Katerina
París, 1993
Caemos en una rutina la más normal y hermosa y perfecta y simple y fácil y plena que he conocido en la vida, un amor nuevo joven verdadero. Nos despertamos juntos preparo café. Nos tomamos el café sentados en la cama charlamos de lo que sea, a veces de lo que hicimos la noche antes, a veces de las noticias, a veces del día por delante, a veces de los libros que estamos leyendo, a veces del arte que hemos visto o queremos ver, a veces hablamos del tiempo. A veces follamos, normalmente nos duchamos juntos, a veces volvemos a follar durante o después de la ducha. Tengo ropa en su casa, un cepillo de dientes y algo de jabón. La mayoría de los días tiene castings o pruebas de vestuario o reuniones o sesiones de fotos y va y viene según le conviene y le apetece. Yo trabajo en un nuevo libro quizá a la tercera vaya la vencida. Este trata de un camello adolescente que se escapa de casa para viajar en tren con su novia no tiene título. Katerina me regala un cuaderno bueno para que lo escriba, un bolígrafo bueno, es agradable, hace que me sienta algo más elegante, aunque las palabras que pongo en el papel elegante con el boli elegante son de todo menos elegantes. Si por la tarde está por casa salimos a tomar un café o pasear vamos juntos al Musée d’Orsay, al Louvre, al Centro Pompidou. Paseamos juntos por la orilla del Sena nos paramos en los puestos de libros y miramos los viejos volúmenes, aunque hablo francés no sé leerlo y ella se burla de mí y me llama tonto cuesta rebatirle el diagnóstico. Ojeamos los cuadros viejos en los puestos de arte cada uno de ellos obra de alguien como yo con grandes sueños y grandes esperanzas y grandes ambiciones y grandes expectativas de acabar en algún museo y ahora olvidado, perdido en el cáncer del tiempo, hiciera lo que hiciera, y algunos son realmente hermosos, se venden por cuatro chavos en un tenderete a la orilla de un río. Vamos a las tiendas de mascotas del Quai de la Mégisserie y miramos los cachorros ay qué ricuras, hablamos de comprar uno nos reímos si apenas sabemos cuidarnos nosotros. Bordeamos la place Vendôme miramos los escaparates de las joyerías Katerina ve un collar que le entusiasma en el aparador de una vieja joyería francesa es un colgante con un diamante en forma de corazón quiero comprárselo cueste lo que cueste su sonrisa vale más que todo mi dinero. Vemos a los breakdancers de Les Halles escuchamos a los músicos callejeros delante de la Fontaine des Innocents tomamos café en Faubourg-Saint-Denis. A veces nos quedamos en casa y follamos o dormimos o leemos o alguna combinación de todo lo anterior. Cuando ella no está por la tarde a menudo paseo por Le Marais y compro para la cena, intento cocinar, normalmente con cierto grado de impericia, platos sencillos como pasta o bistec o pollo al horno, en realidad ninguno de los dos comemos mucho, en particular Katerina, aunque valora el esfuerzo y le parece un detalle encantador, les doy las sobras a los indigentes que duermen en las calles y parques de alrededor del Pompidou sé que no estoy tan lejos de su vida y sus pesares. A veces salimos a cenar, a los pequeños bistrós del barrio o a Saint-Germain, o nos acercamos caminando a Montmartre. Una noche que sabemos que tiene libre al día siguiente vamos a Le Refuge des Fondus y tenemos una cita como es debido, me pongo la única ropa digna que tengo unos pantalones chinos y un suéter ella se pone un vestidito negro precioso bebemos vino de botellín y pillamos una borrachera y nos lo montamos por las calles y callejones y bares mientras vamos de vuelta a su casa pasamos la noche besándonos, lamiéndonos, chupándonos y follándonos, drogándonos y riéndonos, hablando de nuestros sueños más locos, de situaciones hipotéticas, de qué pasaría si consiguiera una campaña de Chanel, de qué pasaría si yo escribiera un superventas, si ella consiguiera una campaña de L’Oréal, si algo que yo escribiera se adaptara al cine, vamos planteando situaciones cada vez más ridículas y exageradas y si ganase cien millones de dólares en la lotería estadounidense y comprase el mayor castillo de Francia nos cogemos de la mano y caminamos hasta el Sena al amanecer vemos salir el sol dormimos todo el día. Otras noches vamos al cine nos acurrucamos en la última fila, quedamos con Philippe y Laura, Laura adora a Katerina y le gusta verme más calmado así Philippe está más calmado. Algunas noches vamos a los antros de siempre el Polly, Stolly’s, Bar Dix, sin desfasar, solo salimos y tomamos una copa o dos casi cada noche pasamos por La Comédie y tomamos algo con Petra que piensa que somos una monada y no termina de creerse vernos tan modositos, compartimos un whisky o dos una botella de vino barato, me bebo una cerveza ella toma una copa de champán. Follamos todas las noches, y todas las noches nuestras miradas se encadenan, profundas y sostenidas, nuestros ojos abiertos y vulnerables y entregados, nuestros ojos nuestros corazones nuestras almas unidos íntimos. De vez en cuando voy a mi casa, tal vez una vez por semana a ver a Louis que dice que me echa de menos pero está feliz él solo y sin el follón y los dramas que acostumbro a montar. Me paso por la boulangerie mi amigo el panadero dice que me echa de menos lo cual me hace reír su mujer sonríe y me ofrece su mejor pan, sus mejores pastas. Compruebo mi estado financiero. Vine a París con 1.200 dólares en metálico y 18.000 en cheques de viaje después de nueve meses me quedan casi 10.000 dólares, tendrían que llegarme al menos para otro año más si controlo el consumo de alcohol. No quiero marcharme de París, no quiero marcharme nunca. Durante todo enero y principios de febrero llevo la vida y sigo la rutina más normales y bonitas y perfectas y simples y fáciles y plenas que he conocido, llenas de trabajo y libros y arte y comida y felicidad y un amor nuevo joven verdadero con una mujer lista brutal tremenda hermosa por dentro y por fuera una mujer que sigo sin creerme que quiera tener algo conmigo, vivo vivo vivo. A la mierda la máquina. No la necesito. No me importa. No pienso en ella. Trabaja ahorra vota obedece enseña a tus hijos a hacer lo mismo paga tus impuestos muérete púdrete en un agujero nada de todo eso importa estoy enamorado.
Amor.