El jardín de la Oca
Fisterra
El primer lucero brillaba en el firmamento y debían apresurarse antes de que anocheciese. El sol iniciaba su ocaso y los acompañó durante todo el trayecto hasta Finisterre, al tiempo que por el levante aparecían multitud de puntos brillantes, más visibles a medida que la luz solar se extinguía.
—¿Lo has visto? —preguntó Hadi a don Ezequiel.
—Lo he visto —respondió éste.
—¿Qué es lo que habéis visto? —se interesó el comendador.
—El rayo verde. Creía que se trataba de una fábula…
—No, no es una fábula. Existe, y dicen que a las personas que lo avistan en el preciso momento en que el sol desaparece en el horizonte se les otorga el don de ver en su corazón y en el de los demás, pues su color es el color del Paraíso. ¿Habéis averiguado por fin el significado del jardín de la oca?
Los dos amigos intercambiaron una mirada sorprendida. No recordaban haber puesto al templario al corriente de sus investigaciones. Luego, el médico se acordó de la nota enviada en el reverso de su lista de los emplazamientos templarios.
—Pienso que sí… —aseveró.
—¿Ah, sí? —Hadi lo contempló con una mezcla de curiosidad y reproche.
—Sí. No es un tablero de adivinación, tampoco un plano secreto de las encomiendas. Es una representación del camino recorrido por el ser humano desde que nace; de sus dificultades, creencias, temores, esperanzas… de su fuerza y de su debilidad… de sus dudas y de sus decisiones, acertadas o no.
Es la ruta inmutable de las estrellas que vemos cada noche sobre nuestras
cabezas. Nosotros desaparecemos, pero ellas continúan allá arriba para recordarnos que sólo somos un breve soplo de vida entre millares de otros.
¿No es así?
Bertrand de Garlande no respondió, sonrió y espoleó su montura para colocarla a la cabeza del grupo.
—¿Y las ocas? —preguntó el herbolario al cabo de un rato, no del todo convencido con la interpretación filosófica de su amigo.
—Significan lo que cada uno quiere que signifiquen.
—Pues yo le leí el tablero al hijo de al-shaytan. Para eso me secuestró, para que le leyera su futuro.
—¿Y qué le dijiste?
—Lo que aparecía en los números: que estaba a punto de dar un gran salto que cambiaría su vida. Y ya ves que así ha sido.
Los dos hombres se echaron a reír. Aquella noche, ellos fueron los únicos que no durmieron. Permanecieron despiertos, sentados a poca distancia de la hoguera que los freires encendían cada crepúsculo en la ladera del monte Facho para servir de guía a navegantes y pescadores.
Contemplaron el arco iris del dios Lug, la leche derramada de la diosa Hera, las aguas del río eterno de árabes y judíos, las estrellas del Camino de San Yago. Las vieron sumergirse en el mar al amanecer y observaron una bandada de ánades que volaba siguiendo su estela.
Hadi al-Suri extendió su alfombrilla de rezos en dirección a La Meca y, antes de inclinarse y de tocar el suelo con la frente, recitó de pie la Fātiha, la primera y más importante de las azoras del Corán. Don Ezequiel Falaquera, por su parte, extrajo de su bolsa el talit, el manto de la oración, se cubrió la cabeza con él y entonó el Shemá Israel. Y la campana de Santa María das Areas repicó llamando a Prima.
El médico guardó el manto en su bolsa y sacó el pliego en el que él y su amigo habían señalado las casillas del tablero y ambos leyeron la lista, si bien podían recitarla de memoria:
nr 5 Gares en el reino de Navarra donde el Camino se hace uno y existe una encomienda templaria y una Virgen Negra.
nr 6 El Puente de la Reina poco después de Gares que tiene siete ojos y lo construyó una Reina para los peregrinos.
nr 9 Nájera en tierra del río Oja u Oca donde Ezequiel comenzó su Camino Y hay una cueva con una Virgen Negra.
nr 12 El Puente que construyó el Bendito Domingo para los peregrinos también en tierra del río Oja u Oca.
nr 14 Santo Domingo que dicen de la Calzada porque arregló el Camino— para los peregrinos y también están aquí los templarios.
nr 18 San Juan de Ortega en tierra de Burgos en cuya iglesia hay un capitel que el sol ilumina en el equinoccio y alumbra a las bienaventuradas Myriam e Isabel y donde existe una casa templaria nr 19 Las Posadas y hospitales para peregrinos que en tierras burgalesas son los más numerosas del Camino
nr 23 Burgos donde Hadi comenzó su Camino y conocimos, a Eder y a los maestros de la madera que construyen la catedral y que en SU país del reino de Aragón llevan una marca en forma de pata de Oca
nr 26 Los Dados símbolo de las fortunas, o las desgracias que acontecen a los peregrinos a lo largo del Camino
nr 27 Castrojeriz en tierra de Burgos donde hay una encomienda y una iglesia templaria y una hermosa imagen de la madre de Yoshua aunque no es Negra
nr 31 El Pozo donde el peregrino ve reflejada su existencia mientras avanza en soledad por el Camino
nr 32 Villasirga en tierra de Palencia donde los templarios han construido una catedral y hemos visto la imagen de una Virgen con SU hijo y embarazada de otro.
nr 36 León de las dos Vírgenes, una blanca y otra negra, de la catedral y donde los peregrinos encuentran el descanso y la mejor de las acogidas.
nr 41 El Monsacro un monte en tierra de Asturias en donde según nuestro muchacho existen una encomienda templaria, una Virgen Negra y un pozo
nr 42 El Laberinto que significa la búsqueda de sí mismo de todo peregrino de la vida desde que nace
nr 45 El Ponferrato en tierra de León donde hay un castillo de los freires templarios y una Virgen Negra
nr 50 La sierra de los Ancares o Ansares también en tierra leonesa que es lugar de paso hacia el ocaso de ánades, patos y Ocas nr 52 La Cárcel de la reprobación adonde va a parar el alma de todo ser humano que no obra con rectitud
nr 53 Los Dados ídem que en la casilla 26
nr 54 Compostela que es el final del Camino de San Yago para los peregrinos, devotos, que han recorrido una larga y peligrosa distancia con ayuda de su fe
nr 58 La Muerte porque en Galicia llaman así a la costa del fin del Mundo que bordea la mar Tenebrosa y porque son muchos los que van allí a morir, y a renacer después
nr 59 El monte Pindo que es lugar de garzas y ánades y está en la costa de Galicia frente a la mar Tenebrosa y era el monte sagrado de los paganos de este territorio
nr 64 El Finis Terrae donde se acaba la tierra y las estrellas del río eterno se funden con la mar y donde nosotros Ezequiel y Hadi damos por concluido nuestro Camino por la vida
Acabaron de leer la lista y se miraron. El médico rasgó en dos la fina piel de badana en la que estaba escrita y le dio una parte a su amigo. Sin prisas, cada uno de ellos despiezó su parte en trozos menudos y después los lanzaron al mar. Observaron durante un rato cómo el viento se llevaba los fragmentos hasta desaparecer de su vista y se pusieron en pie.
—¿Tú crees que los pocos habitantes del pueblo que está ahí abajo necesitarán los servicios de un galeno? —preguntó el médico a su amigo al tiempo que trataba de desentumecer sus piernas pateando el suelo.
—Imagino que sí… —respondió el herbolario imitándolo.
—Me gustaría acabar mis días aquí, tan cerca del Edén…
— Necesitarás entonces de alguien que sepa de hierbas para que te elabore los potingues…
—No ha estado mal, querido Hadi. Nada mal.
—¿Qué?
—Nuestra andadura por el Jardín de la Oca.
Dos meses más tarde, Eder y Alazaïs se despedían de Bertrand de Garlande y de Ugo Ermengol en Crunia, a punto de embarcar en un barco francés que los llevaría hasta un puerto de la costa vasca, desde donde emprenderían viaje a su añorado Baztan.
Días antes lo habían hecho Ferrán y Dominga en un pesquero en dirección al puerto asturiano de Codillero. Tras examinar los hechos y conocer su intervención en los mismos, el comendador había decidido no mencionar en su informe la relación mantenida por la pareja con Robert Lepetit.
—Ésta es vuestra segunda oportunidad y no habrá una tercera —les advirtió.
—No la habrá, su merced —respondieron casi a la vez—. Podéis estar seguro.
Respiraron tranquilos, no obstante, cuando el barco demarró y se adentró en la mar. Habían permanecido en vilo durante su estancia en Finisterre, pues desconocían las intenciones del freire hacia ellos. Fueron testigos del encadenamiento de los milites supervivientes, enviados a
Compostela para ser juzgados por el asesinato de la familia de Delmira Gomes, y esperaron resignados su turno. No tenían las manos manchadas de sangre y eso jugó a su favor; eso, y la intervención de los Bozat. Sin ellos, tal vez ambos y su pequeña estarían muertos —habían afirmado agradecidos— y merecían una oportunidad. Eligieron Asturias porque no podían quedarse en Galicia, ni regresar a León o a Burgos donde eran conocidos. Aseguraron al comendador que allí iniciarían una nueva vida y olvidarían su mala experiencia. No le dijeron, sin embargo, que comprarían una casa y montarían un negocio de hospedería para caminantes y peregrinos con los dineros de su antiguo amo. Los habían ocultado entre sus ropas antes de la llegada de los templarios a la Moa. A fin de cuentas a maese Robert ya no le hacían falta, y ellos se los habían ganado ya que, por su culpa, habían perdido el trabajo y se habían quedado sin medios para subsistir.
Eder y Alazaïs también deseaban partir cuanto antes. Tenían prisa por regresar. Era ya demasiado el tiempo transcurrido desde su marcha de Bozate; ansiaban abrazar a sus familiares y recobrar la tranquilidad en la tierra que amaban.
—¿No tallarás entonces una Virgen Negra para mí? —preguntó el comendador al artesano.
—Quién sabe…
—Os echaré de menos —confesó Ugo.
—Ven a vernos en una de esas ocasiones en las que te haces pasar por peregrino.
—Lo haré, lo haré… no te quepa la menor duda.
—Antes de despedirnos, tal vez para siempre, quiero cumplir la promesa que te hice —añadió Bertrand.
Hizo una seña y un freire en el que no habían reparado se acercó llevando a una niña de la mano. Alazaïs pegó un grito, colocó al bebé en brazos de su padre y se abalanzó sobre ella; la cogió, le dio varias vueltas, la besó, la acarició, rió y lloró de alegría.
—Alix Bisol murió la primavera pasada a causa de unas fiebres y el señor Gaífer matrimonió de nuevo —explicó el comendador a un
estupefacto Eder—. La nueva mujer espera un hijo y no la quería en la casa, así que la enviaron a un convento.
—¿Y cómo… cómo habéis conseguido que…?
—Pregúntaselo a tu amigo; él fue quien se encargó de sacarla de allí.
—Mejor que no lo sepáis —rió Ugo—. ¡Hay cosas que vale más no revelar!
Eder no acababa de creérselo. Aquella niña que lo observaba tímidamente desde sus mismos ojos y asía con fuerza la saya de Alazaïs mientras ésta recuperaba a su criatura, era su hija Maddi. La Diosa era generosa con él y se la devolvía para que pudiera amarla el resto de su vida.
Sin dejar de mirarla, metió la mano en su bolsa y sacó un objeto envuelto en una tela.
—Gracias —dijo tendiendo el bulto al comendador—. Esto es para vos.
Los dos soldados permanecieron en el muelle hasta que desaparecieron de su vista las siluetas que, desde el barco, agitaban las manos en señal de despedida. Sólo entonces, Bertrand desenvolvió el atadijo y apretó las mandíbulas al descubrir su contenido: la figura de una campesina de largas trenzas y descalza que sostenía entre las manos su vientre grávido, tallada en piedra por un montañés que creía en la Madre, origen de la vida. No era exactamente igual, pero sí muy parecida a una que había visto muchos años atrás, y en la que nunca había dejado de pensar.
Tiempo después, los pescadores de la Costa da Morte hablaban temerosos de un espectro vestido con harapos, un demonio negro contrahecho y con garras en lugar de manos, cuya presencia era presagio de muerte, pues aparecía vagabundeando por la costa los días de tormenta, antes del hundimiento de un barco.
OceanofPDF.com
Terminaste El jardín de la Oca
Toti Martinez de Lezea
Libros como este
-
Los milagros del vino
-
El caballero del templo
-
El Judío Errante
-
La peregrina
-
Moisés
-
Los misterios de Oriente
Después del libro
Páginas que venían con esta edición, guardadas aquí como referencia.