Aramburu

Maria O'Donnell · Capítulo 29 de 30

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Aramburu

Agradecimientos

Gabriela Esquivada fue mucho más que la editora de este libro. Me acompañó y orientó en un proceso que fue largo y, por momentos, frustrante. Apostó una y otra vez a encontrar la mejor versión posible del texto, aunque implicase volver a empezar. Compartió mi entusiasmo por la historia de Aramburu, por cada nuevo descubrimiento y por cada pliegue que fuimos encontrando en el relato. Hasta acá llegamos juntas.

La lectura y los comentarios del historiador Federico Lorenz fueron fundamentales: me obligaron muchas veces a repensar lo que ya había escrito y algunas capas del texto deben mucho a sus aportes.

Paula Pérez Alonso aportó su mirada profunda, una edición inteligente y la fuerza necesaria para el tramo final del proceso dentro de la editorial.

También en Planeta, Nacho Iraola, el director editorial, apostó y confió; Paul Vinueza aguantó el apuro final y María Flores sacó adelante el trabajo de archivo fotográfico; Pablo Slonimsqui además del ojo del abogado, sumó su aliento; y Rodolfo González Arzac fue bombero cuando hizo falta.

Un taller de libros que en 2018 dictó Martín Caparrós para la Fundación Gabo en Buenos Aires me ayudó a encontrar una estructura. Aunque la década de 1970 ya no le despertaba curiosidad, Martín se interesó por mi proyecto y me regaló una solución para los saltos temporales del relato.

Le agradezco a Martín, a Jaime Abello Banfi, el director de la Fundación Gabo, a mis compañeras y compañeros del taller y a mi querido amigo Cristian Alarcón. Entusiasmé a Cristian para que postuláramos juntos; en esos días me ayudó a pensar en el texto y una noche se le ocurrió que el afiche podía servir para la tapa.

Willy Schavelzon, mi agente literario, me acompañó y aconsejó a lo largo de todo el trayecto.

Agradezco a mis compañeros de trabajo del programa De acá en más, de Radio Metro, a mis amigas, a mis amigos y a mi familia, que perdonaron mis ausencias y me tuvieron mucha, por momentos muchísima, paciencia: sabían la pasión que esta historia me había despertado. A mis hermanos Matías, Santiago, Ignacio y Julia, que siempre están, que se alegran con mis alegrías, igual que Francisca, Carmen Celia y mi mamá, Teresa Emery.

A mis hijas, Milena y Carmela, que me empujan a ser optimista sobre el futuro, y a mi increíble compañero de tantos años, Federico; entre los tres supieron, con amor, convivir con el libro durante por años y en momentos inoportunos, como los fines de semana y en vacaciones. Gracias.

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