La cuarta cripta

Robert Doherty · Capítulo 12 de 51

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La cuarta cripta

El Cubo.

cogieran. Sólo contarían con la versión de Turcotte, así que empezó a pensar qué les diría.

EL CUBO.

Gullick tenía una conexión telemétrica completa con el Aurora y podía oír al piloto y al oficial de sistemas de reconocimiento mientras hablaban entre sí.

–Sistemas activados. Estaremos en destino en setenta y cinco segundos -

anunció el oficial de reconocimiento.

Gullick activó su micrófono.

–Aurora, aquí Cubo Seis. Quiero una buena fotografía en destino. Tendrán que procurar conseguirla a la primera. Seguramente no habrá una segunda oportunidad.

–Roger, Cubo Seis -dijo el oficial-. Cincuenta segundos.

–Descendiendo -notificó el piloto-. Estable en Mach dos punto cinco. La visibilidad será buena -le dijo al oficial de reconocimiento. Luego le indicó una dirección para orientar los sofisticados sistemas de reconocimiento de la nave.

–Desplegando la cápsula -anunció el oficial de reconocimiento mientras el marcador de velocidad iba bajando.

Gullick sabía que ahora que el avión iba a menos de tres mil kilómetros por hora, la cápsula de vigilancia podía desplegarse. Hacerlo a mayor velocidad habría destruido la aerodinámica del avión y provocado su rotura y

explosión. Incluso ahora, según el telemétrico, la temperatura del recubrimiento de la nave era de ochocientos grados Fahrenheit.

–Veinte segundos. Luz verde.

–Nivelando altura. Estable en Mach dos.

–Todos los sistemas activados.

Gullick alzó la mirada hacia la pantalla grande, situada en la parte frontal de la sala. El triángulo rojo que representaba al Aurora se acercó y adelantó el pequeño punto que señalaba el duende. Entonces el duende aceleró.

Gullick habló por el micrófono.

–Aquí Cubo Seis. El duende se marcha. Vector uno nueve cero grados.

Persíganle.

El Aurora era rápido pero no ágil. Gullick observó que el triángulo rojo iniciaba un gran giro que abarcaría la mayor parte de Nebraska e Iowa antes de tomar la dirección. El pequeño punto iba en dirección suroeste y ahora se encontraba sobre Kansas.

–¿ Velocidad del duende? – preguntó el general Gullick.

–El ordenador calcula un desplazamiento de Mach tres punto seis -

respondió el mayor Quinn.

Cuando el duende traspasó la pequeña franja de territorio de Oklahoma que penetra en Nebraska, el Aurora concluía su vuelta por la parte sur de Nebraska.

–Lo alcanzará -dijo Gullick.

Los dos puntos continuaban avanzando y el Aurora iba acortando cada vez más la distancia.