La cuarta cripta
Cercanías de Bloomfield, Nebraska
avión de forma extraña empezaba a moverse hacia adelante. Tenía la forma de un pez manta ondulado; las características más llamativas de aquel avión de reconocimiento biplaza eran sus grandes tomas de admisión situadas debajo de la cabina frontal y los grandes tubos de escape localizados en la parte trasera de los motores. Al poder lograr Mach 7, y avanzar a más de ocho mil kilómetros por hora o, a la máxima velocidad, más de dos kilómetros por segundo podía alcanzar un objetivo rápidamente.
El Aurora, sucesor del famoso Blackbird SR71, había hecho su vuelo de prueba en 1986. Como cada avión costaba mil millones de dólares, sólo había cinco y se empleaban únicamente cuando los demás sistemas se agotaban. Para el público que los había pagado, no existían. Era uno de los secretos mejor guardados de las Fuerzas Aéreas, y GuUick tenía uno a su disposición siempre que quisiera, lo cual indicaba la importancia de ese proyecto para las Fuerzas Aéreas.
Cuando el Aurora alcanzó la potencia suficiente, se elevó de repente y aceleró mientras ascendía en un ángulo de setenta grados, luego giró de forma brusca en dirección al noreste y desapareció de la pantalla.
CERCANÍAS DE BLOOMFIELD,
NEBRASKA
El AH6 de Turcotte aguardó a unos sesenta metros a que el Blackhawk los pasase y volviera a su posición estática sobre un maizal situado delante, a la izquierda de Turcotte. El otro AH6 se separó y guardó una distancia de seguridad de cuatrocientos metros en la dirección opuesta. El Blackhawk descendió lentamente hasta quedar a veinticinco metros del suelo, la distancia mínima necesaria para que el remolino de los rotores no causara daños permanentes a las cañas de maíz.
Un haz de luz brillante irradió de la zona de transporte del Blackhawk, apuntó a la parte final del campo, atravesó el maíz y quemó la tierra.
–El láser está controlado por ordenador -explicó Prague por el intercomunicador, orgulloso de sus hombres y de sus juguetes-. Crea un círculo perfecto. Eso confunde a los intelectuales que vienen y se rascan la cabeza durante el día. Cabrones… Se imaginan que está relacionado con la muerte de las vacas del campo vecino, y es verdad -dijo sonriendo-, pero no saben de qué modo y nunca podrán averiguarlo.
«¿Y qué?», se preguntó Turcotte. ¿Por qué Prague quería confundir a esa gente?
–Nightscape Seis, aquí agitador número tres. Tiempo previsto de llegada, cuarenta y cinco segundos. Cambio.
–Roger. Corto. – Prague se volvió hacia Turcotte-. El último acto de esta obra te encantará. Mira hacia el sur.
Turcotte comprobó de nuevo la Calicó. Todo era muy raro, pero lo que más le inquietaba era el modo en que Prague le enseñaba las cosas que antes no le había explicado. Turcotte se preguntaba qué sabría Prague de él.
–Dios mío, Susie ¡ Mira eso! – exclamó Billy frotando enérgicamente el limpiaparabrisas en cuanto el haz de luz asomó en el campo, a unos cuatrocientos metros a su izquierda.
–¿Qué es eso? – preguntó Susie dejando de lado por un momento sus problemas vitales.
–No lo sé, pero yo me largo. – Billy activó el contacto y el motor del Ford se puso en marcha.
–He detectado un punto de calor en los árboles que hay al suroeste -anunció el piloto del otro helicóptero-. Es el motor de un vehículo.