La cuarta cripta
El Cubo, Área 51.
la trampa? Era mi comandante en Nebraska.
Kelly se irguió.
–El que mataste.
–Ese mismo.
–Bien.
EL CUBO, ÁREA 51.
31 horas tras la modificación
–La policía de Utah ha informado hace treinta minutos de que han encontrado el cuerpo de Simmons -informó Quinn. Se encontraba trabajando en la sala de reuniones, alejado del ruido de la sala de control cuando el general Gullick entró.
–¿Dónde? – preguntó Gullick.
–En el Parque Nacional Capítol Reef. Se encuentra en la zona centrosur del estado.
–¿Alguna señal de los demás?
–No, señor.
–¿Cómo murió?
–Parece que se tiró al despeñadero.
Gullick se quedó pensando durante unos momentos.
–Van en dirección hacia Salt Lake City. Envíe alguna gente de Nightscape ahí. Que controlen todos los puntos de prensa.
–Si enviamos gente ahí, señor, tendremos que reducir nuestra seguridad aquí -repuso Quinn. Al advertir la mirada feroz de Gullick se apresuró a decir-: Voy a encargarme inmediatamente de esto, señor.
–Quiero que vigilen el cuerpo -dijo Gullick.
–Sí, señor.
–Otro cabo que ya no está suelto -dijo Gullick en voz baja. Luego volvió su atención al ordenador y al informe de Dulce tras la acción que había estado leyendo-. ¿Qué es esa cosa «ronrorongo» que se llevaron?
–Proviene de la isla de Pascua, señor -contestó Quinn-. Es una de las fuentes de runa.
–¿Así que ellos saben leer esa maldita cosa y nosotros nunca lo logramos?
–Si Nabinger está en lo cierto, así es, señor. – Quinn había abierto el mismo archivo que el general estaba leyendo-. También se llevaron las fotografías de las tablas que había en el hangar dos.
Gullick golpeó suavemente con el dedo en la mesa.
–¿Nada en la prensa?
–No, señor.
–¿Nada en ninguna otra fuente?
–No, señor.
–¿Han desaparecido y dejado el cuerpo de Simmons sin más?
Por el tono se veía que era una pregunta teórica y el mayor Quinn no contestó.
–¿Dónde está Jarvis? ¿Ha salido de la ciudad?
La pregunta pilló a Quinn por sorpresa. Sus dedos se movieron ágiles por el teclado.
–Mmm…, está en Las Vegas, señor.
–Lo quiero a mano. Dígale que controle a los majaras del Buzón. Estamos demasiado cerca para sufrir algún fallo en el perímetro como la última misión de Nightscape, la que provocó toda esta mierda.
–Sí, señor. Me encargaré de ello.
–Contrólelo todo -ordenó Gullick poniéndose en pie-. Infórmeme en el momento que haya alguna señal de esa gente o de alguna de nuestras fuentes de información.
–Sí, señor.
Quinn esperó a que el general Gullick abandonara la sala. Entonces dejó su butaca a un lado y se sentó en la que había al final de la mesa: la butaca de Gullick. Sacó el teclado que estaba colocado inmediatamente debajo de la mesa y puso en marcha el ordenador del general.
Empezó a buscar archivos. Quería encontrar alguna clave para entender lo que estaba pasando. ¿Por qué tanta prisa por hacer volar la nave nodriza?
¿Por qué las misiones de Nightscape pasaron de ser relativamente benignas a incluir secuestros y mutilaciones? ¿Cuál era el objetivo de seguridad