Katerina

James Frey · Capítulo 36 de 37

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Katerina

Londres y París y Londres y Estados Unidos, 1993

 

Suena el teléfono contesto, es Philippe.

Hey, Jay, hijoputa.

Me río.

¿Qué pasa, Phil?

Tienes que volver.

¿Me echas de menos?

Un poco, pero no es por eso.

Me largo a América, tío. No voy a volver a París.

Me lo debes.

Probablemente.

Katerina está en pie de guerra. Se le ha ido la olla. Va a todos nuestros viejos antros a acosar al personal, dice que necesita verte.

Dile que no sabes dónde estoy.

Ya se lo he dicho.

¿Y?

Se rio y me llamó puto mentiroso.

Es lista.

Tienes que volver. Solo un día. Habla con ella.

No.

Le daré tu número y tu dirección en Londres.

No, por favor.

Me lo debes. Es tu mierda. Ven a recogerla.

Tiene gracia viniendo de un basurero.

Se ríe dice ven por favor quiere poder ir a los bares y beber tranquilo le digo que iré una noche a ver qué quiere Katerina tranquilizarla y pedirle que lo deje en paz. Colgamos.

Dos días después es sábado me despierto hacia mediodía y me ducho voy al aeropuerto salen vuelos baratos cada hora. Vuelo a París cojo un tren hasta la ciudad voy caminando desde la gare adoro las gares francesas voy caminando desde la gare a La Comédie. Entro y me siento Petra está trabajando me sirve un whisky sonríe y habla.

Hola.

Hola.

Creía que te habías marchado.

Así es.

¿Has vuelto de visita?

Me han dicho que Katerina me está buscando.

No la he visto mucho últimamente.

¿Por qué?

Ella va a lo suyo y yo a lo mío.

¿Os habéis peleado?

Tuvimos una discusión filosófica que no acabó bien.

Lo siento.

Cosas que pasan.

¿Me haces un favor?

Tal vez.

Dile que estoy aquí.

Claro.

Petra se dirige al teléfono de la pared de detrás de la barra descuelga marca habla un momento cuelga. Regresa.

Vendrá dentro de unos minutos.

Gracias.

¿Alguna cosa más?

¿Una copa de champán para ella?

Se ríe.

Claro.

Sirve una copa no es un champán bueno pero tiene burbujas, deja la copa frente al taburete de al lado del mío. Doy sorbos a mi whisky y espero, estoy nervioso y asustado porque voy a verla, me tiemblan las manos y el corazón me late con fuerza me pregunto qué querrá qué es tan importante. La quiero pero no voy a volver. No quiero que volvamos me tiemblan las manos y el corazón me late con fuerza, doy sorbos a mi whisky pero no me ayuda.

Oigo abrirse la puerta me giro ella entra me ve sonríe, es una sonrisa triste y desolada levanta una mano. Sonrío triste y desolado y levanto una mano la veo caminar hacia mí. Lleva vaqueros y deportivas un suéter grande de lana blanca y gruesa, sin maquillaje, el pelo recogido en una coleta me duele verla las emociones me abruman, amor y lujuria y pena y dolor, lo divertida que es, lo rara e interesante que es, su confianza y su inteligencia, lo mucho más guapa que está sin maquillar. Gira su taburete hacia mí, giro el mío hacia ella, se sienta y habla.

Hola.

Hola.

Te he pedido una copa.

La aparta.

Estoy bien.

¿De verdad?

De verdad.

Me han dicho que me buscabas.

¿Philippe, Omer o Louis?

Philippe.

No sabía quién sabía dónde estabas, así que recurrí a todo el mundo.

Solo Philippe.

¿Sigues en Francia?

No.

¿Dónde vives?

Ahora estoy aquí, he venido a verte. ¿Qué necesitas?

No sé cómo decirlo.

Sí lo sabes.

No.

Creo que nunca he conocido a nadie que sepa decir lo que quiere decir tan bien como tú, Katerina.

Sonríe.

Gracias.

Así que dilo.

Me mira, se le borra la sonrisa, veo que le cuesta hablar, le tiembla el labio, me mira, me mira a los ojos castaño claro como el cacao y verde pálido mira dentro de mí duele, habla.

Estoy embarazada.

Me quedo mudo impactado emocionado asustado.

De poco más de dos meses.

Castaño claro en verde pálido, dentro de mí, sus ojos y sus palabras, dentro de mí.

Quiero tenerlo.

Esbozo una sonrisa tenue y conmocionada de todas las cosas que esperaba escuchar y considerar no se me había ocurrido que una pudiera ser un hijo, un embarazo, un bebé, una vida creada por nosotros dos juntos. No sé si abrazarla o gritar de alegría o llorar o chillar o huir, la miro nuestras miradas se encadenan hablo.

¿Cómo?

No lo sé.

Pensaba que tú nunca…

No, nunca.

¿Entonces?

La última noche. Cuando te fuiste.

¿Estás segura?

Sí.

¿Y qué hay de…?

No me lo follé. Hace mucho tiempo que no follamos, desde el día que te vimos en el museo, y ya entonces lo hice pensando en ti.

Me río.

No estoy seguro de que eso haga que me caiga mejor.

Lo siento, Jay. Lo siento mucho.

No tienes que disculparte más. Ya está, es agua pasada.

Gracias.

Y creo que tenemos otros asuntos de los que preocuparnos.

Se ríe.

Sí.

¿Y estás segura, te has hecho la prueba y todo eso?

Se lleva la mano al bolsillo, saca un palito de plástico blanco de unos diez centímetros de largo, lo deja encima de la barra, lo miro. En la cara superior hay dos palabras en francés seguidas por unas rayitas que representan el resultado.

Enceinte II

Pas Enceinte I

Junto a las palabras hay una pequeña ventanita donde aparece el resultado, hay dos rayas II en la ventanita dos rayas II Enceinte. Respiro hondo, levanto la vista, Katerina está sonriendo, a todas luces nerviosa, ojos castaño claro humedecidos y esperanzados y felices. Sonrío, mis ojos humedecidos y esperanzados y felices, hablo.

Joder.

Se ríe.

Sí.

¿Qué vamos a hacer?

No lo sé.

Pensaba volver a casa.

¿A casa, a América?

Sí.

Todavía puedes.

Soy un capullo, pero no tanto.

Vuelve a reírse, me mira, habla.

¿Puedes darme un abrazo?

Sonrío.

Sí.

Los dos nos levantamos la rodeo entre mis brazos la abrazo con fuerza, ella me rodea entre sus brazos me abraza con fuerza, permanecemos en pie sin hablar fuertemente abrazados vamos a tener un bebé, tener un bebé. Siento oigo que empieza a llorar la estrecho con más fuerza no nos movemos ya no importa lo que pensara vamos a tener un bebé la vida acaba de cambiar, la vida acaba de cambiar de la manera más grandiosa impresionante maravillosa aterradora posible, vamos a tener un bebé. Me aparta las lágrimas se deslizan por sus mejillas se las limpio sonríe habla.

Gracias.

Sonrío.

¿Por qué?

No estaba segura de cómo ibas a reaccionar.

Ya te he dicho que…

Me interrumpe.

Eres un capullo, pero no tanto.

Me río.

Sí.

Ahora vuelvo.

Vale. Me besa da media vuelta se marcha. Me siento miro el whisky me debato entre beber un sorbo o no las cosas van a tener que cambiar muy mucho. Mientras me debato Petra se acerca, habla.

Hey.

Levanto la vista.

Hey.

¿Te ha dicho que está embarazada?

Sonrío, asiento.

Sí.

No va a volver a dirigirme la palabra, pero no puedo dejar que haga esto.

Me da un vuelco el corazón.

¿El qué?

Se me hunde.

Te está mintiendo.

No puedo creer lo que dice aturdido estupefacto no puedo creerlo.

¿Qué?

Te está mintiendo. No está embarazada.

Me la quedo mirando aturdido estupefacto confundido incapaz de reaccionar de hablar responder.

Te echa de menos. Quiere que vuelvas. Te quiere y sabe que la ha cagado. Dentro de un mes te dirá que algo ha ido mal, pero ya estaréis otra vez juntos y cree que puede arreglarlo.

No puede ser.

Es verdad. Por eso nos peleamos. Me parece una putada.

No es verdad, no puede ser. Nunca me haría algo así, es una putada demasiado gorda.

¿No?

No.

Si crees eso es que no la conoces bien.

No puede ser.

Puedes creer lo que quieras, pero después no digas que no te lo advertí.

Se gira y se aleja, estoy aturdido estupefacto confuso incapaz de hablar ni moverme con el corazón desbocado con ganas de vomitar. Agarro el whisky me lo bebo de un trago me quema la boca, la garganta, el estómago quiero otro. Oigo abrirse la puerta del lavabo Katerina se acerca sonriendo. Miro la prueba encima de la barra Enceinte II. Vuelvo a mirarla caminando hacia mí sonriendo se sienta habla.

Hola.

Hola.

Miro la prueba, Enceinte II. Katerina se da cuenta de que ha cambiado algo, yo he cambiado, aturdido estupefacto confuso, se me ve en la cara.

¿Qué pasa?

Levanto la vista. La miro a los ojos, está nerviosa, asustada.

¿Seguro que estás embarazada?

Aturdidos estupefactos confusos, los dos.

Sí, estoy segura.

¿De verdad?

Sí.

¿No me mientes?

Una expresión dolida sustituye a su desconcierto.

No, para nada.

Señalo la prueba sobre la barra.

Vamos a comprar otro de esos, ahora mismo, y podemos ir a tu casa y te haces la prueba delante de mí.

Vete a la mierda.

¿Por qué es un problema?

Vete a la mierda por no creerme.

Si de verdad estás embarazada no entiendo qué problema hay.

Vete a la mierda.

Son cinco minutos.

La he cagado una vez, Jay. Me he disculpado una y otra vez. Necesito que me creas en esto.

Cinco minutos.

Vete a la mierda, cabrón hijo de puta.

Está bien.

Coge la prueba Enceinte II y se la guarda en el bolsillo está aturdida estupefacta confusa furiosa ambos lo estamos. Me mira.

Si no me crees me levantaré y saldré por esa puerta.

Cinco minutos, Katerina.

Y no volverás a verme en tu puta vida.

No pienso detenerte.

Vete a la mierda.

Ya te he oído las cuatro veces anteriores.

Coge la copa y me arroja el champán a la cara, no me muevo ni reacciono da media vuelta y sale por la puerta, la veo marcharse no digo nada no intento detenerla. Cuando se ha ido dejo dinero en la barra Petra está atendiendo a otro cliente me levanto y me marcho no me despido solo quiero largarme de una puta vez. Aturdido estupefacto confuso furioso. Vuelvo a la gare cojo un tren al aeropuerto me subo al último avión del día de vuelta a Londres. Aturdido estupefacto confuso furioso. Dejo el trabajo me quedo en Londres un par de semanas estoy borracho como una puta cuba todo el tiempo los recuerdos felices de Katerina que pudiera conservar han desaparecido aturdido estupefacto confuso furioso. Cuando estoy lo bastante sobrio para telefonear empiezo a llamar a mis contactos en Estados Unidos en busca de un lugar adonde ir uno de mis amigos tiene una segunda residencia familiar en Carolina del Sur que necesita alguien que la cuide. Puedo vivir gratis escribir conseguir otro empleo para comer y mantenerme, me subo a un avión con destino a Nueva York cojo un autobús a Charleston.

Empiezo a fumar crack a los dos días de llegar.

Un fumador de crack puede tomar tres caminos en la vida. El camino a la muerte, el camino a la prisión, el camino a la sobriedad.

Tres meses después ingreso en rehabilitación en Minnesota.