Los gitanos

Jean-Paul Clébert · Capítulo 46 de 70

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Los gitanos

Demonología

Finalmente, habría que relacionar a Sara con la Macarena, la Virgen de los

gitanos españoles. Lleva simbólicamente siete faldas o trajes. Una tradición judía

subraya el papel de estas dos vírgenes, reladonándolas con la doctrina de los

caballistas de la escuela de Isaac el Ciego, nacida en Beaucaire del Ródano, y que

quizás ha contribuido, en efecto, a este culto: Sara designa en la Cabala «la residencia

en el exilio», y lleva el nombre de la «viuda caída».

 

Demonología

 

El doctor Máximo Bing, de Budapest, ha estudiado ampliamente la Demonología

médica de los gitanos de Transilvania[380] y ha recogido este mito asombroso cuya

riqueza exige que lo reproduzca in extenso:

 

«En una época muy remota, relatan los gitanos de Transilvania, la reina de las Buenas Hadas, las

keshalyi, era una bella muchacha que vivía en su rocoso palacio de la alta montaña. Se llamaba Ana. Pero en las profundidades de la tierra vivía el pueblo de los demonios, los loçolico, espíritus terrestres que al principio habían sido hombres, pero que el diablo había transformado en horribles demonios. Su rey estaba loco de amor por la bella y pura Ana. Cuando se presentó a ella, la princesa, aterrada por su aspecto, lo rechazó horrorizada. Entonces, los loçolico atacaron de improviso a las keshalyi, devoraron a muchas, y se disponían a exterminarlas, cuando la princesa Ana, para salvarlas, consintió en casarse con el horrible monstruo, su rey.

»Pero la princesa sentía un asco tal hacia su esposo que le era imposible entregarse a él.

Desesperado, éste erraba a la ventura cuando encontró a un sapo dorado… El sapo dorado aconsejó al rey que hiciera comer a su esposa los sesos de una urraca. Inmediatamente, la reina caería en un profundo sueño, y entonces él podría hacer de ella lo que quisiera. El rey siguió este consejo, y así pudo amar a Ana durante su sueño.

 

»Entonces la reina dio a luz a un demonio, Melalo, que tenía la apariencia de un pájaro con dos

cabezas y las plumas de un gris sucio. (Melalo es el demonio más temido por los gitanos). Con sus garras afiladas desgarra los corazones y lacera los cuerpos; de un aletazo aturde a su víctima, y cuando ésta despierta de su desmayo ha perdido la razón. Fomenta el furor, el crimen y la violación. Como es lógico, debiendo su nacimiento a los sesos de una urraca, aquellos a quienes hiere de demencia, desbarran en sus razonamientos como la urraca.

»Después del nacimiento de Melalo, Ana continuó rechazando a su marido. Pero cuando Melalo

creció, exigió también que se le entregara una mujer. Por esto aconsejó a su padre que hiciera cocer un pescado con leche de burra durante el sueño de su mujer, le pusiera unas gotas de este filtro en el órgano sexual y luego la poseyese.

»Nueve días después de esta posesión, Ana dio a luz un demonio hembra, Lilyi, la Viscosa. Fue la

 

esposa de Melalo. Su cuerpo es el de un pez con una cabeza de hombre, de cuyos lados cuelgan nueve barbas o hilos pegajosos. Cuando estos hilos penetran en el cuerpo de un hombre, éste contrae inmediatamente una afección catarral.

»El rey sólo podía amar a su mujer cuando Melalo la había dormido con sus vapores. Y Melalo

tuvo muchos hijos, y el rey estaba envidioso. Melalo, el enemigo de los hombres, quería impedir que éstos se multiplicasen. Aceptó, pues, adormecer a su madre, con la esperanza de que daría a luz nuevos demonios, lo bastante numerosos y fuertes para destruir toda la raza humana. Por consejo de Melalo, el rey, pues, comió un escarabajo y un cangrejo. Entonces, Melalo adormeció a Ana, que dio a luz al demonio Tçulo. (Tçulo, el Espeso, el Barrigudo, tiene la apariencia de una bolita erizada de pinchos. Se insinúa en el cuerpo humano, rodando en su interior, y provoca violentos dolores en el bajo vientre. Atormenta en particular a las mujeres embarazadas. Tçulo persiguió a su propia hermana Lilyi).

»Para librarse de este inoportuno, Melalo aconsejó a su padre que procrease una hembra, que sería

su esposa. Y así fue como nació Tçasridyi, la Ardiente. Tiene el cuerpo de un gusano pequeño cubierto de pelos. Tçulo y su mujer atormentan mucho a los enfermos, pero raramente les causan la muerte.

»A instancias de Melalo, el rey hizo cocer un ratón sobre el que había escupido y preparó una sopa

que dio a su mujer. Ésta cayó enferma, y, al beber agua, un ratoncito blanco se escapó de su boca. Era Schilalyi, la Fría. Tiene gran número de pequeños pies y provoca la fiebre fría. Pero cuando Schilalyi empezó a molestar a sus hermanos y hermanas, Melalo inspiró a su padre la idea de comer un ajo sobre el cual había orinado antes; luego el rey visitó a su mujer. Ésta dio a luz a Bitoso, que fue el esposo de Schilalyi. Bitoso, el Ayunador, es un pequeño gusano con varias cabezas que provoca dolores de cabeza y de estómago; también causa la falta de apetito. Sus numerosos hijos provocan los cólicos, zumbidos de oídos, dolores de muelas y calambres.

»Ana tuvo una erupción cutánea. Melalo le aconsejó que se hiciera lamer por ratones; es lo que ella

hizo, pero uno de los ratones penetró en su vientre. Dio a luz a [381] Lolmischo, el ratón rojo. Cuando Lolmischo corre sobre la piel de un hombre dormido, éste pronto queda cubierto de eccema.

»Ana se sentía profundamente desdichada por haber dado al mundo tantos monstruos. Preguntó a

Melalo qué podía hacer para quedar estéril. Él le propuso que se hiciera enterrar dentro de un montón de estiércol. Ella accedió, pero un escarabajo se deslizó dentro de su cuerpo. Dio a luz a Minceskro, que provoca enfermedades de la sangre. Minceskro es un demonio hembra. Se casó con su hermano Lolmischo. Tuvieron muchos hijos. Éstos son los que causan la viruela, la escarlatina, el sarampión, etc.

»Finalmente, las Keshalyi hicieron comer a Ana, desesperada, un pastel en el que habían mezclado

pelos de un perro de los infiernos (¿?), polvos de serpiente y pelos de gato. Y cuando el rey la visitó, dio a luz a Poreskoro, el más terrible de todos los demonios. Era un hermafrodita; puede fecundarse a sí mismo. Tiene cuatro cabezas de gato y cuatro cabezas de perro; su cola es una serpiente con la lengua hendida. Él y sus hijos son los que provocan las peores epidemias: la peste, el cólera, etc., así como las más funestas epizootias.

»Tanto se asustó el rey de esta espantosa descendencia, que devolvió la libertad a Ana con la

condición de que cada mujer de las Keshalyi que alcanzase la edad de 999 años fuese entregada a sus loçolico. Desde entonces, Ana vive sola en un castillo inaccesible en medio de las rocas. No se deja ver más que muy raramente y sólo bajo la forma del sapo dorado».

 

Esta leyenda es apasionante, porque concierne a la vez a la demonología, a la

sexología y a la medicina gitanas.

De momento consideremos únicamente el aspecto demonológico. Ante todo, ¿qué

pueden significar los nombres de los personajes de esta pasmosa historia?

La reina de las Hadas se llama Ana. Es pura y bella. Vive en una montaña. Es la

princesa prototipo de los cuentos de hadas. Y la culpa de dar a luz a tantos demonios

no parece ser del todo suya. Pero ¿de dónde viene? «Existía entre los celtas una gran

diosa llamada [382] Dana o Danu . Según Mac Cullog, dio su nombre a todo el grupo

de divinidades célticas y la llaman su madre. Era parienta de la diosa Ana o Anou,

que Cormac califica de mater deorum hibernensium. Cormac, por otra parte, asocia el

nombre de Anou y el nombre de Ana con el de “abundancia”. Imposible dejar de

pensar en la diosa nutricia de los romanos, Anna Perenna, que es la misma Anna

Pourna del brahmanismo. Si el celta Ana significa “abundancia”, el sánscrito anna

significa “alimento”. El Ana o Dana céltico (de significa “de la diosa”) es, pues, una

hermana de todas estas diosas madres que llevan un nombre análogo a nuestro

“mamá”; uno de los nombres de Cibeles era Nanna, y, entre los alemanes, la bella

Nanna era la mujer del dios Balder. Como diosa subterránea, Dana era la mujer del

guardián de los muertos, y debía exigir sacrificios humanos. Existe en el folklore del

Leicestershire una [383] Black Annis antropófaga que vive en una caverna».

Si este autor no ha conocido la existencia de la Ana gitana, se me concederá que,

de todas maneras, tenemos aquí una extraña similitud. Dicha Ana céltica, de la cual,

todavía más, deriva nuestra Santa Ana, que en Cungin, en el Aube, o en Saint-

Sulpice, en la Dordoña, concede la lluvia; sobre todo, la Santa Ana de Chartres…,

que es negra.

Parece, pues, que nos encontramos una vez más ante la degeneración de un culto

arcaico, sometido a su vez a múltiples deformaciones.

El primer hijo de Ana, Melalo, lleva un nombre típicamente gitano. Significa:

sucio, obsceno. Es un pájaro con dos cabezas. Como lo subraya el doctor Bing: «Ya

se encuentra el pájaro de dos cabezas entre los hititas, que lo llevaron a Bizancio,

donde se convirtió en el célebre pájaro heráldico, y bajo esta forma pasó entonces a

los blasones de la antigua Rusia y a los de Austria».

El segundo hijo de Ana es Lilyi. Una correlación con la Lilith de la Biblia nos

llega inmediatamente a la mente. Los babilonios ya conocían demonios nocturnos,

entre los que están Lilu, Lili tu y Ardat Lili[384]. Este nombre vuelve a encontrarse en

la tradición judía, donde Lilith, la primera mujer de Adán, dio a luz a gigantes y

demonios[385]. La iconografía clásica la representa fácilmente bajo el aspecto de una

mujer-serpiente. Y entre nuestros gitanos se llama la Viscosa. Los traductores árabes

la llaman ghul, de la cual nosotros hemos hecho la goule (especie de vampiro),

devoradora de los hombres dormidos. Además, Lilith figura sobre los amuletos y

talismanes protectores de la partera entre los judíos alsacianos[386], y sobre estos

mismos talismanes (llamados Scheimostafeln) aparecen también invocaciones a Sini y

Sinsini, personajes de los más misteriosos que, de nuevo, encontramos citados en los

manuscritos rumanos del siglo XVIII, y habitualmente suelen relacionarse con los santos griegos Sisynios y Sinsini… Es posible que se trate aquí de los sigynnes, este

pueblo descrito por Heródoto y venido del mismo Irán, que Mayani[387] señala haber

sido identificado con los gitanos[388].

Aquí me limito a indicar una relación bastante sospechosa.

Los otros nombres que llevan los demonios de la estirpe de Ana tienen una

sonoridad totalmente gitana. Así Lolmischo, que significa «ratón rojo». El mismo de

las hadas, Keshalyi, parece calcado de Kachli, huso; aquí, pues, reaparecería la

antigua analogía nada-huso conocida casi en todas partes. Una invocación contra la

esterilidad precisa: Keshalyi, lispersen… (Keshalyi, hilad…). Pero esta raíz kesh

existe en hebreo (Kishhep, magia), y en acadio (kashshapu, brujo). ¿En qué

quedamos? Encontraremos de nuevo las Keshalyi y su múltiple simbolismo en los

rituales de la vida cotidiana y de la medicina. Pero no son las únicas hadas gitanas.

Son mucho más clásicas las Ursitory, de las cuales habla Mateo Maximoff en la

novela que lleva este título. Las Ursitory son tres hadas de sexo masculino, que al

tercer día del nacimiento de un niño bajan hacia él y deciden su porvenir. Salvo el

bebé, nadie ha podido verles nunca. Y tienen que ser tres, para oír sus voces: el niño,

la madre y la bruja (la drabarni, es decir: la mujer de las hierbas). Tampoco nadie

puede deshacer los maleficios que echan. La creencia en los Ursitory parece limitarse

a los gitanos de Rumania.

El mismo simbolismo de la cifra tres, o de su múltiplo nueve, rige las

manifestaciones de otra categoría de hadas, éstas muy femeninas, las Manya. Son

asombrosamente bellas y jóvenes mientras son vírgenes. Pero llevadas ellas también

por el deseo de multiplicación, seducen a los hombres y se entregan a ellos. Esto

cuesta generalmente la muerte de sus parejas, como sucede con los gitanos. Pero las

Matiya pierden a la vez juventud y belleza. En cambio, engendran tres gemelas. A

pesar de que sus estragos son limitados, deben ser asimiladas a los clásicos vampiros.

Aunque interese ante todo el culto de los muertos, debo hablar aquí del vampiro

gitano. Lleva el nombre de mulo (en plural mulé), que significa exactamente: que está

muerto (participio pasado del verbo merav, morir). En efecto, es el alma de un

muerto. Algunos grupos de gitanos hacen una distinción entre los mulé y los suuntsé

(plural de sunto, santo), ya que los primeros representan tos espíritus de los hombres

muertos accidentalmente o merecedores de los tormentos del infierno, y los segundos,

en cambio, son los espíritus de los nuevos habitantes del Paraíso.

Sin embargo, únicamente los mulé tienen una importancia cierta. Por supuesto,

los muertos gitanos, con excepción de todos los demás, hacen de auténticos mulé. Los

gitanos no temen en manera alguna a los fantasmas gaché, y, por ejemplo, no les

importa dormir en un cementerio.

Los mulé sólo viven por la noche. Entre los gitanos de Hungría, se recomienda no

tirar basuras ni agua caliente fuera de la tienda o del carromato después de ponerse el

sol: el [389] mulo que fuese así alcanzado se vengaría inmediatamente. Pero los mulé

viven también al punto del mediodía. En efecto, el momento en que el sol pasa de levante a poniente marca un tiempo muerto. ¿No es Stendhal el que ha hablado de la