La cuarta cripta
Capítulo 9
derecha asestó un golpe en la mano con que Prague sostenía el arma y oyó el crujido de los huesos del antebrazo al romperse contra el borde del asiento. Los ojos de Prague se abrieron de dolor e intentó decir algo con su garganta destrozada.
Turcotte siguió a Billy y Susie por la puerta izquierda trasera del helicóptero.
–¡No os paréis! – les ordenó mientras los empujaba.
En algún punto de la parte trasera del helicóptero se encendió una llama.
Turcotte se dirigió hacia el asiento delantero y desató al piloto. De repente la mano de Prague se movió y rasgó el cuerpo de Turcotte con una navaja.
El filo le cortó la chaqueta de GoreTex y le causó una herida en el brazo derecho.
Turcotte sujetó con la mano derecha la izquierda de Prague, se inclinó sobre el piloto y cogió a Prague de nuevo por el cuello con la mano izquierda.
Esta vez no se detuvo y apretó con todas sus fuerzas. La garganta se rompió por completo y Prague dejó de respirar.
Turcotte se echó el piloto a la espalda y se alejó corriendo del helicóptero en cuanto éste estalló en llamas.
9.
EL CUBO, ÁREA 51. 127 horas, 45 minutos.
–Nightscape Seis ha caído, señor -anunció Quinn-. Capto un punto de emisión localizadora. No hay comunicación por radio.
–Envíe una unidad de recuperación de accidentes convencional a ese punto
-ordenó el general Gullick. Tenía la vista clavada en el punto que representaba el duende. Ahora se movía lentamente en las cercanías del punto de emisión de Nightscape Seis. Ahora el Aurora se acercaba a la frontera de Nebraska y Colorado.
CERCANÍAS DE BLOOMFIELD, NEBRASKA. 117 horas, 42 minutos.
–¡Largaos de aquí! – gritó Turcotte a Susie y a Billy, que se habían quedado mirando el helicóptero en llamas.
Turcotte había abierto el traje de vuelo del piloto y estaba comprobando sus signos vitales; primero la respiración, luego, si había hemorragias y, por fin, los huesos rotos. El piloto respiraba bien y no presentaba hemorragias, sólo algunas heridas y cortes. Tenía una fractura evidente en el brazo.
Aunque no podía afirmarlo, Turcotte supuso, dada la gran abolladura en el casco del hombre y su estado inconsciente, que el piloto había sufrido una lesión en la cabeza y él no estaba formado ni equipado para curarlo. Todo lo que podía hacer era dejarle el casco puesto y confiar en que éste detuviera la lesión hasta conseguir auxilio médico. El piloto estaba inconsciente y, por su estado, no parecía que fuera a recuperar la conciencia pronto, algo que convenía a Turcotte. Le inmovilizó el brazo lo mejor que pudo.
–Pero… -dijo Billy confundido-. ¿Qué…?
–Ningún pero, ninguna pregunta, ningún recuerdo -dijo Turcotte bruscamente levantando la vista del cuerpo del piloto-. Olvidaos de lo que ha ocurrido esta noche. No se lo digáis a nadie porque, si lo hacéis, nadie os creerá y luego unas personas que no quieren que habléis vendrán a buscaros. Dejadlo así e idos.
Billy no necesitó más ruegos. Tomó a Susie por el brazo y se marcharon
rápidamente por la oscuridad hasta la carretera más cercana.
Turcotte se examinó a sí mismo. Perdía sangre por el lado derecho de su chaqueta de GoreTex y por su manga derecha. Primero se ocupó del antebrazo. Se hizo un vendaje con su chaqueta de combate sobre la piel abierta de forma que logró parar la hemorragia. Con los dedos se palpó cuidadosamente por debajo de la chaqueta y dejó escapar una exclamación de dolor al tocarse la piel desgarrada. Turcotte abrió con cuidado su chaqueta y el mono. Tenía una herida de unos tres centímetros de longitud en el tórax. Se vendó la herida lo mejor que pudo.
Turcotte levantó la vista hacia el cielo. Podía ver aquel pequeño objeto brillante a unos doce pies sobre su cabeza. Se movía perezoso, como si estuviera comprobando el resultado de sus acciones. Miró durante unos momentos pero no parecía haber ningún peligro inminente. De todos modos, si hubiera existido algún peligro, Turcotte creía que no habría tenido mucho tiempo para reaccionar, dada la forma en que se había movido aquella cosa.
Luego miró hacia el horizonte. Pronto vendrían los demás. ¿Y luego qué?
Aquélla era la gran pregunta. Había matado a Prague en un acto reflejo. En vista de lo que lo había visto hacer aquella noche, no se arrepentía, pero la situación era muy confusa y Turcotte no estaba completamente seguro de cuál debía ser su siguiente movimiento.
¿Acaso Prague sabía que él era un infiltrado? Eso explicaría algunas de sus acciones, pero no todas. Y si Prague no sabía que era un infiltrado, entonces aquel hombre estaba totalmente loco, a no ser que hubiera otra explicación a cuanto acababa de ser testigo. Turcotte conocía las acciones, pero no su motivo.
Era consciente de que nada de todo ello sería beneficioso para él, excepto que pudiera acudir a la doctora Duncan con lo que acababa de ver y hacer lo posible por desembarazarse de la gente de Nightscape. El estado inconsciente del piloto le daría algún margen de tiempo en cuanto los