y feliz y eterno y casi consiga que crea en Dios de lo maravilloso que resulta, no es nada de ello por magnífico que sea, no quiero moverme nunca más por sus ojos. Castaños claros como el cacao están ligeramente abiertos una chispa interior me lanza una luz, a mi corazón y mi mente y mi alma, una luz que se prolonga eternamente sin fin sus ojos sonríen y ríen y cantan y bailan y son la cosa más bonita que he visto en la vida y hacen que crea que la vida no es el montón de mierda humeante que sé que es son tan bonitos, son tan bonitos, son tan bonitos que no quiero volver a moverme.
Sigue moviéndose cada vez más deprisa pero nunca demasiado estoy a punto de correrme una dos tres veces cuatro me contengo no quiero volver a moverme nunca más ni dejar de mirarla a los ojos y quiero permanecer dentro de ella para siempre. Se inclina hacia abajo comienza a besarme su lengua bailando por mis labios bailando con mi lengua me muerde los labios mueve más rápido las caderas más rápido más rápido susurra
Quiero correrme, Jay.
Comienza a frotarse el clítoris con una mano.
Quiero correrme y quiero que te corras.
Más rápido
Labios lengua
Dentro de ella
Quiero correrme.
Su mano en el clítoris
Más rápido
Más rápido
Más rápido
Quiero que te corras.
Más rápido más rápido más rápido más rápido
Respiraciones cortas gemidos ahogados con cada movimiento de sus caderas otro labios y lenguas ella me sujeta empiezo a correrme lo nota arquea la espalda pelo rojo cayéndole por el pecho empiezo a correrme mi polla palpitando dentro de ella noto cómo se le tensa el estómago deja de respirar moviéndose cada vez más rápido más rápido me corro dentro de ella blanco Dios a salvo seguro extasiado blanco Dios exploto Dios feliz Dios se inclina hacia mí sus ojos abiertos luz marrón como el cacao bellos chispeantes bailando cantando no quiero volver a moverme nunca salvo para respirar sonreír gemir nunca.
Nunca.
Nunca.
Se tumba encima de mí sigo empalmado dentro de ella, me besa apoya la cabeza en mi pecho me suelta las manos la abrazo. Está sudando, jadeando igual que yo, sudando y jadeando, manos temblorosas corazón acelerado hormigueo por todo el cuerpo igual que yo. Permanecemos tumbados sin hablar. El sol está alto y se cuela por las cortinas blancas translúcidas de las cristaleras. El mundo fuera se ha despertado, voces, coches, pasos. Huelo su pelo cayendo sobre mi pecho como flores marchitas huelo los restos de su perfume huelo a sexo y orgasmo. Cierro los ojos, nuestras respiraciones se ralentizan, permanecemos tumbados juntos cinco minutos, diez, treinta, no sé cuánto tiempo permanecemos tumbados y abrazados, ella levanta la cabeza y me mira y sonríe.
Tengo algunas normas, Jay.
¿Que no vuelva a correrme dentro?
No, eso me gusta.
¿De verdad?
Mucho.
No quiero tener un crío.
Hace dos años que no tengo la regla. Gajes del oficio. No te preocupes.
Bien.
Las normas.
Vale.
Mis normas.
¿Qué tipo de normas?
Normas para lo que sea que somos.
¿Qué somos?
Amigos.
Bien.
Amigos que follan.
Mejor.
No quiero un novio.
No sirvo para novio.
No me preguntes dónde vivo, no intentes localizarme, no te molestes ni te enfades ni tengas una pataleta si no estoy y no nos vemos.
Bien.
Nunca digas te quiero.
¿Y si lo digo?
¿Qué?
Te quiero.
No me quieres.
¿Cómo lo sabes?
Apenas nos conocemos.
Eso no importa.
A mí sí.
No, no importa.
¿Cómo lo sabes?
Lo sé.
Te equivocas.
Tengo razón.
No.
Nos queremos. Lo sé, lo sabes. No hace falta que lo digamos. Y no lo haré. Nunca. Pero es verdad y ambos lo sabemos.
Se ríe.
Que te den, Jay.
Me río.
Vale, bien.
Hablo en serio.
Lo pillo. Tienes normas. Hablas en serio. Bien.
Se ríe.
¿Te burlas de mí?
Sí.
Te voy a dar.
¿Tú crees?
¿Tú te has mirado hoy en el espejo?
He estado ocupado.
Vuelve a reírse.
Pues das pena.
Sí, me lo noto.
Los próximos días te trataré con mimo.
¿Los próximos días?
¿Anoche no me invitaste a un viaje?
Sí.
Pues entonces los próximos días.
¿Estás diciendo que sí?
Sonríe.
¿Puedo llamar a Philippe y decirle que nos vamos juntos?
Asiente.
Sí.
Sonrío.
Genial.
Pero primero tengo que pasar por casa.
Bien.
Sola.
Lo pillo.
Quedamos en la estación de tren.
Bien.
Pero somos solo amigos, Jay, nada de novios.
No sirvo para novio, Katerina.
De un modo raro y retorcido, sí que sirves.
Si piensas así es que estás aún peor que yo.
Puede ser.
Espero que no.
Nunca se sabe.
Déjame creer lo que quiero creer, que es que eres una tía lista y divertida a la que le gusta el buen arte y lee los libros que hay que leer y tiene opiniones cabronas al respecto, que da los mejores besos del mundo, que folla como los ángeles, y que es la chica más guapa y enrollada que he conocido y, desde luego, con la que me he acostado.
Sonríe, una sonrisa amplia, una sonrisa sincera.
Gracias, Jay. Es lo más bonito que me han dicho nunca.
Tengo el corazón negro, pero a veces canta y a veces brillan estrellas en él.
Se ríe, me da un puñetazo.
Con frases así hasta puede que llegues a ser un escritor famoso.
Voy a incendiar el puto mundo.
Es posible.
Lo haré.
Sonríe, amplia y sinceramente.
Sí, lo harás.
Me besa, un piquito rápido y dulce en los labios, se levanta, se viste. Enciendo un cigarrillo, la observo vestirse, lo cual sé que resulta un tanto inquietante, pero yo estoy jodido de la cabeza y realmente tengo un corazón negro que solo a veces canta y en el que solo a veces brillan estrellas y, como le he dicho, es la chica más guapa que he visto en la vida. Cuando termina vuelve a besarme, otro piquito rápido y dulce.
¿Qué estación?
Gare de Lyon.
¿Doce y media?
Sí.
Nos vemos allí, Escritor.
Nos vemos allí, Modelo.
Sonríe.
Se va.
Me siento en la cama y me fumo un cigarrillo.
Mi corazón negro, negro.
Canta.
Brilla.