La estrella de los gitanos

Robert Silverberg · Capítulo 53 de 94

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La estrella de los gitanos

Capítulo 11

11

Capítulo

Espectrar. Mi única diversión, mi bálsamo. El único consuelo del desventurado prisionero en la húmeda celda. De nuevo se convirtió en mi alegría y mi escapatoria, como lo había sido hacía mucho tiempo en Alta Hannalanna. Y en muchas otras ocasiones después.

Había transcurrido mucho tiempo desde que había espectrado seriamente por última vez. Cuando lo haces constantemente pasas por fases sorprendentes, en especial al principio. Todo el enorme campo del pasado se abre ante ti, y nunca tienes bastante. Vas a todas partes. Marte. Venus.

Atlantis. Nueva Jersey. Es como ser un dios. Esa liberad, esa sensación de omnipotencia. Pero finalmente ya tienes bastante. Todo el mundo que espectra termina saciado más pronto o más tarde, excepto quizá Polarca, que parece insaciable. Incluso a mí me ocurrió. No es que me aburriera de ello. ¿Cómo puede uno aburrirse con el infinito? Pero después de haber estado en todas partes y en muchas más, hay veces en que parece como si ya no sintieras la necesidad de ir a ningún otro sitio. Quizá los dioses sientan lo mismo de tanto en tanto. Me pregunto si no terminarán aburriéndose de ser dioses. Envidiando a los humanos inferiores su tedioso afanarse.

Puedes pasarte sin espectrar durante años, pero nunca olvidas el don.

Sabes que está ahí, lo necesites o no, lo desees o no. Y luego te hallas de repente arrojado a cualquier oscura oubliette, y le das las gracias al Espíritu Santo de poder seguir haciéndolo. Y partes. Arriba y fuera, lejos y más lejos.

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