Katerina
París, 1993
Llevo la llave en el bolsillo voy y vengo a mi antojo. Katerina está ocupada es la Semana de la Moda desfila en siete pasarelas acude a reuniones entre una y otra le esperan dos campañas importantes está estresada y nerviosa no come y se mete coca. Cuando la veo está tensa habla muy deprisa contándome tonterías que en realidad no entiendo andares bolsos books salidas avances citaciones citas concertadas repertorios vestidoras estilistas agentes maquilladores se siente al mismo tiempo increíblemente excitada y completamente desgraciada. Va corriendo todo el día de un desfile a una reunión a una cita a una prueba de vestuario, por la noche va a fiestas con otras modelos otra gente de la moda salen de discotecas a bailar, beber, esnifar, desfasar. Yo voy a lo mío y la dejo hacer leo y escribo y paseo y deambulo, me siento en cafés hojeo libros en la Shakespeare and Company voy al Polly a tomar una copa o dos o tres o cuatro. Omer se alegra de verme, los otros habituales están borrachos y no parecen reparar en mí o no les importa. Normalmente estoy dormido cuando Katerina vuelve a casa, está contenta y borracha y quiere sexo y tontear, me cuenta cuánto me ha echado de menos y los grandes titulares de su jornada, la escucho y sonrío e intento mostrarme entusiasmado y apoyarla le digo que me tiene fascinado y estoy muy orgulloso de ella que para mí es la supermodelo número uno del mundo.
Me gusta el apartamento de Katerina pero echo de menos el mío, aunque en comparación sea un tugurio, se pasa por la tarde me da un beso rápido me dice que la noche promete que llegará muy muy tarde quizá por la mañana. Le digo que probablemente duerma en mi piso porque hace semanas que no voy, dice que vale me da otro beso sale corriendo por la puerta me voy caminando a casa. Louis está allí bebiendo vino con un par de amigos, me ducho me arreglo un poco me cambio me uno a ellos. Beben vino mucho mejor que el que yo bebo, entienden de regiones y viñedos y productores y añadas, lo que me dan es un tinto y está delicioso, yo lo único que sé es que si contiene alcohol me lo bebo. Van a ir al Banana dicen que será una gran noche Louis asegura que la Semana de la Moda es como la Super Bowl francesa gay, solo que dura una semana y se repite dos veces al año. Quieren que los acompañe no tengo nada más que hacer hace frío y cae aguanieve nos apretujamos en un taxi y cruzamos el Sena.
Hay una gran muchedumbre a las puertas del Banana, la clientela rebosa hasta la calle, la música atruena los bajos retumban, si las noches normales la gente se esfuerza en vestir bien para ir al Banana, se diría que hoy han puesto aún mayor empeño, lentejuelas vestidos de noche sombreros a lo Carmen Miranda zapatos con plataformas de veinticinco centímetros es un festín para la vista, para los sentidos, ridículo y magnífico. Avanzamos entre el gentío Louis dice que uno de sus amigos tiene mesa los encontramos, nosotros somos cinco hay tres sillas vacías, botellas y vasos por doquier. Hay gente hablando y cantando, bailando abrazándose besándose, en mesas en plataformas en la barra en todas partes. Louis me presenta a sus amigos todos trabajan en moda uno me pregunta si soy el novio de Katerina me río y digo que sí. Dice que acaba de irse, que estaba aquí con un tal Jean-Luc que dirige una marca de moda italiana, estaban con un grupo de gente que trabaja para él y un puñado de modelos. Jean-Luc se burlaba de ella por lo de su nuevo novio, un escritor americano sin un centavo llamado Jay, Katerina le replicaba diciéndole que lo que pasaba era que estaba celoso. Sonrío, le digo que es una lástima no haber coincidido, aunque en realidad no es cierto. Katerina está ocupada en sus cosas, con su gente, no quiero entrometerme, parecería que intento vigilarla o buscarla o ver qué hace o controlarla. Quiero que se divierta. Está trabajando durísimo y necesita un poco de diversión, aliviar tensiones, desfogarse. Está ocupada en sus cosas con su gente, yo voy a lo mío.
Me tomo dos o tres copas me meto una raya en el lavabo es coca buena, pura, bien cortada se me acelera el ritmo cardíaco, me pongo en plan alegre y charlatán en el mundo de la moda circula droga buena. Veo a mi antigua pareja de magreo Stijn me propone enrollarnos de nuevo me río y digo que no, está con mi otra pareja de magreo Melanie me propone enrollarnos de nuevo y digo que sí pero que tengo novia y me sentiría un capullo. Se ríe y responde que si rompo vaya a buscarla porque se lo pasó muy bien, le doy las gracias y coincido en que estuvo bien, muy bien. Veo a Louis ha conocido a un ayudante de diseñador joven y guapo llamado Karim tiene el pelo negro y la piel aceitunada Louis está borracho y colocado me dice que se ha enamorado. Me río y le respondo que me alegro por él me pide si puede tener el apartamento para él solo esta noche, llevo conmigo la llave del de Katerina digo que por supuesto. Me tomo dos o tres copas más nada de coca quiero leer un rato antes de dormir despertarme mañana sintiéndome humano. Le doy las gracias a Louis por haberme sacado le digo que lo he pasado en grande me escabullo la noche es negra y fría sin luna, me pierdo en la oscuridad.
El Banana está cerca de Le Marais así que es un paseo corto de diez o quizá quince minutos abro la puerta del edificio subo por las escaleras abro la puerta del piso de Katerina entro. El vestido que llevaba la última vez que la vi está tirado en el suelo un poco más allá, al lado de un traje de hombre. Los oigo en el dormitorio. La oigo gemir, oigo al hombre hablar en francés. Mi corazón empieza a golpear golpear golpear, siento náuseas, ganas de volarme los sesos, quiero dormirme y no despertar jamás. Sé que debería dar media vuelta y marcharme, pero avanzo, camino hacia el dormitorio, quiero ver lo que está pasando, ya estoy destrozado mi corazón desbocado está roto quiero que me destruyan sé que necesito ver camino hacia el dormitorio.
Entro en el dormitorio, me tiembla todo el cuerpo, manos piernas brazos hombros, noto cómo me tiemblan los muslos cómo me tiemblan los labios cómo me tiembla el corazón, el corazón roto va a salírseme del pecho. Entro en el dormitorio. Está tumbada en la cama abierta de piernas. Hay un hombre encima de ella de cara a mí con la cabeza entre sus piernas veo sus labios y su lengua sobre ella dentro de ella. La cara de ella está entre las piernas de él veo su boca subiendo y bajando devorándolo lamiéndolo y chupándolo. Me quedo mirando no puedo moverme estoy temblando me tiembla todo el cuerpo no puedo creer lo que estoy viendo pero sé que es real, estoy temblando me tiembla todo el cuerpo. El hombre intuye mi presencia, levanta la vista y me sonríe. Sabe quién soy. Le he visto antes. Hace no sé cuántos meses estaba en el Musée d’Orsay con ella me burlé de él porque no sabía una mierda de Olympia, le he visto antes. Me sonríe estoy temblando. Quiero matarlo pero estoy demasiado dolido para moverme, demasiado roto demasiado impactado y demasiado destrozado me sonríe tiemblo. Me llevo la mano al bolsillo saco la llave de Katerina, la llave que ella me dio, la llave que creía que significaba que me quería, saco la llave. El hombre vuelve a bajar mirándome a los ojos y la lame la oigo gemir quiero matarlo. Tiro la llave al suelo. Ella oye el ruido el chasquido metálico la veo mirar alrededor y verme mientras doy media vuelta y salgo del dormitorio, la oigo gritar mi nombre mientras cruzo el salón, la oigo otra vez mientras cruzo la puerta la oigo gritar mi nombre mientras salgo por la puta puerta. Bajo corriendo las escaleras no quiero verla ni hablar con ella ya nada importa ya nada importa una puta mierda oigo la puerta abrirse detrás de mí oigo mi nombre Jay Jay Jay.
Salgo del edificio Jay salgo a la noche Jay está oscuro y frío sin luna oigo mi nombre Jay me escabullo.
Está frío y oscuro.
Sin luna.
Ya nada importa ya nada importa una puta mierda.
Oigo mi nombre.
Jay.
Me escabullo.
En la oscuridad.
En la noche.