La cuarta cripta
Capítulo 30
nacional implicado que Quinn ignoraba?
Quinn se concedió diez minutos pues sabía que Gullick era un animal de costumbres y luego apagó el ordenador. No había encontrado nada, pero la próxima vez que el general entrara y se marchara, volvería a buscar.
30.
CORDILLERA DE LA BASE AÉREA DE NELLIS, NEVADA. 26 horas, 2 minutos tras la modificación.
–¿Crees que funcionará? – preguntó Kelly.
Turcotte se estaba embadurnando la cara con corcho quemado de forma que el color de su rostro, ya de por sí oscuro, se volviera negro.
–Es un buen plan. El mejor que hemos tenido hasta el momento.
Kelly se quedó mirándolo.
–Apenas hemos tenido planes hasta ahora.
–Por eso es el mejor -repuso Turcotte-. Creo que tenemos una oportunidad.
Es todo lo que se puede pedir. Tenemos dos oportunidades para ello. Una de las dos funcionará. No creo que nos estén esperando, lo cual, como ya he dicho antes, es nuestra ventaja. – Miró el cielo que estaba oscureciendo-. Es extraño, el general Gullick debería estar esperándonos, pero no lo hará.
–¿ Por qué debería y no lo hace? – preguntó Kelly, algo confundida.
–Debería porque es lo que se espera que hará -dijo Turcotte comprobando la recámara de su pistola-. Pero no lo hará porque lleva demasiado tiempo con el culo metido en ese bunker subterráneo. Ha olvidado el sentimiento de estar en el campo y en acción.
Cerró el compartimiento de las balas, colocó una bala en la recámara y volvió a colocar el arma en la funda de pistola que llevaba al hombro.
–¿Lista?
–Lista -dijo Kelly. Miró a los demás. Von Seeckt estaba sentado en el asiento de copiloto, y Nabinger se hallaba detrás. La camioneta estaba aparcada en la cuneta de una carretera de tierra situada en el extremo del perímetro de la base. Por la parte oeste de la carretera, unas grandes señales advertían que a partir de allí era zona de acceso restringido. A seis kilómetros y medio, al oeste, una gran montaña se recortaba contra el sol poniente.
–Cuidaos -advirtió Turcotte.
–¿No deberíamos sincronizar los relojes o algo así? ^preguntó Kelly-. Es lo que hacen en las películas. Y en este plan el tiempo es muy importante, por lo menos, lo que he captado de él.
–Buena idea. – Turcotte despegó el velero que tapaba su reloj-. En dos minutos serán las ocho en punto.
Kelly comprobó su reloj.
–Muy bien, bueno, comprobado, o como se diga. – Levantó la mano y la apoyó en el hombro de Turcotte-. Puedes contar con nosotros. Estaremos allí.
–Lo sé -contestó Turcotte sonriendo-. Buena suerte.