La cuarta cripta
El Cubo, Área 51
que Turcotte no haya tenido problemas.
–A mí no me preocupa que vayan detrás de nosotros -dijo Von Seeckt-. Lo que me importa es que sólo tenemos setenta y dos horas antes de que la nave nodriza emprenda el vuelo.
EL CUBO, ÁREA 51
El general Gullick no parecía un hombre que había sido despertado hacía cinco minutos. Su uniforme estaba bien planchado y su cara perfectamente afeitada. El mayor Quinn se preguntó si Gullick se afeitaba la cara y la cabeza antes de acostarse cada noche por si se daba una situación como la que se había producido aquella noche y así estar siempre listo para la acción. De repente, a Quinn se le ocurrió que tal vez el general no durmiera nunca. Tal vez simplemente descansara en la oscuridad, totalmente despierto, esperando la próxima crisis.
–Déjeme oírlo desde el principio -ordenó Gullick mientras los demás miembros de Majic12, con excepción de la doctora Duncan, iban llegando.
No había mucho que contar. Quinn resumió la información que un jefe de seguridad nervioso de Dulce le había comunicado por teléfono. Mientras recitaba la breve lista de hechos referentes a la intrusión, la liberación del periodista Johnny Simmons y el robo de fotografías de los archivos, Quinn se dio cuenta de que en el Cubo se sabía más porque, dada la descripción que habían hecho los guardas y la mujer científica que estaba de guardia, era evidente que habían sido Von Seeckt, Turcotte, Reynolds y Nabinger actuando en común.
–Los subestimé -admitió Gullick cuando Quinn acabó-. Especialmente, a Von Seeckt y a Turcotte.
–Tenemos un problema -dijo Kennedy, inclinándose hacia adelante-. Van a ir a la prensa con Simmons.
–¿En qué estado de acondicionamiento estaba Simmons? – preguntó Gullick.
Quinn estaba atónito. ¿De qué estaban hablando?
–Se encontraba a un sesenta por ciento de la fase cuatro -respondió Kennedy tras consultar su cuaderno de notas.
–¿Usted qué opina? – inquirió Gullick mirando al doctor Slayden.
–No puedo decirlo con certeza -repuso el doctor Slayden, pensativo.
–¡Mierda! – El puño de Gullick arremetió contra la mesa-. Estoy harto de que la gente me venga con chorradas cuando hago una pregunta.
La sala se quedó en silencio por un momento, luego Slayden habló.
–Desconectaron a Simmons antes de completar el tratamiento. Tiene que haber sido un shock para su sistema y nadie sabe cómo reaccionará su mente. Si no pasa nada más, el sesenta por ciento que tenía será suficiente para desacreditar a Simmons si habla ante el público. Por decirlo de un modo poco científico, se lo considerará un majadero.
–¿Qué hay de las fotografías que robaron? – preguntó el general Brown.
–Eran de las tablas con runas superiores -dijo Gullick-. Aunque Nabinger consiga descifrar ese lenguaje, pasará mucho tiempo hasta que los demás científicos den el visto bueno a su traducción. Las tablas no son un problema. Incluso si llegan a la prensa, será preciso que pase el tiempo para que alguien crea la historia. De hecho, no tienen ninguna prueba. – La voz de Gullick apenas denotaba emoción, pero en cambio una vena latía en su frente-. Muy bien. Entonces volvemos al problema original: Von Seeckt y