Agnes
Documento anexo N.º 3 Transcripción de los correos entre Luis Foret y Agnes Romaní
Documento anexo N.º 3
Transcripción de los correos entre
Luis Foret y Agnes Romaní
Enero de 2020
Debo decirle que me sentiría más cómoda si me facilitara alguna prueba de que esto que cuenta es real.
Estoy viendo la prueba ahora mismo, Agnes, estoy viendo mi promesa a La chica del tiempo: el dichoso cuadro de Chris Ventola colgado en mi salón. Le dije que si me hacía rico lo compraría. Pagué por él bastante más de los veinte mil dólares en los que estaba tasado al principio: el suicidio hizo que su valoración se disparase. Si La chica llega a sobrevivir al disparo, hubiera vuelto a suicidarse al enterarse de lo que había subido el precio.
No creo que sea apropiado hacer bromas sobre su muerte.
¿Sabes qué veo también? Veo un gato blanco huraño e insolidario como aquel gato persa que llamaban Persa. Es mi gato. ¿Sabes cómo lo he llamado?
¿Tiene alguna importancia?
Tetaz. Este se llama Tetaz. El nombre fue antes que el gato. El nombre es el principio. Eso me lo enseñó La chica del tiempo.
Veo que usted también es un hombre de principios. O quizá debería decir mejor «de inicios».
¿Por qué lo dices, Agnes?
Hasta que he hablado con usted no me había parado a pensar en que buena parte de sus novelas están basadas en hechos reales. Sin embargo, lo que cuenta se ciñe al principio de las historias. El suicidio de La chica no aparece en su novela.
Bueno, en realidad era imposible que yo lo contase, ¿no te parece? A no ser que ahora creas que puedo predecir el futuro. Comprenderás que fue ella quien le ofreció a la agencia de representación los papeles que yo escribía para Shahriar y que lo hizo antes de suicidarse, con lo cual ahorró el final triste a los lectores. Creo que acertó: a la gente no le suelen gustar los finales tristes.
A la gente lo que no le gusta es que la engañen.
Nadie engañó a nadie. Lo que sucedió es que la chica no tuvo la paciencia suficiente para esperar a que me convirtiera en Luis Foret. En el fondo, eso me parece lo más triste, ahora podría ser rica. ¿Pero te sorprende que a esa chica le faltase paciencia?
¿Cuántos otros finales tristes nos ha ahorrado en sus novelas?
Recuerda que incluí la muerte de Asia en Vida de una chica impávida y fue mi novela menos vendida.
¿Cuántos finales?
Vayamos paso a paso, ¿no crees?
Casi prefiero que me lo suelte todo ahora.
Paso a paso.
¿Y por qué Una chica de principios es la novela en la que habla más abiertamente de sexo? ¿Porque fue La chica del tiempo quien la escribió?
Evidentemente, Agnes, evidentemente. Bueno, escribirla la escribí yo, eran mis relatos, recuerda. Pero es cierto que no tuve el control sobre lo que se publicó; en el resto, en cambio, pude guardarme para mí lo que quise.
¿Por qué lo hizo?
Porque valoro mi intimidad.
¡No me venga con esas! Si valorase su intimidad, no estaría ahora contándome su biografía.
¿Tengo que repetirte que fuiste tú quien me propuso escribirla?
No entiendo por qué aceptó.
Porque es la última historia de Luis Foret, creo que ha llegado el momento de desnudarse, de decir la verdad.
Menos la verdad de su nombre. Menos quién es en realidad.
Hay barreras que conviene no cruzar.
¿Sabe lo que me duele? Darme cuenta de que las novelas que tanto me gustaron en su día no son más que patrañas.
Agnes, me acabas de decir que hasta que empezamos a intercambiarnos correos no te habías dado cuenta de que estaban basadas en hechos reales.
Claro. Por eso. Ahora que lo sé, me parecen patrañas. La peor mentira que se puede contar: una verdad a medias, una verdad manipulada. ¡Y usted se ha representado en todos los protagonistas masculinos! ¿Se da cuenta del narcisismo que demuestra? ¿Cómo podrá leerlas nadie cuando se publique esta biografía?
Podrán leerlas desde un prisma más interesante. Una verdad manipulada. Esa que has dicho es una excelente definición de lo que es una novela. Los lectores de Luis Foret podrán analizar cuánto hay de verdad y cuánto está ficcionado. Nadie ha dicho nunca que mis libros se correspondan con la realidad, ¿o me equivoco? Precisamente por eso tiene sentido escribir esta biografía.
¿Se da cuenta de que sus novelas son más verosímiles que su biografía?
Agnes, ¡la ficción es más verosímil que la realidad! ¿Me vas a hablar de verosimilitud tú que me has contado que te acostaste con un hombre con la cabeza bajo un acuario?
Ocurrió de verdad.
Mi historia también.
Con las mujeres de sus novelas soy capaz de identificarme, con la mayoría de las mujeres de su biografía me resulta imposible. ¡Y son las mismas!
¿A estas alturas no te has enterado de que el mundo está lleno de personas más desagradables que los personajes de las novelas?
Parece que tenía que conocerlo a usted para enterarme.
Cuánto estás aprendiendo conmigo.
¿Es posible que todas las mujeres de su vida sean caprichosas o interesadas o les falte un tornillo? ¿Sabe lo que se puede pensar de alguien que habla mal de todos los que le rodean?
Yo no hablo bien ni mal de nadie, yo cuento lo que sucedió.
Está tan ciego que ni siquiera se da cuenta.
Dime entonces, ¿qué se puede pensar de alguien como yo?
Da igual, que lo juzguen los lectores.
Dices que yo soy un hombre de inicios, ¿y tú? ¿Llegarás hasta el final de esta biografía?
No me queda más remedio, ya se lo he dicho, el editor no me pagará si no lo hago.
¿Pero eres de las que terminan las cosas?
Prefiero que no vaya por ahí.
¿Por dónde?
Por ese camino, por el camino personal, hablamos de su vida, no de la mía. Creo que le he contado demasiado sobre mí. Agnes Romaní no importa, importa Luis Foret.
Dime solo eso, dime solo si acostumbras a terminar las cosas y prometo no volver a preguntarte nada personal.
¿Me está diciendo que si pudiera hacerme una sola pregunta esa es la que elegiría? ¿Está seguro?
Estoy seguro. Te doy mi palabra de que no volveré a preguntarte nada personal.
Pues no sé si termino las cosas. Según mi madre, no, según mi madre me obsesiono con algo durante un tiempo hasta que sustituyo esa obsesión por la siguiente. Claro que ella lo acompaña siempre con un reproche: y lo que me costaron las clases de guitarra, y lo que me costó levantarme los fines de semana para llevarte a natación, y qué hago yo ahora con tu colección de vinilos.
O sea que esta biografía la tendré que terminar yo.
Eso si quiere usted hacerle caso a mi madre, yo no creo que sea así.
Yo escucharía a tu madre, ha visto más mundo que tú.
Deje a mi madre tranquila, no sabe nada de ella.
Eres tú la que la has traído a colación.
Pues déjela.
A mí me da igual si la detestas o no.
Yo no le he dicho que deteste a mi madre.
¿Sabes cuándo empecé a entender a mis padres?
Yo no le he dicho que no entienda a mi madre.
Cuando tuve que entender a mi hija.