Seré frágil
Prólogo
No recuerdo la primera vez que sentí que no era suficiente, ni el primer día que quise arrancarme la piel y dejar de ser quien era. No recuerdo cuándo empecé a odiarme. Pero sé perfectamente cómo todo aquello ha dado forma a mi historia.
A veces tengo la sensación de que empecé a vivir con diecisiete años. Hasta entonces, la culpa y el odio habían sido los grandes protagonistas de mi vida. Trabajaba para ser lo más perfecta posible, en todos los aspectos; porque pensaba que eso era lo que se esperaba de mí, porque no quería decepcionar a nadie. Porque quería encontrar desesperadamente una razón para empezar a quererme.
Y buscando cómo quererme, acabé enfermando. No me gusta ponerle nombre, pero puedes llamarlo «anorexia», «trastorno alimentario», «enfermedad mental». Seguro que te vienen a la cabeza todas esas historias dramáticas que has oído en los medios, a veces tan alejadas de la realidad. No supe lo que era de verdad un trastorno alimentario hasta que lo viví.
La anorexia me parecía algo totalmente ajeno, como si en lugar de una enfermedad fuera una persona que me odiaba más de lo que yo ya lo hacía. Era astuta, manipuladora, poderosa y persuasiva. Era una gran mentira, un demonio que se metía en mi cabeza y me prometía un poco más de autoestima por cada kilo que perdiera. Me prometía respuestas, control, seguridad, atención. Me prometía un cambio que me volvería la chica más querida del mundo. Pero, cuanto más me ahogaba en aquella enfermedad, más odio sentía.
Y cuando me di cuenta de hasta qué punto había trastocado mi vida, ya estaba demasiado amarrada a mí como para marcharse. A veces morir parecía mejor opción que seguir viviendo en aquella prisión.
Tuve que tomar una decisión: ¿quería vivir o quería morir?
La vida con un trastorno alimentario es mitad vida.
Me di cuenta de que nada de lo que hiciera sería suficiente si no cambiaba la forma en que me veía a mí misma. Así que saqué toda la fuerza que desconocía que tenía para hacer frente a aquella enfermedad. Decidí darle una nueva oportunidad a mi historia.
Hoy sigo tratando de hacer las paces con la chica que me mira desde el otro lado del espejo. Hemos vivido mucho y, de alguna manera, nos hemos vuelto más fuertes de lo que nunca creímos. Hemos luchado y vencido batallas que nadie más ha visto, y ahora es el momento de entregar las armas y aprender a vivir otra vez.
Por el camino he cambiado tanto, he crecido tanto, he visto tanto… He conocido a personas maravillosas, muchas de ellas lidiando también con enfermedades mentales. Sus historias me importaban tanto como la mía, porque todos estábamos luchando en silencio contra los mismos demonios.
Cuando los conocí vi que nuestras historias compartían la misma desesperanza, el mismo miedo y dolor; pero que nuestros finales podían ser muy distintos. Y de ahí nació la creencia de que, quizás, con el tiempo, mi historia podría ayudar a los demás de la misma forma que conocer a estas personas me había ayudado a mí. Podría hacerles ver que sus vidas importaban, que estaban en este mundo por una razón. Que de verdad, de verdad, podían recuperarse.
Las historias reales tienen poder porque son la prueba de que las cosas pueden cambiar.
Así que decidí escribir la mía, hilarla y mezclarla con las vivencias de otras personas hasta formar una única verdad. Quizás por eso Sara tiene un trocito de mí. Y me atrevería a decir que también tiene un trozo de todos aquellos que leerán su historia.
Sí, el dolor es diferente para cada uno; pero es lo que compartimos lo que puede salvarnos. Son las historias como esta las que nos dejan ser sinceros y abrirnos a los demás, las que nos demuestran que no estamos solos. Fue escribiendo esta novela cuando me di cuenta de que las historias importan.
De hecho, tu historia importa.
Sea cual sea, hayas pasado por lo que hayas pasado. Tu historia puede inspirar valor, puede dar esperanza a otra persona, puede arrojar luz a este mundo lleno de estigmas. Puede darle a alguien una frase o un recuerdo al que aferrarse en sus peores momentos.
Habla de esperanza a quienes la han perdido, habla de posibilidades a quienes lo ven todo oscuro, sé valiente y sé fuerte.
Porque tu historia también importa.