Katerina

James Frey · Capítulo 32 de 37

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Katerina

París, 1993

 

Voy al apartamento de Philippe en el 8ème arrondissement. Hay un buen trecho me paro en una licorería y compro una botella de whisky barato para beber por el camino. Lo repaso todo mentalmente, las imágenes se fijan. Subir las escaleras, abrir la puerta, ver la ropa por el suelo. Entrar en el dormitorio verlos juntos verla con otro hombre ver los labios y la lengua de él ver la cabeza de ella subiendo y bajando. Todavía estoy temblando. Temblando mientras camino temblando mientras me llevo la botella a los labios temblando mientras me enciendo y me fumo un pitillo tras otro temblando. Le veo levantar la vista y sonreírme y volver a bajar. Veo caer la llave la veo mirar alrededor y verme la oigo gritar mi nombre todavía estoy temblando.

Pienso en tirarme delante de un coche o un camión sería fácil. Pienso en saltar de un puente sería fácil. Pienso en hacerme con un cuchillo y rajarme el cuello sería fácil. Nuestro corazón es un órgano que bombea sangre la mueve por el cuerpo, pero nuestro corazón también es un órgano que llena esa sangre con lo que sea que sintamos y la sangre, la sangre, la sangre llega hasta el último rincón, la última fibra de nuestro cuerpo, a cada célula. Solo siento dolor. Hondo abrumador atroz. En todas las partes de mi cuerpo en cada gota de sangre en cada fibra en cada célula. Dolor. Y así como la alegría y el amor me mantenían alejado del alcohol, o al menos me permitían tomarlo con cierta mesura, el dolor me devuelve a él. En cada gota de sangre, en cada fibra, en cada célula. El whisky quema al bajar, me quema la boca me quema la garganta me quema el estómago me da igual. La sensación física del dolor me aleja del otro dolor. Me emborracho enseguida. Empecé en el Banana con unas cuantas copas como la yesca que prende un fuego, me encendió y ahora estoy ardiendo. Las imágenes se fijan. El dolor habita en mi corazón, en mi sangre. Subir las escaleras abrir la puerta ver la ropa por el suelo. El dolor de entrar en el dormitorio verlos juntos dolor. Verla con otro hombre dolor ver los labios y la lengua de él sobre ella y dentro de ella dolor. Ver la cabeza de ella subiendo y bajando dolor. Le veo levantar la vista y sonreírme y volver a bajar pienso en tirarme delante de un coche o un camión o saltar de un puto puente sería fácil dolor. Oigo caer la llave y la veo mirar alrededor dolor. La oigo gritar mi nombre dolor dolor dolor puto dolor a la mierda me duele tanto joder que quiero morirme quiero ponerle fin de una puta vez y morir. Mi corazón. Mi sangre. En cada fibra cada célula. Y preferiría morir a sentir lo que siento dolor.

Así que.

Así que.

Así que.

Bebo.

A medio camino de casa de Philippe he vaciado media botella. Estoy como una puta cuba vomito en la acera de la place de la Concorde. Cuando termino me siento hay coches moviéndose alrededor de la plaza, el obelisco y la fuente están iluminados, hay un poco de agua en la calzada todo es bonito y brillante y hay gente en los coches que va a alguna parte de París, imagino que son felices o que al menos no sufren. Echo un trago largo a morro. El whisky me quema la boca, la garganta y el estómago, me inclino y vuelvo a vomitar vomito en el suelo entre las piernas me importa un carajo. Tomo otro trago largo esta vez lo retengo. Tomo otro lo retengo. Enciendo un cigarrillo el vómito huele me importa un carajo todo duele sufro. Bebo otro trago. Me quedo mirando el obelisco y la fuente. Las luces brillantes. Los coches llenos de gente feliz o que al menos no sufre. Bebo otro trago.

Me quedo allí hasta que se acaba la botella. Cuando me levanto vuelvo a vomitar apenas me tengo en pie estoy al borde de la oscuridad al borde del olvido, pero la mente no me deja sobrepasarlo. Las imágenes se me aparecen sin descanso imágenes de ella y de él y de los dos juntos las imágenes me mantienen consciente, o más o menos consciente. Sé la dirección de Philippe sé dónde está su piso pero voy dando tumbos perdido, voy dando tumbos y no lo encuentro, debería tardar quince minutos tardo noventa. Cuando por fin lo encuentro llamo al timbre espero, vuelvo a llamar espero, vuelvo a llamar. Se abre la puerta Philippe lleva el uniforme de basurero listo para irse a trabajar me mira habla.

¿Qué cojones, Jay?

Hola, Philippe.

¿Qué te ha pasado?

¿Puedo quedarme aquí?

¿Qué ha pasado?

Solo necesito un lugar donde quedarme.

¿Estás bien?

No.

¿Qué ha pasado?

Solo…

Rompo a llorar.

Solo necesito…

Lloro.

Un lugar donde quedarme.

Lloro.

Philippe me echa un brazo por el hombro me conduce hacia el edificio apenas puedo caminar a través del pequeño patio estoy llorando y apenas puedo subir un tramo de escaleras hasta el apartamento de su familia. Philippe me pregunta qué ha pasado me pregunta qué ocurre estoy llorando y no puedo responderle, le pregunto si tiene algo de beber y un lugar para dormir, me saca una botella de vodka y me lleva al cuarto de invitados. Sabe que estoy jodido y sufriendo me ayuda a quitarme las maltrechas botas militares y la chaqueta, me ayuda a meterme en la cama comienzo a beber el vodka sin dejar de llorar. Me trae un vaso de agua y lo deja en la mesilla de noche no puedo parar de llorar joder. Se marcha y cierra la puerta con suavidad las imágenes se repiten en mi mente siento dolor en la sangre no puedo parar de llorar.

Cuando sufro.

Bebo.

Bebo para ahuyentar el dolor.

Aunque sé que cuando me despierte dolerá aún más.

Me importa tres cojones.

No puedo parar de llorar.

Quiero oscuridad.

Olvido.

Bebo.

Lo encuentro.

 

Me despierto a media tarde y durante un par de segundos no sé dónde estoy no recuerdo nada.

Y entonces.

Vuelve todo. Como un puto martillo contra mi alma. Como un puto edificio que se derrumba sobre mí. Vuelve todo y no termino de creérmelo aunque sé que ha ocurrido y que es verdad la he visto y le he visto y los he visto a los dos juntos. Me siento y bebo un sorbo de agua, la botella de vodka está vacía. Tengo la boca seca el agua me sienta bien al bajar por mi garganta la noto en el estómago. No recuerdo la última vez que comí y no tengo hambre. Solo dolor. Me duele todo. Y quiero que pare. Me levanto y salgo del cuarto Philippe está leyendo el diario y tomando café. Dice hola asiento, me pregunta si me encuentro bien digo que no. Le pido que me acompañe a la licorería me pregunta qué ha pasado le pido algo de beber trae una botella de vino y la abre y me la pasa. Me bebo la botella y le cuento lo ocurrido y aunque quiero llorar y estoy a punto de llorar, no lo hago. Cuando termino se levanta y me abraza y me dice que lo siente. Le pregunto si me acompañaría a la licorería y me dice que sí y vamos a la más cercana y me gasto hasta el último céntimo en botellas de whisky barato y tabaco. Volvemos a su casa y le pregunto si puedo quedarme un par de días le digo que probablemente no saldré del cuarto de invitados y responde sí, lo que quieras, puedes quedarte todo el tiempo que haga falta. Regreso al cuarto de invitados y bebo hasta que llega la oscuridad, bebo hasta que me invade el olvido.

 

Me quedo en casa de Philippe cuatro días me paso todo el tiempo borracho como una puta cuba o durmiendo al quinto día duermo veinticuatro horas seguidas. Me despierto y aunque tengo la cabeza espesa, me sobra claridad para decidir lo que voy a hacer. Me doy una ducha vuelvo al apartamento que comparto con Louis, recojo mis cosas, le dejo una nota a Louis agradeciéndole su cariño y su amistad y su generosidad, le dejo mil dólares en un sobre para pagar el alquiler y las facturas de un par de meses, quiero que tenga tiempo de encontrar un compañero de piso nuevo, quiero a Louis y confío en que nuestros caminos vuelvan a cruzarse algún día, confío en que vuelvan a cruzarse.

 

Me paso por la boulangerie el Panadero me sonríe y me pregunta dónde me había metido dice que se alegra de verme su mujer me saluda dice bonjour me informa de que hoy el pain au chocolat está delicioso. Le doy las gracias le pido uno, a él le respondo que he estado ocupado y me alojaba en casa de un amigo, que quizá no me vean durante una temporada me pregunta por qué y le contesto que ha llegado la hora de que me marche. Rodea el mostrador me da un abrazo largo y sentido le meto cien dólares en el bolsillo del delantal le agradezco todas sus pastas deliciosas se ríe me despido de la mujer al salir me como el pain au chocolat efectivamente está delicioso gracias viejos panaderos franceses, gracias.

Llevo todos mis libros a la Shakespeare and Company. Se ofrecen a comprarlos no quiero dinero quiero que se los vendan a gente que los aprecie quiero que quienquiera que los lea los aprecie tanto como yo. Mientras me alejo sonrío al letrero y digo gracias Shakespeare and Company, gracias.

 

Un último bocadillo en la Maison de Gyros esta vez estoy más o menos sobrio el pan crujiente el cordero especiado lechuga y tomate frescos patatas fritas salsa roja picante salsa blanca ácida es la combinación más deliciosa de manjares comestibles del mundo entero gracias Maison D, gracias.

 

Sentado delante de La puerta del infierno. Tortura y éxtasis. Cuerpos retorciéndose. Belleza y amor y terror y eternidad, hombres y mujeres gritando, estirándose, besando, suplicando, llorando, siendo torturados por el amor y el dolor, siendo torturados por la pena y el arrepentimiento. Me siento en el banco donde estaba sentado cuando conocí a Katerina. El día es frío y gris y lluvioso el Museo Rodin está vacío no hay turistas en París a primeros de marzo. Llevo aquí casi un año. Vine persiguiendo y buscando, perdido y hambriento, deseoso y desesperado, libros y arte y locura y amor, desesperado por encontrar vida vida vida desesperado. El dinero no me importaba y sigue sin importarme, los logros no me importaban y siguen sin importarme, el éxito no me importaba y sigue sin importarme una mierda. No quería formar parte de la máquina, ser otro piñón de la máquina y sigo sin quererlo. Y aunque me marcho de París y me marcho de Francia lo que he visto y sentido y leído y escrito, el arte y los libros y los edificios, las aceras y las calles y los parques y los puentes, nunca me abandonarán. No importa dónde esté ni lo viejo que sea ni qué termine haciendo, lo que he aprendido aquí lo que vine aquí a aprender es que es posible mandar a tomar por culo la máquina, vivir como gustes, amar como gustes, creer como gustes, comer beber dormir pensar follar como cojones te guste. Mandar a tomar por culo esa máquina enorme destructora de almas. Desafiarla. Tener un sueño y perseguirlo. Que no te importe una mierda lo que la gente piense de ti y de lo que tienes en tu corazón y en tu mente y en tu alma y lo que sueñas que no te importe una puta mierda. Hacerlo todo sentirlo todo experimentarlo todo. Lo que he aprendido aquí en la ciudad más bella, más civilizada de la Tierra es que no tengo que trabajar votar ahorrar obedecer pagar mis impuestos inscribirme en la asociación de propietarios de una vivienda sonreír en las fiestas navideñas besarle el culo a mi jefe enfermar morirme y pudrirme. No tengo que hacer ninguna de esas gilipolleces y no las haré, joder, no las haré.

No sé cuántas veces me he sentado aquí delante de La puerta del infierno. Contemplando pensando sintiendo soñando no sé cuántas veces. No entendía lo que estaba mirando hasta ahora. Que para mí y para todos los que me han precedido cada escritor y cada artista, La puerta no da al Infierno, La puerta da a la Libertad, que la tortura y el éxtasis, la belleza y el amor y el terror, la adicción y el desastre y la exuberancia son el precio que pagamos por encontrarla. Lo pago contento. Cueste lo que cueste. Quedaos todo cuanto tengo nada importa un carajo. Lo único que importa es que he estado aquí y he visto y he sentido y he amado y he creído y he vivido.

He vivido.

He vivido.

 

Telefoneo a dos amigas que viven en Londres les pregunto si necesitan compañero de piso. Londres es caro dicen que estarán encantadas de que viva con ellas me dan la dirección y les digo que nos veremos pronto. Llamo a la compañía aérea salen vuelos cada hora los billetes son baratos puedo comprarlo en el aeropuerto.

 

Philippe viene a casa le cuento mis planes se ríe y dice que me echará de menos pero que le parece buena idea, una buena idea para ambos. Decidimos salir de farra. Una última noche. Se ducha se desprende del aroma laboral se pone ropa decente, yo llevo mi uniforme pantalones chinos camiseta interior larga camiseta blanca salimos. Una copa en el Flore. Cena en Lipp. Sangría en el Bar Dix. Absenta en el Polly Omer no está le dejo una nota de agradecimiento, le digo que le quiero, una nota para dar las gracias. Vodka con hielo en el Stolly’s, pasamos frente a La Comédie sin detenernos. Philippe me ha dado tanto, me ha invitado tanto, que en esta ocasión pago todo yo. Y adondequiera que vamos pienso en Katerina. La veo aunque no esté. La oigo. La siento. Recuerdo momentos juntos cosas que hicimos conversaciones risas y sonrisas, un beso. Todas las mujeres que veo me recuerdan que no son ella y que ella está en París en alguna parte y que no voy a volver a verla. Todas las mujeres que veo hacen que espere sentir algún día por otra lo que ahora siento por ella costará tiempo si es que llega a pasar, mucho tiempo. Veo melenas me la recuerdan veo pecas me la recuerdan un vestidito negro me la recuerda unas Adidas me la recuerdan una sonrisa me la recuerda, oigo una risa o una palabra graciosa o un comentario ingenioso me la recuerdan. Así que por cada copa de Philippe yo me tomo dos o tres, y conforme avanza la noche voy acercándome a la oscuridad y acercándome al olvido no quiero que me recuerden una mierda.

Philippe quiere ir a Les Bains Douches. Dice que es mi última noche y deberíamos hacerlo bien, le sigo contento. Es un paseo corto desde la rue Sainte-Avoye a la rue du Bourg-l’Abbé a la vieja casa de baños transformada en el mejor nightclub del mundo. Hay una puerta enorme como una entrada de hotel, rematada por un Baco esculpido en mármol, focos iluminando la alfombra roja el ritmo machacón de la música dance flotando en el aire. Hay cola frente a la puerta porteros amenazadores montan guardia. Philippe se dirige hacia ellos saluda ellos sonríen le estrechan la mano le dan palmaditas en la espalda me estrechan la mano y nos hacen pasar al club. Le pregunto a Philippe cómo es que los conoce me responde que recoge la basura cada mañana y los porteros acostumbran a estar todavía en la puerta. Nos adentramos por salas laberínticas, todas antiguos baños una gran piscina todavía llena, una pista de baile ajedrezada, sofás barras camareras una muchedumbre de gente guapa, hombres mujeres gays heteros franceses italianos ingleses estadounidenses alemanes la nacionalidad no importa, el estilo sí yo apenas tengo. Philippe localiza al encargado que le da un abrazo y nos acompaña a un sofá de terciopelo con una mesita enfrente, la sala es oscura y ruidosa y está repleta, las luces parpadean y se mueven, la gente habla bebe baila.

Miro la carta pienso qué coño es mi última noche, pido una botella de champán Philippe se ríe. Miramos el gentío Philippe se levanta y baila con un grupo de tres chicas todas altas y delgadas y guapas, es un gran bailarín natural y desinhibido, con un ritmo asombroso, una gran cantidad de entusiasmo y ganas. Termino el champán pido otra botella, también pido una botella de vodka. Philippe vuelve al sofá con las chicas se sientan con nosotros, beben con nosotros, charlan con nosotros, se ríen con nosotros, tontean con nosotros. Son todas modelos de alrededor de veinte años, dos americanas y una francesa. Son enrolladas, listas, divertidas, guapísimas me hacen recordar y olvidar al mismo tiempo. Nos bebemos tres botellas más de champán y el vodka una de las americanas parece la surfera californiana más guapa del mundo tiene un vial de cocaína pregunta si nos interesa. Digo que sí vamos a uno de los servicios cerramos la puerta cortamos las rayas sobre la tapa del retrete con una tarjeta de crédito nos colocamos, me sienta muy muy bien, es el primer estimulante, lo primero que hago para animarme así que me sienta muy muy bien.

Abrimos la puerta salimos Katerina está justo delante de mí. Estoy demasiado sorprendido para hablar o moverme el corazón ya se me había acelerado por la coca, ahora siento como si me fuera a explotar. Lleva un vestido rosa, un suéter negro, el pelo recogido en una coleta, el colgante que le regalé reluce y destella alrededor de su cuello me duele verlo Katerina me mira fijamente habla.

Qué rápido.

¿El qué?

Ya te has recuperado.

Vete a la mierda.

¿Te la has tirado ahí dentro?

No.

¿Seguro?

He venido con Philippe, acabo de conocerla, tenía coca.

Tampoco te culparía.

El corazón a cien tengo ganas de vomitar, todavía la quiero aunque me dé ganas de vomitar, el corazón reluciente y destellante alrededor de su cuello me pone enfermo. Intento pasar a su lado, quiero alejarme. Me agarra del brazo.

Por favor.

¿Qué?

Lo siento.

No importa.

Lo siento mucho.

No importa, Katerina.

Sí que importa.

Vete a la mierda.

Paso por su lado empiezo a alejarme, se me planta delante.

Por favor, habla conmigo, por favor, cinco minutos, por favor.

¿Por qué?

Necesito explicarme.

No hace puta falta que me expliques nada.

Vuelvo a esquivarla, me agarra del brazo.

Por favor.

Me giro hacia ella parece a punto de llorar. Los ojos castaños humedecidos, el labio inferior tembloroso.

Por favor.

Señala hacia el lavabo la puerta está abierta entra la sigo, cierra la puerta el lugar es pequeño y estamos muy cerca uno del otro, pasa el pestillo.

Lo siento, Jay.

Para de decirlo.

Estaba borracha y colocada y él y yo tuvimos una historia y quiero trabajar para su empresa y…

¿Con quién has venido esta noche?

¿Y eso qué importa?

¿Con él?

No.

¿Con quién?

Con unas amigas.

Él está aquí.

Estaba, no sé si está todavía.

¿Habéis quedado luego?

No. No. Nunca más. No.

No tengo nada que decirte, Katerina.

Acepta mis disculpas, por favor.

Te quería. Todavía te quiero. Pensaba que me querías.

Y así es.

¿Sí?

Sí.

Por eso te vi con la polla de otro en la boca y su lengua en tu coño.

Lo siento.

Quieres disculparte, vale. ¿También puedes borrarme la puta memoria?

Apoya las manos en mi pecho.

Lo siento.

Se echa a llorar.

Lo siento tanto, joder.

Llora la dejo llorar, apoya la cabeza en mi pecho sigue repitiendo

Lo siento.

Una y otra vez sé que está siendo sincera, sé que lo siente. Todavía la quiero y odio verla sufrir o llorar odio que no pare de repetir

Lo siento.

Y por mucho que odie verla sufrir y llorar, no me duele menos ni hace que me olvide ni consigue otra cosa aparte de que me sienta como una mierda. Odio este lavabo odio este club odio esta noche solo quiero largarme joder. Empiezo a apartar a Katerina la empujo delicadamente, ella levanta la cabeza, me mira, sus ojos en los míos castaño claro y verde pálido me rompe el corazón, me rompe el puto corazón, me mira a los ojos. La aparto dice

No.

Me empuja contra la pared.

No.

Sus ojos en los míos castaño claro verde pálido lo que una vez fue intimidad ahora es tristeza dolor y lamento, me coge la nuca me acerca a ella me besa. Y la saboreo. Sus labios su lengua su aliento. Y la beso. Es rápido e inmediato y apasionado, el sabor el deseo la añoranza la pérdida nuestros labios y lenguas y manos rápido inmediato apasionado. Mis manos le suben el vestido arrancan el tanga sus manos en mis pantalones me la sacan estamos besándonos respirando me empuja hacia el retrete la tapa está bajada me siento encima ella se sienta encima de mí. Estoy dentro de ella siento alegría y dolor extremo placer y extrema tristeza, no hay ningún lugar en el que quiera estar más y no hay ningún lugar en el que quiera estar menos, no quiero irme nunca quiero salir cagando leches. Mueve las caderas lenta y hondamente la atraigo hacia mí no quiero mirarla a los ojos por primera vez desde que la conozco no quiero mirarla a los ojos. No quiero ver amor y no quiero ver dolor y no quiero ver esperanza no quiero ver arrepentimiento. Cierro los ojos ante ella ante mí ante el mundo la abrazo fuerte mueve las caderas lenta, hondamente. Nos corremos rápido, intensamente, siento su cuerpo sacudirse la oigo gemir, la aprieto más fuerte contra mí palpito dentro de su latido. Permanecemos así un momento, dos, no nos movemos no hablamos estoy dentro de ella está sentada en mi regazo la estoy abrazando. Su cabeza descansa en mi hombro mi cara hundida en su pelo huele a limpio y fresco y hermoso. Empieza a llorar. A llorar sobre mi hombro a sollozar sobre mi hombro la estrecho más fuerte es tan delgada y tan frágil entre mis brazos, no quiero que llore duele más oírla llorar, sentirla llorar, saber que sufre, me duele más.

Lo siento, Jay. Lo siento.

No pasa nada.

Sí que pasa.

No llores, Katerina.

Lo siento.

No.

Empiezo a llorar. No sollozo solo me resbalan lágrimas por la cara no podría hablar ni aunque necesitara hacerlo, me tiemblan los labios me tiemblan las manos. Nos sentamos juntos, cada uno llorando por sus propias razones, pero en el mismo lugar donde fuimos fuertes y verdaderos, ahora estamos rotos y lo que fue nunca volverá a ser igual se ha roto. Alguien comienza a aporrear la puerta del lavabo la estrecho contra mí susurro

Tenemos que irnos.

Me besa en el cuello la mejilla la boca se levanta se aparta de mí se alisa el vestido. Me levanto me recompongo me abrocho los pantalones siguen aporreando la puerta. Katerina habla.

¿Qué quieres hacer?

Alargo una mano, le seco las lágrimas de las mejillas.

No lo sé.

Vamos a casa.

No volveré a poner un pie en esa casa.

Vamos a la tuya.

No.

¿Qué quieres hacer, Jay?

No lo sé.

Más golpes en la puerta paso junto a Katerina abro. Salgo hay un hombre, una mujer, un hombre vestido de mujer, el hombre dice gracias paso junto a ellos, Katerina me sigue. Nos dirigimos al fondo del club música luces gente bailando y bebiendo me coge la mano me suelto.

Voy a buscar a Philippe y a largarme de aquí.

¿Cuándo volveré a verte?

No lo sé.

¿Qué vas a hacer?

Largarme de aquí.

Deja que lo arregle, por favor.

No quiero seguir hablando del tema.

Parece a punto de volver a llorar, la rodeo con los brazos, la acerco, la estrecho con fuerza susurra

Te quiero.

No respondo me limito a abrazarla vuelve a susurrar

Te quiero, Jay.

Digo

Yo también te quiero.

La suelto y me alejo no miro atrás no puedo mirar atrás si miro atrás no seré capaz de seguir adelante no miro atrás me alejo. Encuentro a Philippe las chicas están bailando él está tomándose una copa de champán en el sofá, le digo que me marcho responde vale nos vamos. Cojo la cuenta cinco botellas de champán y una botella de vodka en el nightclub más elegante de la ciudad más elegante del mundo la cuenta es estratosférica me importa un carajo solo quiero largarme. Pago la cuenta ya casi no me queda dinero, lo justo para llegar a Londres y empezar de nuevo, Philippe y yo salimos se despide del encargado y de los porteros no miro atrás.

Él quiere irse a casa de Laura me da la llave de su piso. Cuando nos separamos le doy un abrazo y las gracias por haber sido un amigo magnífico, París habría sido una mierda sin él. Se ríe dice que ha sido divertido, que vuelva algún día. Se va a casa de Laura yo me voy a la suya me bebo otra botella de vino me acuesto. Me despierto a la mañana siguiente escribo otra nota de agradecimiento le dejo el teléfono y la dirección de mis amigas en Londres le prometo mantenerme en contacto. Dejo la llave encima de la nota. Meto mis escasas pertenencias en una mochila cojo un tren al aeropuerto compro un billete a Londres.

Adiós, París, te quiero.

Gracias.

Con cariño.